La expansión de la inteligencia artificial (IA) está provocando una transformación sin precedentes en la infraestructura digital mundial, pero también está generando un efecto menos visible para la población que afecta a los sistemas eléctricos. El desarrollo de modelos de IA cada vez más potentes exige centros de datos con una capacidad de procesamiento muy superior a la de las infraestructuras tradicionales, lo que está disparando el consumo energético y complicando la planificación de las redes eléctricas. Capgemini ha indagado sobre ello y un informe elaborado por esta consultora alerta sobre los riesgos que está provocando la nueva tecnología para las infraestructuras energéticas.
En el documento AI meets the grid: shaping the data center power play, Capgemini ha realizado una encuesta a más de 600 altos directivos de compañías eléctricas con una facturación superior a los 500 millones de dólares. Entre las respuestas obtenidas, se observa que la gran mayoría de los responsables del sector energético prevé que la demanda asociada a los centros de datos será mucho más volátil, con picos de consumo difíciles de anticipar. Sin duda, esto añade más complejidad a los sistemas, ya que las cargas de trabajo cambian constantemente en función del entrenamiento y la ejecución de modelos de IA.
La incertidumbre sobre los sistemas eléctricos que han aparecido con el desarrollo de la IA
Más de tres cuartas partes de los directivos consultados reconocen que ya tienen dificultades para realizar previsiones fiables sobre las futuras necesidades eléctricas, una situación que complica tanto la planificación de nuevas infraestructuras como las inversiones necesarias para reforzar la capacidad de las redes.
Las solicitudes fantasma de los data centers
La incertidumbre, de hecho, se ha convertido en el principal problema. Las compañías eléctricas se enfrentan cada vez con mayor frecuencia a solicitudes de capacidad que finalmente nunca llegan a materializarse. Según el estudio, el 67 % de los directivos identifica la existencia de las denominadas «solicitudes fantasma» realizadas por operadores de centros de datos, de las cuales cerca del 19 % terminan sin ejecutarse. Este fenómeno obliga a las utilities a tomar decisiones de inversión con información incompleta, aumentando el riesgo tanto de construir infraestructuras sobredimensionadas como de quedarse cortas ante un crecimiento inesperado de la demanda.
La IA: problema y solución para el sistema eléctrico
Paradójicamente, la misma tecnología que está tensionando las redes eléctricas podría convertirse en una herramienta decisiva para gestionarlas de forma más eficiente.
El informe destaca que las compañías eléctricas confían cada vez más en la inteligencia artificial para optimizar la operación de las redes, mejorar la predicción de la demanda y anticipar posibles incidencias antes de que afecten al suministro.
Alrededor de seis de cada diez directivos considera que los sistemas avanzados basados en IA permitirán reducir significativamente las interrupciones del servicio, incrementar la productividad operativa y mejorar la capacidad de respuesta ante averías, con mejoras superiores al 10 % en estos indicadores.
No obstante, el grado de implantación todavía es reducido. Solo el 45 % de las empresas eléctricas utiliza actualmente herramientas de inteligencia artificial para optimizar la gestión de la red y apenas un 16 % ha desplegado soluciones avanzadas capaces de supervisar en tiempo real los flujos eléctricos, reforzar la resiliencia del sistema o automatizar la toma de decisiones operativas.
Centros de datos más autónomos para reducir la dependencia de la red
Ante las limitaciones existentes para acceder a nueva capacidad eléctrica y los largos plazos necesarios para ampliar las infraestructuras, los grandes operadores de centros de datos están comenzando a modificar su estrategia energética.
Cada vez resulta más habitual que estas instalaciones incorporen sistemas propios de generación eléctrica, conocidos como soluciones behind-the-meter (BTM), capaces de producir parte de la energía que consumen sin depender exclusivamente de la red pública.
Actualmente, cerca del 30 % de las organizaciones ya dispone de este tipo de instalaciones y otro 39 % prevé incorporarlas durante los próximos dos años. Además, más del 70 % considera que estas soluciones permitirán reducir de forma importante su dependencia de la red eléctrica antes de que finalice la década.
Esta evolución modifica profundamente la relación tradicional entre compañías eléctricas y grandes consumidores de energía, que pasa de basarse exclusivamente en el suministro a incorporar nuevos modelos de colaboración para coordinar generación, almacenamiento y consumo.
Diversificar las fuentes energéticas, un reto para garantizar el crecimiento
El estudio también concluye que el desarrollo de los centros de datos impulsados por inteligencia artificial exigirá una combinación de distintas fuentes de energía.
Aunque las energías renovables continúan desempeñando un papel esencial en la descarbonización del sistema eléctrico, la mayoría de los directivos considera que todavía no pueden garantizar por sí solas un suministro continuo capaz de atender las necesidades de grandes instalaciones tecnológicas.
El 78 % de los responsables de compañías eléctricas y el 73 % de los operadores de centros de datos consideran imprescindible complementar la generación renovable con sistemas de almacenamiento mediante baterías para asegurar la estabilidad del suministro.
Al mismo tiempo, el informe señala que tecnologías como los pequeños reactores nucleares modulares (SMR) aún necesitarán varios años para alcanzar un despliegue comercial significativo. Mientras tanto, cerca de siete de cada diez directivos consideran que el gas natural seguirá desempeñando un papel de transición para garantizar el suministro energético, aunque reconocen que esta solución plantea importantes desafíos respecto a los objetivos internacionales de reducción de emisiones.









