El verano invita a practicar deporte, caminar durante más tiempo, disfrutar de la playa o lanzarse al agua. Sin embargo, detrás de este cambio de rutina se esconde un incremento significativo de las lesiones traumatológicas en verano, muchas de ellas perfectamente evitables. El aumento de la actividad física tras meses de sedentarismo, las inmersiones imprudentes y el uso inadecuado del calzado explican buena parte de las consultas que reciben los servicios de Traumatología durante los meses estivales.
Según explica el doctor Sergio González Andreu, especialista del Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología del Hospital Quirónsalud Córdoba y del Centro Médico Quirónsalud Jaén, el problema no reside únicamente en practicar más ejercicio, sino en hacerlo sin preparación previa. Muchas personas pasan de una rutina sedentaria a actividades deportivas intensas propias de las vacaciones, aumentando considerablemente el riesgo de sufrir esguinces, fracturas, tendinitis o lesiones vertebrales.
El cambio brusco de hábitos multiplica las lesiones durante las vacaciones
Uno de los factores que más preocupa a los traumatólogos es el cambio radical que experimentan muchas personas cuando comienzan las vacaciones.
Durante buena parte del año predominan jornadas laborales sedentarias, mientras que en verano aparecen actividades como el fútbol playa, el vóley, las palas, las rutas de senderismo o largas caminatas por la costa. El organismo no siempre está preparado para soportar ese incremento repentino de la carga física.
El especialista explica que muchas personas pasan «de la oficina directamente a jugar un torneo de vóley playa o recorrer kilómetros con chanclas», una situación que incrementa notablemente el riesgo de lesión musculoesquelética.
El síndrome del «atleta de fin de semana» también llega a la playa
Uno de los cuadros más habituales durante los meses estivales es el conocido como síndrome del atleta de fin de semana.
Se trata de personas que realizan una intensa actividad deportiva únicamente durante las vacaciones o los fines de semana, sin un entrenamiento progresivo previo.
La arena supone además una superficie especialmente inestable que obliga a músculos, tendones y ligamentos a realizar un esfuerzo adicional.
Esguinces, fascitis plantar y tendinitis, las lesiones más frecuentes
Entre las patologías que más aumentan durante el verano destacan:
- Esguinces de tobillo.
- Fascitis plantar.
- Tendinitis.
- Sobrecargas del tendón de Aquiles.
Para reducir estos riesgos, los especialistas recomiendan incrementar la actividad física de forma progresiva, realizar siempre un calentamiento previo y evitar esfuerzos intensos cuando no existe una preparación física adecuada.
Las zambullidas imprudentes pueden tener consecuencias irreversibles
Otro de los grandes riesgos del verano se encuentra en las inmersiones en piscinas, ríos o zonas rocosas.
Lanzarse de cabeza sin comprobar previamente la profundidad del agua puede provocar lesiones extremadamente graves.
El doctor González Andreu advierte de que un impacto contra el fondo puede ocasionar fracturas, lesiones vertebrales e incluso daños medulares con consecuencias permanentes para el paciente. Por ello insiste en comprobar siempre la profundidad antes de cualquier salto y evitar lanzarse en lugares desconocidos.
El uso continuado de chanclas también pasa factura
Las chanclas forman parte del verano, pero no están diseñadas para caminar largas distancias.
Aunque resultan muy cómodas para desplazamientos cortos, carecen del soporte y la sujeción necesarios para un uso prolongado.
Según explica el traumatólogo, caminar durante horas con este tipo de calzado altera la biomecánica natural de la marcha, favoreciendo la aparición de:
- Dolores lumbares.
- Sobrecargas de rodilla.
- Tendinitis.
- Fatiga muscular.
Los especialistas recuerdan que las chanclas deben reservarse para trayectos cortos, como desplazarse entre la playa y el agua o acceder a piscinas, utilizando un calzado adecuado cuando se prevén paseos largos.
Bicicletas, patinetes y patines elevan las urgencias traumatológicas
El verano también incrementa el uso de medios de movilidad recreativa.
Bicicletas, patinetes eléctricos y patines protagonizan numerosas caídas debido a varios factores:
- Falta de práctica.
- Mayor afluencia de personas.
- Superficies irregulares.
- Exceso de confianza.
Las fracturas de muñeca, clavícula o cabeza del radio son algunas de las lesiones más habituales, ya que el reflejo natural consiste en apoyar las manos para amortiguar la caída.
La prevención sigue siendo la mejor medicina
Los traumatólogos coinciden en que gran parte de estas lesiones podrían evitarse mediante hábitos sencillos.
Entre las principales recomendaciones destacan:
Preparar el cuerpo antes de hacer deporte
La actividad física debe incrementarse de forma progresiva tras periodos prolongados de sedentarismo.
Utilizar un calzado adecuado
Cada actividad requiere un tipo de calzado específico. Las chanclas no sustituyen a unas zapatillas deportivas cuando se va a caminar durante horas.
Respetar las normas de seguridad en el agua
Nunca debe realizarse una inmersión sin conocer previamente la profundidad del lugar.
Evitar conductas imprudentes
La relajación propia de las vacaciones no debe traducirse en una menor percepción del riesgo.
Tal y como recuerda el doctor Sergio González Andreu, preparar el cuerpo antes del ejercicio, utilizar el equipamiento adecuado y actuar con sentido común puede marcar la diferencia entre disfrutar plenamente del verano o sufrir una lesión que condicione la calidad de vida durante meses.
Un verano activo también puede ser un verano seguro
Las vacaciones representan una excelente oportunidad para practicar deporte y adoptar hábitos saludables, pero hacerlo sin preparación puede convertir el ocio en una fuente de problemas físicos.
Las lesiones traumatológicas en verano no son una consecuencia inevitable de la actividad estival, sino el resultado de decisiones que, en muchos casos, pueden evitarse. La planificación del ejercicio, el uso del material adecuado y el respeto por las normas básicas de seguridad permiten reducir considerablemente el riesgo de sufrir esguinces, fracturas, tendinitis o lesiones vertebrales.
Con pequeñas medidas preventivas es posible disfrutar del deporte, de la playa y de las actividades al aire libre con mayor seguridad, favoreciendo unas vacaciones saludables y sin sobresaltos.









