Hoy se conmemora en España el Día Nacional del TDAH, es decir, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, una patología que, además de a la población infantil, también afecta a personas mayores. El problema es que en este último colectivo, esta condición permanece muy infradiagnosticada.
Sobre ello ha versado una jornada organizada por el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, con la colaboración de la Asociación Madrileña de Adultos con TDAH (AMATDAH). El encuentro ha reunido a cerca de 150 asistentes, tanto presencialmente como a través de internet, principalmente pacientes y familiares.
Se trataba de dar a conocer el impacto del TDAH en adultos, algo que ha suscitado mucho interés a los asistentes, ya que se plantearon más de un centenar de preguntas sobre el diagnóstico, las manifestaciones del trastorno y las alternativas de tratamiento.
La realidad del TDAH
Uno de los participantes fue el doctor Pablo Agüero Rabes, especialista del Servicio de Neurología del hospital madrileño, recordó que llegar a la edad adulta sin un diagnóstico no significa que los síntomas hayan aparecido recientemente. “Que una persona llegue a la edad adulta sin un diagnóstico de TDAH no significa que sus dificultades hayan comenzado en ese momento. En ocasiones lleva toda una vida conviviendo con ellas y buscando formas de compensarlas”, explicó.
Las estimaciones sitúan la prevalencia del trastorno entre el 3% y el 5% de la población adulta. Sin embargo, una proporción importante de quienes lo presentan no ha recibido un diagnóstico. La asociación tradicional del TDAH con la infancia y con comportamientos disruptivos ha contribuido a que otras manifestaciones pasen inadvertidas, especialmente cuando no responden a la imagen más conocida del trastorno.
Cómo afecta el TDAH a los adultos en su día a día
Durante el encuentro, se habló sobre el día a día de las personas adultas con el trastorno. Según los testimonios, el impacto de esta patología se intensifica cuando aumentan las responsabilidades personales o profesionales. Ahí llegan las dificultades. La necesidad de gestionar varias tareas, cumplir plazos, organizar horarios o responder a nuevas exigencias puede hacer que las estrategias desarrolladas durante años dejen de funcionar.
También se matizó lo que NO es TDAH para profundizar en el conocimiento del trastorno. Sobre ello, se indicó que el TDAH en adultos no debe confundirse con los despistes ocasionales o con los problemas de concentración que cualquier persona puede experimentar en determinados momentos. La diferencia está en la persistencia de las dificultades y en el impacto significativo que tienen sobre el funcionamiento diario.
Además, la hiperactividad no siempre se manifiesta en la edad adulta mediante un comportamiento físicamente inquieto. En algunas personas adopta la forma de una sensación interna de agitación o dificultad para desconectar. Esta presentación menos evidente puede contribuir a que el trastorno no se identifique, sobre todo cuando el adulto ha aprendido a adaptar su comportamiento a las expectativas del entorno.
Tampoco un buen expediente académico o un rendimiento profesional satisfactorio permiten descartar por sí solos la existencia de TDAH. Algunas personas consiguen desenvolverse adecuadamente gracias a un esfuerzo adicional y a estrategias de compensación que no siempre son visibles para los demás. “Que alguien funcione bien no significa necesariamente que hacerlo no le esté suponiendo un esfuerzo desproporcionado”, advirtió el Dr. Agüero.
Por este motivo, el diagnóstico requiere una evaluación individualizada que permita reconstruir la trayectoria del paciente y comprobar si las dificultades estaban presentes desde etapas tempranas de la vida.
El TDAH también puede llegar a los 60, 70 u 80 años
La jornada dedicó una parte de su contenido a una cuestión menos conocida: la presencia de TDAH en personas mayores. Durante mucho tiempo, la investigación y la atención clínica se han centrado principalmente en niños y adultos jóvenes, lo que ha contribuido a dejar en segundo plano a quienes han convivido con el trastorno durante décadas sin recibir un diagnóstico.
“Durante mucho tiempo el TDAH se ha estudiado fundamentalmente en niños y adultos jóvenes. Sin embargo, también existen personas de 60, 70 u 80 años con TDAH nunca diagnosticado”, señaló el especialista de la Fundación Jiménez Díaz. En estas edades, la valoración requiere especial cuidado. Es importante distinguir las manifestaciones de un trastorno presente desde la infancia de los problemas cognitivos que pueden aparecer posteriormente.
Tratamientos adaptados a cada paciente
Una vez diagnosticada la patología, el abordaje del TDAH en adultos puede combinar distintas intervenciones en función de las necesidades de cada persona. Entre las opciones se encuentran los tratamientos farmacológicos, tanto estimulantes como no estimulantes, junto con intervenciones psicológicas, psicoeducación y estrategias para mejorar la organización y adaptar el entorno.
La finalidad no se limita a reducir determinados síntomas, sino que busca mejorar el funcionamiento cotidiano, el bienestar y la calidad de vida. Un diagnóstico adecuado permite comprender dificultades que, en ocasiones, han condicionado durante años la trayectoria personal, académica o profesional. También facilita desarrollar herramientas ajustadas a las circunstancias de cada paciente.









