Estos días han salido a la luz varias conclusiones sobre el rápido avance de la implantación de la IA en comparación con el nivel de conocimiento por parte de los empleados. Esta brecha ya ha sido estudiada por SAP y Oxford Economics y ahora el Barómetro de Talento Digital 2026 elaborado por el Observatorio del Talento Digital de DIGITALENT Group viene a reforzar esa idea.
En esta otra investigación, presentada por Nacho de Pinedo, cofundador de ISDI y director del Observatorio, durante el Digital Talent Summit celebrado en Madrid, se ha comprobado que el 77,8% de las organizaciones afirma tener un nivel medio, alto o muy alto de adopción de inteligencia artificial, mientras que el 79,2% reconoce que la preparación de sus empleados sigue siendo insuficiente o muy desigual. De este modo, esta brecha ya es reconocida desde varios análisis de entidades rigurosas.
Así que, la lectura que se puede hacer tanto del estudio de SAP y Oxford Economics con este barómetro es muy parecida. Lo que añade este último trabajo es la situación que padecen los perfiles junior con la adopción masiva de la IA.
Perfiles junior y la IA: el temor a acceder al empleo
El acceso al empleo por parte de los perfiles junior se vería compromiso, al considerar un 35,4% que la IA impactará en una menor contratación por parte de las organizaciones. La reducción progresiva de oportunidades afectaría especialmente a los jóvenes en ese escenario.
Aparece en este análisis lo que los expertos denominan el junior squeeze, aquellos profesionales recién incorporados cuya posición es vulnerable en las empresas. Este tipo de perfiles acceden a una forma para ejecutar inicialmente tareas de carácter administrativo o repetitivo y ahora esas actividades son las que podría ejecutar la IA.
Los puestos administrativos aparecen como los más expuestos al impacto de la IA, señalados por el 50,7% de los participantes en el estudio, muy por delante de perfiles técnicos o mandos intermedios. Si las organizaciones eliminan o reducen las tareas que históricamente han servido para formar a nuevos profesionales, deberán encontrar nuevas fórmulas para construir la cantera de especialistas, responsables de área y directivos que necesitarán en el futuro.
La IA en la sombra ya está presente en las organizaciones
Otro de los fenómenos destacados por el informe es el avance del denominado shadow AI, es decir, el uso de herramientas de inteligencia artificial personales o no autorizadas dentro de las empresas. La investigación revela que el 87% considera probable que los empleados recurran a soluciones externas si la organización no les proporciona alternativas corporativas adecuadas. Sin embargo, solo el 29,5% afirma disponer actualmente de un marco formalizado y comunicado para regular el uso de estas tecnologías.
La situación refleja una realidad que ya se observa en numerosas organizaciones: los profesionales incorporan herramientas de IA a su trabajo cotidiano para ganar productividad, resolver tareas o agilizar procesos, muchas veces sin supervisión ni directrices claras.
Este escenario obliga a replantear la gestión de la inteligencia artificial dentro de las empresas. El debate ya no consiste únicamente en permitir o restringir determinadas aplicaciones, sino en ofrecer herramientas seguras, establecer criterios de uso y formar a los empleados para utilizarlas de forma responsable.
En palabras de Nacho de Pinedo, “el reto para las empresas ya no es decidir si adoptan la IA, porque en muchos casos ya se está utilizando. La cuestión es cómo gobernarla, cómo cambia la contratación y el aprendizaje de los profesionales y qué capacidades necesitamos desarrollar para que personas y tecnología trabajen juntas”.
Las habilidades humanas ganan valor
La rápida expansión de la inteligencia artificial también está modificando las competencias que las organizaciones consideran estratégicas. Solo el 20,8% de los encuestados considera que sus profesionales están bastante o muy preparados para trabajar con IA, una cifra que pone de manifiesto la necesidad de acelerar los programas de formación y reciclaje profesional.
Pero el cambio no afecta únicamente a las capacidades técnicas. El estudio muestra que las habilidades más demandadas en el nuevo entorno no son necesariamente las relacionadas con la programación o el desarrollo tecnológico. El pensamiento crítico y el criterio profesional encabezan las prioridades, señalados por el 39,6% de los participantes. Por el contrario, la programación aparece como una competencia prioritaria para apenas el 2,4%.









