En pocos días, entran en vigor las nuevas regulaciones en la Unión Europea en virtud del despliegue del AI Act, la primera regulación integral del mundo destinada a ordenar el desarrollo y uso de la inteligencia artificial. Concretamente, será el 2 de agosto cuando se tendrán que aplicarse en las empresas las nuevas obligaciones del reglamento que se ha ido implantando progresivamente desde 2024.
La normativa refuerza el sistema de supervisión humana y promueve una utilización responsable de esta tecnología. Desde la escuela de negocios Founderz contemplan esta norma como un proyecto de talento y desde esta postura comparten cómo pueden adaptarse las organizaciones a este nuevo escenario en la Unión Europea.
«Muchas empresas están enfocando el AI Act como un proyecto de cumplimiento normativo cuando, en realidad, también es un proyecto de talento. La regulación establece las reglas del juego, pero el verdadero cumplimiento empieza cuando los profesionales entienden qué puede hacer la inteligencia artificial, cuáles son sus límites y cómo utilizarla con criterio», explica Pau García-Milà, cofundador y co-CEO de Founderz.
La premisa: IA Act va más allá de la tecnología
La filosofía del AI Act parte de una idea sencilla: cuanto mayor sea el riesgo que una aplicación de inteligencia artificial pueda generar sobre las personas, mayores serán las exigencias regulatorias que deberá cumplir.
Sin embargo, para muchas organizaciones el desafío no reside únicamente en adaptar sus sistemas tecnológicos, sino en revisar la forma en que la inteligencia artificial ya está presente en su actividad cotidiana.
En los últimos dos años, la expansión de herramientas de IA generativa ha propiciado que numerosos empleados incorporen estas soluciones de manera espontánea para redactar informes, analizar información, generar contenidos o automatizar tareas. En muchos casos, esta adopción se ha producido sin políticas corporativas específicas, sin protocolos comunes y con niveles muy distintos de conocimiento entre los usuarios.
Según Founderz, esta realidad obliga ahora a las empresas a conocer con precisión cómo se está utilizando realmente la inteligencia artificial dentro de sus organizaciones antes de plantear cualquier estrategia de adaptación normativa.
«Hace dos años la pregunta era quién utilizaba ChatGPT o Copilot. Hoy la pregunta relevante es otra: quién sabe trabajar realmente con inteligencia artificial. La ventaja competitiva ya no estará en acceder a estas herramientas, porque prácticamente todo el mundo puede hacerlo, sino en contar con profesionales capaces de sacarles partido, supervisar sus resultados y utilizarlas de forma responsable», señala García-Milà.
4 prioridades para afrontar el nuevo escenario: cómo adaptarse a la IA Act
Ante la entrada en vigor de las nuevas obligaciones del AI Act, la compañía identifica cuatro ámbitos sobre los que deberían trabajar las empresas.
- El primero consiste en realizar un diagnóstico interno que permita identificar qué herramientas de inteligencia artificial utilizan los empleados y en qué procesos intervienen. Solo con esa información será posible evaluar riesgos, establecer prioridades y diseñar políticas coherentes.
- La segunda prioridad pasa por impulsar la alfabetización en inteligencia artificial. El objetivo no es únicamente enseñar a manejar una aplicación concreta, sino desarrollar una comprensión más amplia sobre el funcionamiento de estos sistemas, sus posibilidades, sus limitaciones y los riesgos asociados a su utilización. Este aspecto adquiere especial relevancia porque el propio AI Act promueve que las organizaciones dispongan de personas capacitadas para utilizar la inteligencia artificial de forma responsable, especialmente cuando interviene en procesos sensibles.
- La tercera recomendación consiste en establecer normas internas claras. Definir qué tipo de información puede compartirse con sistemas de IA, cuándo resulta imprescindible la supervisión humana o cómo deben validarse determinados resultados permitirá reducir riesgos y favorecer un uso homogéneo dentro de la organización.
- Finalmente, Founderz propone interpretar la nueva regulación como una oportunidad para revisar procesos internos y acelerar la transformación empresarial. Más que un ejercicio burocrático, el cumplimiento normativo puede convertirse en un catalizador para modernizar la forma en que las compañías integran la inteligencia artificial en su actividad.









