La capital española ha acogido recientemente el congreso internacional PAIN 2026 – Summit on Surgery for Neuropathic Pain, una cita que no solo reunió a algunos de los mayores especialistas del mundo, sino que también evidenció un giro profundo en la forma de entender y tratar el dolor. Bajo la dirección del prestigioso cirujano Francisco Piñal, jefe de Servicio en el Hospital Universitario La Luz, el encuentro se convirtió en un auténtico laboratorio de ideas, técnicas y experiencias clínicas en torno al tratamiento del dolor.
El Congreso PAIN 2026 apostó por una aproximación mucho más dinámica y práctica en la cual cirujanos plásticos, traumatólogos, neurocirujanos, anestesistas y otros profesionales sanitarios compartieron durante dos intensas jornadas.
Dolor neuropático, uno de los “grandes misterios del dolor crónico”
Una de las claves del congreso fue el abordaje del dolor neuropático, una tipología especialmente difícil de tratar porque tiene su origen en el propio sistema nervioso. Neuromas, compresiones nerviosas o el síndrome de dolor regional complejo (CRPS) fueron algunas de las patologías analizadas en profundidad.
En muchos de estos casos, los pacientes arrastran años —incluso décadas— de sufrimiento sin diagnóstico claro o con tratamientos que apenas alivian los síntomas. “Desentrañar los grandes misterios del dolor crónico” no es solo una declaración de intenciones, sino una necesidad médica urgente. Y ese fue, precisamente, el motor del encuentro impulsado por Piñal.
Las sesiones abordaron también casos de dolor de origen desconocido, una categoría que sigue representando un desafío clínico mayúsculo. Aquí, el intercambio de experiencias entre especialistas resultó especialmente valioso, permitiendo identificar patrones y estrategias que, aunque aún incipientes, abren nuevas vías de intervención.

Dr. Francisco Piñal, jefe de Servicio de Cirugía de la Mano y Microcirugía del Hospital Universitario La Luz.
La cirugía como arma terapéutica: uno de los grandes mensajes que deja el Congreso PAIN 2026
Uno de los aspectos más innovadores del congreso fue su apuesta por mostrar la cirugía como una herramienta clave en el tratamiento del dolor, algo que hasta hace no mucho se consideraba una opción secundaria o incluso extrema.
Las jornadas incluyeron demostraciones de cirugías avanzadas, técnicas de estimulación nerviosa y bloqueos guiados por ecografía. Lejos de ser procedimientos experimentales, muchos de estos enfoques están ya ofreciendo resultados esperanzadores en pacientes que habían agotado otras alternativas terapéuticas.
Este cambio de paradigma refleja una evolución clara: el dolor ya no se aborda únicamente desde la farmacología o la rehabilitación, sino desde un enfoque mucho más integral y preciso. La cirugía, en este contexto, deja de ser el último recurso para convertirse en una opción cada vez más temprana y eficaz.
Asimismo, otro de los ejes del tratamiento del dolor del momento pasa por la multidisciplinariedad. El dolor crónico no entiende de especialidades médicas, y su abordaje tampoco puede hacerlo.
La interacción constante entre profesionales de distintos ámbitos permitió construir una visión más completa del problema. Desde el diagnóstico hasta el tratamiento, pasando por el seguimiento del paciente, cada disciplina aporta una pieza clave en un puzle complejo.
Este enfoque colaborativo no solo mejora los resultados clínicos, sino que también redefine la relación con el paciente, que pasa a situarse en el centro del proceso terapéutico. La personalización del tratamiento —adaptado a las características específicas de cada caso— se consolida así como una de las grandes tendencias en la medicina del dolor, la cual parece que se está adentrando en una nueva era.









