Los problemas de salud mental generan un volumen de bajas laborales similar al de los accidentes físicos. Por tanto, su gestión debe tener la misma importancia en cualquier departamento de prevención de una organización. Juan Carlos Fernández Arias, consultor de Psicosociología en Quirónprevención, aclara todos los puntos clave de esta nueva prioridad para las empresas.
Los datos sobre absentismo laboral de los últimos años son ciertamente contundentes y uno de los asuntos más relevantes de tantas bajas en el trabajo apunta hacia la salud mental. Los trastornos mentales ya son la segunda causa de incapacidad temporal en España, con más de 600.000 casos al año y una duración media de 88 días. Estas cifras, que hasta hace poco se discutían en voz baja, han irrumpido en las agendas de las organizaciones con mucha fuerza.
Tanto es así que la dimensión emocional está empezando a convertirse en una prioridad estratégica en el ámbito de la salud laboral. Ya no se discute si se debe abordar esta cuestión en los servicios de prevención, sino cómo hacerlo y cómo convertir esta gestión en todo un activo que impacte, además de en la propia salud de los empleados, en otras esferas como la competitividad o la retención del talento. Juan Carlos Fernández Arias, consultor de Psicosociología en Quirónprevención, muy apegado a esta nueva realidad que se mueve en los negocios, tiene claro cuál fue el punto de inflexión que empezó a motivar este nuevo estatus que ha adquirido la salud mental en el panorama empresarial. Según su análisis, “a raíz de la pandemia se visibilizaron los problemas de salud mental presentes en nuestra sociedad, y esto provocó un movimiento de los gobiernos, representantes de las personas trabajadoras, empresarios, asociaciones de enfermos, colegios profesionales que generó propuestas y estrategias oficiales de abordaje e inclusión de estos problemas de salud en las distintas esferas sociales”.
Pasados estos años, su experiencia dice que el malestar psicológico no solo afecta a la vida personal de los empleados, sino que tiene un impacto directo y cuantificable sobre la operativa de un negocio. El absentismo, la rotación no planificada, los conflictos internos y la siniestralidad laboral están íntimamente ligados a factores psicosociales que, bien gestionados, pueden prevenirse.
La inversión en salud mental reduce el absentismo, mejora la calidad de vida laboral e incrementa la productividad
Riesgos psicosociales vs. salud mental
Ya en la etapa de ejecución de planes, Fernández señala que uno de los errores más frecuentes en el abordaje de las líneas de trabajo es la confusión entre los riesgos psicosociales y los problemas de salud mental propiamente dichos. No son lo mismo, y entender la diferencia es clave para diseñar estrategias preventivas eficaces. Los riesgos psicosociales son propiedades del entorno laboral: carga de trabajo excesiva, falta de autonomía, roles ambiguos, liderazgo tóxico o escaso apoyo social. Estos factores pueden ser el origen de trastornos como el síndrome del burnout, los trastornos adaptativos, el estrés postraumático o la depresión, pero no son la enfermedad en sí misma. “Es difícil confundir lo uno con lo otro si se aborda desde una perspectiva técnica” – aclara el consultor – “y obviamente conlleva informar y sensibilizar en las diferencias. Por ello es importante valorar los riesgos que pueden generar situaciones desfavorables para la salud y junto con el área de vigilancia de la salud establecer estrategias preventivas para evitar que llegue a producirse”. Esta distinción es casi el primer paso que debe dar una entidad para poder intervenir sobre la salud mental de sus empleados. Sin evaluar previamente los riesgos psicosociales, estaría actuando sobre el síntoma y no sobre la causa. Y eso, en materia de prevención, es un error de partida.
Los trastornos mentales son ya una de las principales causas de baja laboral y requieren el mismo nivel de atención preventiva que los riesgos físicos
La mejor forma de evaluar los riesgos psicosociales
Aclarado lo anterior, dicha evaluación debería ser tan rigurosa y sistemática como la de cualquier riesgo físico. Sin embargo, la realidad es que muchas empresas todavía los abordan con una ligereza que no se permitirían en otros ámbitos de la seguridad y salud laboral. La Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales obliga a evaluar todos los riesgos que puedan afectar a los trabajadores, pero la praxis demuestra que los factores psicosociales suelen quedar relegados a un segundo plano.
Y la mejor forma de evaluar todos los riesgos es aquella que involucre también a los propios empleados, según defiende Fernández Arias. “Considero que, por la exposición a los mismos, debería ser obligatoria la participación de las personas trabajadoras en el proceso de evaluación, anónima, confidencial, técnicamente justificada, pero no voluntaria, dado que muchas veces no podemos extraer conclusiones claras y proponer acciones con una buena base argumentativa y, por tanto, es mucho más difícil que se implanten”.
La empresa como amortiguador del estrés
Siendo la ansiedad uno de los factores más sintomáticos de los problemas de salud mental de las personas, el gran objetivo es que la estrategia integral de prevención logre que los centros de trabajo se conviertan en una suerte de amortiguadores de estrés. No es tarea fácil, ya que tradicionalmente estos espacios han sido percibidos como entornos que acentúan el nivel de tensión. Para darle la vuelta a esta situación, el consultor de Quirónprevención tiene claros cuáles son los rasgos que definen al bienestar corporativo. “En el espacio laboral, la persona trabajadora debe sentirse segura y con unas relaciones laborales satisfactorias. El apoyo social es un amortiguador del estrés, la seguridad psicológica y laboral es otra característica, y sentirse valorado y respetado por la organización ayuda. Políticas de conciliación, programas de bienestar y apoyo psicológico… amortiguan”.
Por otro lado, el experto también se detiene en otros factores externos como la movilidad, condiciones sociales y económicas, así como problemas de salud propios o de familiares. Estas otras cuestiones están detrás del estrés laboral y, en muchos casos, “quedan fuera del ámbito de la empresa”. Esta realidad obliga a las organizaciones a ser humildes en sus pretensiones, pero también a ser ambiciosas en lo que sí pueden controlar. No se trata de sustituir al sistema sanitario, sino de crear un entorno que no añada más carga a la que ya soporta el trabajador fuera de ella.
El apoyo social, la seguridad psicológica y sentirse valorado por la organización son los principales amortiguadores del estrés laboral
La cultura de la inmediatez y la hiperconectividad
No ayuda en esa construcción de las estrategias un problema que está siendo difícil de combatir como es la hiperconectividad. La cultura de la inmediatez, alimentada por la disponibilidad permanente de dispositivos digitales, ha difuminado las fronteras entre el trabajo y la vida personal, generando niveles de estrés y ansiedad que antes no existían. Siendo complejo este abordaje, Fernández Arias propone varias líneas de actuación, empezando por analizar “todos los elementos (protocolos, mensajes de información de horario, retardo forzoso de salida de correos, etc.) que fomenten la desconexión digital”. Posteriormente, se inclina más por una labor pedagógica que eduque “en la contención de la urgencia”. Para ello, el experto optar por “establecer pautas para que las personas trabajadoras tengan una herramienta basada en autopreguntas y ayudas en la toma de decisiones y entender así lo que es prioritario o no”.
Es necesario cambiar la perspectiva para abordar (desde la psicoeducación, el respeto y la comunicación no violenta) un proceso de transformación para normalizar que existen estresores vitales
3 mensajes clave para las empresas
Para resumir la importancia que tiene hoy la salud mental laboral, Fernández Arias lanza tres grandes mensajes que debería tener en cuenta todo directivo:
1. “La inversión en Salud mental reduce el absentismo, mejora la calidad de vida laboral e incrementa la productividad”.
2. “La salud mental es una realidad en nuestra sociedad que no supone una amenaza ni es algo ajeno a nuestra vida. Informando y dotando de herramientas preventivas para su abordaje ganamos todos”.
3. “Incluir la salud mental en la estrategia de prevención de una empresa es un elemento cohesionador, que incrementa la satisfacción laboral y ayuda a crear entornos de trabajo más solidarios, sanos y motivados”.












