Uno de los últimos vídeos publicados por el analista Marc Vidal describe una preocupación que se está adentrando en los jóvenes, que no es otra que la dificultad creciente para entrar en determinados empleos. Su visión enlaza que la tensión y exigencia que están viviendo actualmente los trabajadores júnior.
Vidal ilustra la situación con un retrato robot de un joven de 23 años con una carrera universitaria, un máster y un elevado nivel de inglés que envía currículums sin recibir respuesta. El problema, sostiene, no es necesariamente que una empresa haya decidido despedir a alguien para sustituirlo por un sistema automatizado, sino que esa compañía puede dejar de crear el puesto de entrada. “Nadie le ha cerrado una puerta, porque la puerta ya no está”, afirma el divulgador.
Lo que sucede en una empresa tipo y la dificultad de los jóvenes en su primer empleo
Desde el lado de una compañía, Vidal plantea el caso de una pequeña consultora que empieza a utilizar una herramienta de inteligencia artificial para ordenar documentos, preparar borradores y resolver otras tareas administrativas básicas. Antes de incorporar a una persona júnior para realizar ese trabajo, la compañía comprueba que puede automatizar una parte de las funciones y decide aplazar indefinidamente la contratación.
Desde el punto de vista empresarial, la decisión puede parecer razonable, al lograr menos costes, mayor productividad y una reorganización de los recursos disponibles. Pero el efecto sobre el mercado laboral es menos evidente. La empresa no despide a nadie y, por tanto, no genera un episodio de destrucción de empleo fácilmente identificable. Simplemente deja de contratar a alguien que habría comenzado su trayectoria profesional realizando esas tareas.
La preocupación no la limita a los puestos administrativos. También afecta potencialmente a trabajos relacionados con la programación, el análisis de información, la elaboración de contenidos y otras actividades en las que la inteligencia artificial puede producir resultados que antes requerían una primera intervención humana. El alcance dependerá de cada profesión, del grado de automatización y de si las empresas utilizan estas herramientas para sustituir tareas o para complementar el trabajo de sus empleados.
El problema de la experiencia en un mercado laboral difícil
La situación que describe Vidal encuentra su reflejo en los datos del Instituto de la Juventud basados en la Encuesta de Población Activa sitúan la tasa de paro de los menores de 25 años en el 23,77% durante el segundo trimestre de 2026, con 460.000 jóvenes desempleados. Además de los problemas históricos de España con este perfil poblacional, ahora la IA puede añadir presión a un sistema en el que muchos candidatos ya encuentran dificultades para conseguir su primera oportunidad profesional.
Vidal pone el foco en la contradicción de un mercado que exige experiencia incluso para puestos de entrada. Si las empresas buscan profesionales que ya sepan hacer el trabajo, pero reducen las oportunidades para aprenderlo dentro de una organización, el acceso al empleo se convierte en un círculo difícil de romper.
Así que, además de posibles destrucciones de empleos, ahora también habría que revisar si la IA también estaría imposibilitando primeros trabajos de los perfiles junior. Es decir, no solo cuantificar los puestos de trabajo que desaparecen, sino también cuántos dejan de crearse y qué posibilidades tendrán las nuevas generaciones de adquirir las competencias que todavía no poseen. Si la puerta de entrada al mercado laboral se estrecha, el impacto de la automatización puede empezar a notarse mucho antes de que aparezca reflejado en las estadísticas de despidos.









