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La expansión de la inteligencia artificial está acelerando una transformación sin precedentes en la economía mundial. Cada nuevo modelo de IA, cada servicio digital y cada aplicación empresarial requieren una infraestructura física capaz de procesar enormes cantidades de información en tiempo real. Detrás de esa revolución tecnológica se encuentran los centros de datos, cuyo crecimiento está impulsando una demanda energética nunca vista y abriendo una nueva etapa para el desarrollo de las energías renovables.

Sin embargo, este escenario también plantea desafíos que trascienden la capacidad de generar electricidad. La construcción de nuevas plantas solares, parques eólicos, sistemas de almacenamiento y redes de suministro incorpora riesgos técnicos, financieros y operativos cada vez más complejos. Según advierte JHASA, bróker independiente especializado en energía y riesgos complejos, la asegurabilidad de estos proyectos será un factor decisivo para garantizar su financiación y continuidad operativa.

La IA también tiene una enorme dimensión energética

El desarrollo de la inteligencia artificial suele asociarse a algoritmos, software o capacidad de cálculo, pero existe una realidad menos visible: toda esa tecnología necesita una infraestructura energética capaz de funcionar de forma permanente.

Los centros de datos trabajan las veinticuatro horas del día y requieren un suministro eléctrico continuo, estable y altamente fiable. A medida que aumenta la demanda de servicios basados en IA, también crece la necesidad de construir nuevas instalaciones energéticas capaces de abastecer ese consumo.

Las previsiones recogidas por JHASA apuntan a que la capacidad mundial de los centros de datos alcanzará los 219 GW en 2030, cerca del triple del nivel actual. Esta evolución impulsará nuevas inversiones en plantas fotovoltaicas, parques eólicos, sistemas de almacenamiento mediante baterías, soluciones híbridas y contratos de suministro energético a largo plazo.

Como explica Juan Escudero, Managing Partner de JHASA, la inteligencia artificial posee una dimensión física que muchas veces pasa desapercibida: detrás de cada modelo inteligente existe una enorme necesidad de electricidad que obliga a desarrollar y proteger nuevas infraestructuras energéticas.

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España parte con ventaja para liderar esta nueva etapa

España reúne varios factores que la sitúan en una posición privilegiada para atraer inversiones vinculadas al crecimiento de la inteligencia artificial.

La abundancia de recursos renovables, la disponibilidad de suelo y la consolidación de los Power Purchase Agreements (PPA) convierten al país en uno de los mercados europeos más atractivos para desarrollar nuevos proyectos energéticos.

Estos contratos de compraventa de energía a largo plazo permiten ofrecer estabilidad tanto a productores como a grandes consumidores, reduciendo la incertidumbre sobre los ingresos futuros y facilitando la financiación de nuevas instalaciones.

No obstante, el potencial de crecimiento no elimina la complejidad de este tipo de inversiones.

Los nuevos proyectos incorporan riesgos mucho más complejos

La transición energética vinculada al desarrollo de la inteligencia artificial no consiste únicamente en construir más capacidad renovable.

Cada proyecto integra una cadena de riesgos que comienza incluso antes del inicio de las obras y continúa durante toda la vida útil de la instalación.

Entre los principales riesgos identificados por JHASA destacan:

  • La obtención de avales financieros.
  • Los procesos de construcción y montaje.
  • La conexión de las plantas a la red eléctrica.
  • El transporte de equipos y componentes.
  • Los fenómenos meteorológicos extremos.
  • Los sistemas de almacenamiento energético.
  • La ciberseguridad industrial.
  • Las interrupciones en la operación.

Todos estos elementos pueden afectar tanto a la rentabilidad como a la capacidad de atraer financiación externa.

La asegurabilidad pasa a formar parte del diseño del proyecto

Uno de los mensajes principales que lanza JHASA es que el seguro ya no puede entenderse como un trámite administrativo que se incorpora cuando la planta está terminada.

La creciente complejidad técnica hace necesario integrar la estrategia aseguradora desde las primeras fases del diseño.

El análisis previo de riesgos permite detectar posibles vulnerabilidades antes de que se conviertan en un problema para inversores, entidades financieras o promotores.

En este contexto, la revisión conjunta de los contratos de financiación, construcción, operación y suministro energético resulta esencial para garantizar que toda la estructura del proyecto sea coherente desde el punto de vista asegurador.

Una cobertura integral para proteger inversiones millonarias

Cada proyecto energético presenta características diferentes y, por tanto, necesita una arquitectura aseguradora adaptada a sus riesgos específicos.

Según explica JHASA, las soluciones pueden incluir coberturas como:

Seguros de caución

Los seguros de caución garantizan obligaciones contractuales y facilitan el acceso a financiación.

Seguros de construcción y montaje

Protegen la ejecución de las obras frente a daños o incidencias durante la fase constructiva.

Daños materiales y avería de maquinaria

Cubren posibles incidencias que puedan afectar al funcionamiento de las instalaciones.

Transporte y responsabilidad civil

Especialmente relevantes por el elevado valor de muchos componentes tecnológicos.

Pérdida de beneficios y ciberriesgos

Cada vez adquieren mayor importancia debido al alto grado de digitalización de las infraestructuras energéticas y a la creciente exposición frente a ataques informáticos.

La financiación dependerá cada vez más de la gestión del riesgo

Uno de los aspectos más relevantes del informe es que la asegurabilidad comienza a convertirse en un elemento estratégico para cerrar operaciones financieras.

Según explica Juan Escudero, la capacidad de asegurar adecuadamente un proyecto puede condicionar directamente:

  • Los plazos de ejecución.
  • La obtención de financiación.
  • La entrada de nuevos inversores.
  • La viabilidad económica de la infraestructura.

Integrar el seguro desde el inicio permite identificar vacíos de protección antes de que estos comprometan el desarrollo del proyecto.

Infraestructuras resilientes para sostener la economía de la IA

La inteligencia artificial seguirá impulsando inversiones multimillonarias durante la próxima década.

Pero detrás del crecimiento tecnológico existe una realidad física que requiere infraestructuras energéticas cada vez más robustas, resilientes y protegidas frente a riesgos de muy diversa naturaleza.

España dispone de una oportunidad estratégica para consolidarse como uno de los grandes polos europeos tanto de infraestructura digital como energética. Sin embargo, el éxito dependerá de que los nuevos proyectos integren desde su concepción aspectos como la gestión del riesgo, la financiación y la asegurabilidad.

Como concluye JHASA, el futuro de la inteligencia artificial no dependerá únicamente de disponer de más energía renovable, sino de construir infraestructuras capaces de operar de forma segura, resiliente y financieramente sostenible.