Las pantallas se han instalado en el día a día de las personas. Trabajo, estudios, ocio y comunicación hacen que pasemos muchas horas en frente de ordenadores, teléfonos móviles y tabletas. Y todo ello pasa factura en diversos ámbitos de la salud. Quizás el efecto más directo es que el produce a la vista, pues se han multiplicado casos de ojos secos, cansancio ocular, visión borrosa y otras patologías asociadas a la oftalmología.
Si bien el exceso de horas frente a la pantalla no implica daños permanentes en la visión, este conjunto de síntomas puede afectar al bienestar y al rendimiento diario de las personas. La buena noticia es que hay pequeños hábitos que pueden proteger la vista de las pantallas. Gestos que comparte para Directivos y Empresas Rocío Terrón Naranjo, óptico-optometrista del Servicio de Oftalmología del Hospital Quirónsalud Huelva, liderado por el especialista Rafael Gil Piña.

Rocío Terrón Naranjo.
Los gestos que ayudan a proteger la vista de las pantallas
Una de las primeras claves que arroja la experta está en el parpadeo. Cuando una persona fija la vista en una pantalla durante largos periodos, los músculos encargados del enfoque trabajan de forma continua para mantener la imagen nítida, provocando un parpadeo de menor frecuencia. Aunque se trata de un gesto automático que normalmente pasa desapercibido, resulta fundamental para mantener la superficie ocular correctamente lubricada.
“Al estar concentrados leyendo o mirando una pantalla se disminuye considerablemente la frecuencia del parpadeo, pudiendo ser algunos de ellos incompletos”, señala Terrón. Como consecuencia, la película lagrimal que protege la superficie del ojo puede evaporarse con mayor rapidez, favoreciendo la aparición de sequedad ocular, irritación o sensación de cuerpo extraño.
Este fenómeno afecta especialmente a quienes utilizan lentes de contacto. En estos casos, la disminución de la lubricación natural puede traducirse en molestias como visión borrosa transitoria, sensación de arenilla, enrojecimiento o incomodidad durante la jornada.
La regla 20-20-20
Para fomentar una mayor frecuencia del parpadeo, una de las recomendaciones de la especialista es aplicar la denominada regla 20-20-20, una pauta simple que ayuda a aliviar el esfuerzo visual acumulado durante el trabajo de cerca. “Podemos usar como referencia la conocida regla 20-20-20: tras 20 minutos de trabajo en visión cercana lo recomendable es apartar la mirada de la pantalla durante unos 20 segundos y dirigirla hacia un objeto lejano”, explica la especialista.
El objetivo de esta práctica es permitir que el sistema de enfoque ocular se relaje periódicamente. No es necesario abandonar completamente la actividad; basta con dirigir la mirada hacia una ventana, observar un punto lejano de la habitación o contemplar el paisaje exterior durante unos segundos.
Un enfoque más amplio de esta regla apunta a introducir pausas regulares en la jornada laboral. Basta con levantarse del puesto de trabajo, caminar unos minutos o alternar tareas que exijan diferentes distancias de enfoque.
En todo caso, estas medidas de prevención no sustituyen a la necesidad de ir a consulta en caso de la prolongación de los síntomas mencionados. Una revisión oftalmológica permite descartar enfermedades oculares, mientras que una evaluación optométrica adecuada ayuda a detectar defectos de graduación o dificultades en el sistema visual que pueden pasar desapercibidas durante mucho tiempo.
“Síntomas persistentes como visión borrosa, dolor de cabeza, sequedad ocular, enrojecimiento o dificultades para enfocar justifican consultar con el profesional correspondiente, especialmente cuando interfieren en las actividades cotidianas”, advierte la especialista.
La eficacia de las gafas con filtro de luz azul
Al margen de lo anterior, la óptico-optometrista se detiene en la popularidad que han alcanzado entre la población las gafas con filtro de luz azul, promocionadas como una solución para proteger la vista frente a los efectos de las pantallas. Sobre ellas, la experta rebaja las expectativas al mantener que actualmente no existe evidencia científica concluyente que demuestre que estas lentes prevengan daños oculares derivados del uso de pantallas.









