La digitalización está cambiando el paso de los trabajadores en lo que a formación y habilidades se refiere. La inteligencia artificial, la automatización modificarán tanto las funciones como los perfiles profesionales más demandados. En este rediseño, ¿qué futuro les espera a las personas con discapacidad? ¿Están preparadas para el mercado laboral del futuro? Esta cuestión da título a un informe de la Fundación Randstad en el que asegura que cerca del 39% de las competencias que hoy resultan necesarias para desempeñar un puesto de trabajo cambiarán antes de finalizar la década.
Este escenario complejo se maximiza en el caso de las personas con discapacidad, un colectivo que en el 67% de los casos trabaja en ocupaciones vinculadas a competencias consideradas estables o incluso en retroceso.
Un riesgo para el futuro laboral de las personas con discapacidad
Este alto porcentaje que se apunta en el informe se explica en puestos donde predominan tareas repetitivas, procesos rutinarios o actividades con un elevado potencial de automatización. Así que, pensando en el futuro, las oportunidades profesionales se limitan porque parte de esas tareas desaparecerán o se redefinirán.
El problema es evidente y se podría pensar que la solución pasa por un mayor énfasis en la formación, pero esa cuestión ya ha experimentado un importante avance. Según datos del documento, el número de personas con estudios superiores ha aumentado un 53%, mientras que quienes poseen educación secundaria han crecido un 31%. Paralelamente, la población con bajos niveles formativos se ha reducido un 38%. En la actualidad, el 82% del colectivo dispone de estudios medios o superiores, una cifra que refleja una mejora muy significativa respecto a generaciones anteriores. Sin embargo, esa evolución no encuentra un reflejo equivalente en el mercado laboral.
Mucha formación, poca cualificación en el empleo
Aunque el 32% de las personas ocupadas con discapacidad posee estudios superiores, únicamente el 23% desempeña puestos considerados de alta cualificación. En cambio, una parte muy importante continúa desarrollando funciones básicas relacionadas con tareas auxiliares, limpieza, reposición, logística, apoyo operativo o trabajos repetitivos.
La diferencia resulta especialmente llamativa cuando se analiza el extremo contrario. Solo el 7% de los trabajadores con discapacidad cuenta únicamente con estudios básicos, pero las ocupaciones elementales concentran el 22% del empleo del colectivo. En otras palabras, existe una clara infrautilización del talento disponible.
El crecimiento del empleo también muestra dos velocidades
El informe observa además una evolución desigual en la estructura ocupacional.
Por un lado, las ocupaciones técnicas y profesionales han experimentado un crecimiento superior al 70% durante los últimos diez años, lo que demuestra que cada vez existen más oportunidades para incorporar talento cualificado.
Pero, al mismo tiempo, las ocupaciones elementales han aumentado un 56,5%, un dato que Fundación Randstad califica como una «anomalía crítica».
Esta concentración en puestos de baja complejidad supone un riesgo añadido precisamente en un momento en el que la automatización amenaza con sustituir buena parte de las tareas rutinarias.
Un mercado laboral que desaprovecha talento
El estudio concluye que la principal barrera ya no reside tanto en el acceso a la educación como en la capacidad del mercado laboral para aprovechar ese capital humano. Durante la última década el empleo entre las personas con discapacidad ha crecido un 42%, incorporando aproximadamente a 166.000 nuevos trabajadores.
Sin embargo, el crecimiento del empleo no ha ido acompañado de una transformación equivalente en la calidad de las ocupaciones desempeñadas. Esta situación genera una evidente desconexión entre la preparación académica alcanzada y las oportunidades profesionales realmente disponibles.
Adaptarse al empleo del futuro
Ante esta realidad, Fundación Randstad considera imprescindible reforzar las políticas de formación continua y facilitar la transición hacia sectores con mayor potencial de crecimiento.
La inteligencia artificial, la digitalización, la economía verde, la industria tecnológica o los servicios especializados representan algunos de los ámbitos donde será necesario incrementar la presencia de personas con discapacidad.
Para conseguirlo, el informe propone estrechar la conexión entre los itinerarios formativos y las necesidades reales del tejido empresarial, favoreciendo además procesos permanentes de actualización de competencias. La directora de Acción Social de Fundación Randstad, Silvia Galán, considera que el momento actual representa una oportunidad decisiva. Según explica, el importante avance educativo conseguido durante los últimos años debe traducirse ahora en mejores oportunidades laborales para evitar que la transformación tecnológica amplíe las desigualdades existentes.









