La inteligencia artificial ha superado el umbral de la experimentación para instalarse en el núcleo de la actividad económica y administrativa. Esta es la idea con la que ha arrancado y la que baña todo el Artificial Intelligence Summit 2026, organizado por AMETIC. Hoy ha sido la primera y mañana será la segunda y última. La cita reúne en Madrid a expertos del ámbito tecnológico, empresarial e institucional.
A raíz de lo expuesto hoy en el evento, se puede decir que la IA marca el camino de la economía, pero hay retos / riesgos por delante. Una de las autoridades presentes en la primera jornada ha sido el consejero de Hacienda, Administraciones Públicas y Transformación Digital de Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Juan Alfonso Ruiz Molina, quien ha afirmado que la tecnología inteligente es ya una herramienta fundamental.
En el ámbito público, explicó, su utilidad reside en mejorar la calidad de los servicios y anticiparse a las necesidades de la ciudadanía. En el sector privado, en cambio, se consolida como un motor de competitividad y rentabilidad.
Este enfoque pragmático se traduce en iniciativas concretas. La administración autonómica ha impulsado una ley orientada a simplificar, agilizar y digitalizar procesos, así como la creación de una agencia específica para coordinar la transformación digital. El objetivo: reducir burocracia, ofrecer seguridad jurídica y ganar eficiencia.

Juan Alfonso Ruiz Molina.
El cuello de botella energético: el reto de escalar la IA
Frente a estas realidades, el consejero también ha puesto el foco en un problema que empieza a ganar protagonismo: la capacidad energética necesaria para sostener el crecimiento de la inteligencia artificial.
“La inteligencia artificial necesita centros de datos y tenemos un problema con la electrificación”, advirtió. Una afirmación que pone de relieve una paradoja significativa: regiones con alta producción de energía renovable, como Castilla-La Mancha, no cuentan aún con la infraestructura necesaria para canalizarla hacia nuevos desarrollos tecnológicos.
El riesgo es palpable y, según señaló, se pueden perder oportunidades de inversión en un momento en el que la demanda de infraestructuras digitales se dispara. La cuestión energética emerge así como un factor determinante para el desarrollo de la economía digital.
Sobre otras cuestiones, Ruiz Molina también se ha detenido en la ciberseguridad. En este ámbito, la IA “permite detectar amenazas antes de que se produzcan”. El reto en este caso consistiría en generar confianza en la relación digital entre administraciones y ciudadanos. Por último, el impacto en el empleo. El consejero afirma que la transformación de los perfiles profesionales y la protección de datos en sectores sensibles como la salud o la defensa son cuestiones que requieren una reflexión profunda.
La IA en la salud: precisión y eficiencia
Durante la jornada, la aplicación de la inteligencia artificial en sectores estratégicos ocupó un lugar central. Petia Radeva, de la Universitat de Barcelona, analizó su impacto en el ámbito sanitario, donde ya está revolucionando el diagnóstico, los tratamientos y la gestión hospitalaria.
La capacidad de procesar grandes volúmenes de datos clínicos y generar recomendaciones personalizadas abre nuevas posibilidades para mejorar la precisión médica y optimizar recursos, en un contexto de creciente presión sobre los sistemas de salud.
El Artificial Intelligence Summit 2026 habla de organizaciones “agénticas”
Desde la perspectiva empresarial, Ana Alonso, vicepresidenta senior para el suroeste de Europa del negocio de sector público de Salesforce, introdujo un concepto clave: la transición hacia organizaciones “agénticas”. Según explicó, la inteligencia artificial —y especialmente los sistemas basados en agentes— está dando lugar a modelos híbridos en los que humanos y sistemas inteligentes trabajan de forma conjunta. “Estamos ante una revolución comparable a la llegada del móvil”, afirmó.
Este cambio no se limita a la eficiencia operativa. Supone una redefinición del valor empresarial, donde la clave no está en el consumo de tecnología, sino en la capacidad de generar trabajo real, automatizar decisiones y optimizar procesos.
Alonso también advirtió de que el desarrollo de estas soluciones debe ir acompañado de una gobernanza sólida, que contemple aspectos regulatorios, de protección de datos y de gestión del riesgo.
La IA en el día a día: del teclado a la interacción
Por su parte, David Alonso, vicepresidente y responsable de Mobile Experience en Samsung Electronics España, destacó el carácter transversal de la inteligencia artificial, cada vez más presente en la vida cotidiana.
Desde aplicaciones médicas que permiten registrar y resumir conversaciones clínicas hasta nuevas formas de interactuar con la información a través de imágenes o voz, la IA está transformando la experiencia del usuario. El papel de los dispositivos móviles resulta clave en este proceso. “La inteligencia artificial ya está en el bolsillo de los usuarios”, señaló, subrayando la importancia de un ecosistema conectado en el que la experiencia sea fluida entre distintos dispositivos.
En este contexto, la seguridad se posiciona como un elemento irrenunciable. El control sobre los datos —qué se procesa en la nube y qué permanece en el dispositivo— se convierte en un factor determinante para la confianza del usuario.







