Vistas las noticias procedentes del Grupo Quirónsalud sobre la nutrición en su red de hospitales durante los últimos tiempos, es evidente que este tema está siendo objeto de análisis continuo.
Se están evaluando los menús con más detalle, apoyándose en estudios científicos que señalan que una alimentación adecuada no solo acompaña al tratamiento médico, sino que forma parte esencial del mismo y puede influir de manera decisiva en la evolución y recuperación de los pacientes.
Es por ello que en centros como el Hospital Quirónsalud Sagrado Corazón se implantara un programa pionero sobre educación nutricional y su incidencia en las enfermedades endocrinas. Otro de los ejemplos de acción está en el Hospital Ruber Juan Bravo y la vigilancia específica de la alimentación de los pacientes oncológicos.
Nuevo protocolo de nutrición a los pacientes del Hospital Quirónsalud Clideba
La iniciativa más reciente se localiza en el Hospital Quirónsalud Clideba, donde se ha puesto en marcha un nuevo protocolo nutricional destinado a garantizar que todos los pacientes ingresados reciban una atención personalizada desde el primer momento de su hospitalización. La iniciativa busca integrar la nutrición como un elemento estratégico del proceso asistencial, adaptando las necesidades alimentarias a la situación clínica de cada persona.
El proyecto ha sido impulsado por la doctora Cecilia Prieto, especialista en Medicina Intensiva, a partir de la experiencia adquirida durante años en el tratamiento de pacientes críticos y de larga estancia hospitalaria. Su planteamiento parte de una premisa cada vez más respaldada por la comunidad científica: una adecuada intervención nutricional puede mejorar la capacidad de recuperación, reducir complicaciones y favorecer una mejor calidad de vida tras el alta médica.

Dra. Cecilia Prieto,
“Un paciente bien nutrido es un paciente con más probabilidades de supervivencia, pero también con más posibilidades de recuperarse en mejores condiciones”, explica la doctora Prieto. A su juicio, el objetivo de la asistencia sanitaria no debe limitarse únicamente a superar una enfermedad o una situación crítica, sino también a facilitar que la persona pueda recuperar su autonomía y volver a su vida cotidiana con las menores secuelas posibles.
La nueva estrategia implantada en el centro establece una serie de directrices diseñadas para facilitar una valoración nutricional rápida y eficaz desde el momento del ingreso. El protocolo permite que los profesionales sanitarios dispongan de herramientas para identificar necesidades específicas y adaptar el soporte nutricional a las características individuales de cada paciente. Para ello, se tienen en cuenta factores como el estado nutricional previo, la patología que motiva el ingreso, la edad, la presencia de enfermedades asociadas o las necesidades metabólicas derivadas del proceso clínico.
La personalización constituye uno de los elementos centrales del modelo. No todos los pacientes requieren el mismo aporte energético ni presentan las mismas necesidades nutricionales. Mientras algunas personas necesitan reforzar la ingesta calórica para compensar una pérdida de peso previa, otras requieren estrategias específicas orientadas a preservar la masa muscular o mejorar la respuesta inmunológica.
El papel de las proteínas
Entre los distintos componentes de la alimentación, las proteínas ocupan un lugar especialmente relevante en el nuevo protocolo impulsado por el hospital pacense.
La doctora Prieto recuerda que la enfermedad genera un importante estrés metabólico para el organismo. Durante procesos infecciosos, intervenciones quirúrgicas complejas o estancias prolongadas en unidades de cuidados intensivos, el cuerpo incrementa notablemente sus necesidades energéticas y nutricionales.
“Cuando una persona está enferma necesita más calorías y más proteínas. Si no le proporcionamos esos nutrientes, el organismo los obtiene destruyendo sus propios tejidos, especialmente la masa muscular”, explica la especialista.
Esta pérdida de masa muscular, conocida como sarcopenia asociada a la enfermedad, tiene consecuencias que van mucho más allá del aspecto físico. La disminución de la fuerza muscular puede retrasar la recuperación funcional, dificultar la movilidad, aumentar el riesgo de caídas y prolongar la necesidad de rehabilitación tras el alta hospitalaria.
Nuevos conocimientos para una nueva medicina
La evolución de la investigación científica también está modificando algunos conceptos que durante años se consideraron incuestionables dentro de la práctica médica.
Uno de los ejemplos mencionados por la doctora Prieto se refiere a los pacientes con enfermedades renales. Tradicionalmente se recomendaban dietas con una restricción significativa de proteínas para evitar una sobrecarga del riñón. Sin embargo, numerosos estudios recientes han permitido matizar estas recomendaciones y adaptar los tratamientos nutricionales a cada situación concreta.
“Durante años se pensó que determinados pacientes, como aquellos con afectación renal, debían recibir dietas bajas en proteínas. Sin embargo, los estudios actuales indican en muchos casos justamente lo contrario”, señala.









