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Un cambio de modelo para salvar el planeta

enero 28
13:29 2020

La COP 25 nos ha dejado a todos un sabor agridulce. Nos hemos enfrentado a la incapacidad de los gobiernos para firmar un acuerdo ambicioso que marque una línea de trabajo robusta para la reducción de las emisiones de CO2.

También en la última Cumbre del Clima de Madrid hubo dificultados para trazar una estrategia clara que establezca acciones de obligado cumplimiento en todos los países para luchar contra los otros males de este cambio climático: los residuos, la deforestación o la sobreexplotación agrícola.

Por el otro lado, la COP25 nos ha dado la esperanza de una generación dispuesta a señalar a los responsables y a exigirles acciones que vayan mucho más allá de la imagen y el greenwashing en el que, por desgracia, se mueven muchas de las estrategias de sostenibilidad ante las que nos encontramos actualmente. 

Partiendo de la premisa de que cualquier acción que contribuya a reducir las emisiones de CO2, a rebajar la utilización de plásticos de un solo uso o a disminuir el uso irresponsable de recursos naturales es siempre bienvenido, lo que se extrae de lo sucedido en esta COP25 es que tenemos que empezar a plantearnos seriamente un cambio de modelo productivo.

Parte del fracaso de la regulación del mercado de emisiones tiene una de sus explicaciones, precisamente, en cómo los países occidentales seguimos esperando poder comprar barato a los países en desarrollo sin tener en cuenta que para que estos países puedan producir a precio de ganga, deben renunciar a tomar medidas sostenibles que complicarían y encarecerían el producto. 

China o India tendrán problemas en esto de salvar el planeta

Si seguimos en este paradigma, grandes productores, como China o la India, seguirán necesitando comprar cuotas de emisiones, porque no estarán en condiciones de reconvertir toda su industria a un modelo sostenible a la vez que  satisfacen una demanda exigente y voraz. 

Por más utópico que pueda sonar, el camino hacia la reducción de emisiones está en dar las herramientas a los países en desarrollo para crecer desde la sostenibilidad.

Por una parte, los países desarrollados deberían asumir su parte de la responsabilidad -porque para llegar a ser desarrollados somos los que hemos generado una mayor número de emisiones durante decenios- e invertir en transformar sosteniblemente las industrias de estos países.

Por otra parte, cada uno de nosotros, como consumidores, deberíamos corresponsabilizarnos no demandando productos a precios ínfimos,  de baja calidad y perdurabilidad, y consumiendo de forma responsable, evitando la sobre producción.

Una tercera vía de este cambio de modelo iría dirigida a transformar una parte del consumo de bienes en consumo de servicios. Es decir, movernos hacia modelos de uso en lugar de modelos de propiedad, como en el caso de los coches eléctricos compartidos o revitalizar los servicios de cuidado y mantenimiento de los bienes consumidos, a través, por ejemplo, de servicios de reparación o servicios de actualización.

En un año, los países se volverán a reunir en Glasgow con la urgencia de desarrollar un plan con medidas reales, aplicables en el corto plazo, que contribuyan realmente a frenar el cambio climático.

Y durante este año, los ciudadanos también debemos dar muestra de nuestra intención de contribuir, con nuestra acción diaria, a garantizar el futuro de esas medidas.


Por Bethlem Boronat, profesora de EAE Business School

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Ramiro Mesa

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