Limitar el uso del móvil a los menores se ha convertido en un asunto de Estado y en motivo de muchas citas médicas. Cada vez más más especialistas alertan de que el uso excesivo de dispositivos digitales en edades tempranas está generando nuevas consultas en psicología infantil.
En el caso concreto de la consulta de Paloma Méndez de Miguel, psicóloga infantil de Olympia Centro Médico Pozuelo y del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, la experta destaca un aumento de familias que aducen a ella, cuyos hijos presentan irritabilidad y déficits de atención debido al tiempo que han pasado con el móvil.
Todo ello tiene su traslado a la vida diaria y el efecto es palpable en el colegio o con las relaciones sociales. Méndez de Miguel sostiene que el atractivo que ejercen las pantallas sobre los niños tiene una base clara en el tipo de estimulación que ofrecen. “Las pantallas proporcionan una estimulación lumínica, acústica y cambiante muy intensa. Eso hace que posteriormente se aburran con mayor facilidad en contextos más neutros o menos estimulantes, como jugar con otro niño, escuchar al profesor en clase o leer un cuento”, señala.
Cuando el cerebro se acostumbra a estímulos constantes y rápidos, las actividades que requieren más calma o concentración pueden resultar menos atractivas. La psicóloga ha comprobado que el uso excesivo de los móviles en menores está detrás de una menor motivación hacia el aprendizaje y dificultades para implicarse en tareas escolares o en juegos tradicionales.
Además, se hace eco de lo que señalan diversos estudios sobre una relación entre la exposición temprana y prolongada a las nuevas tecnologías y determinados problemas cognitivos. Algunas investigaciones han encontrado asociaciones entre el uso precoz de dispositivos digitales y el desarrollo de déficit atencional o dificultades en funciones ejecutivas, aquellas que permiten planificar, organizar o controlar impulsos.
Parece claro que limitar el uso del móvil en estas edades es muy buena idea. En ello están muchos padres y el propio gobierno, quien está detrás del objetivo de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años.

Paloma Méndez de Miguel.
¿Qué está sucediendo al limitar el uso del móvil?
No obstante, las familias que han aplicado esta medida se están encontrando con dificultades. La experiencia de Paloma Méndez dice que uno de los más habituales es la irritabilidad cuando se intenta limitar el acceso a los dispositivos. En muchos casos, los niños reaccionan con enfado o frustración cuando se les pide que apaguen el móvil o la tableta.
A esto se suma, en ocasiones, una pérdida progresiva de interés por actividades que no implican el uso de tecnología. Juegos al aire libre, lectura o incluso encuentros con amigos pueden pasar a un segundo plano frente al atractivo de los contenidos digitales. También pueden aparecer dificultades en la gestión emocional, baja tolerancia a la frustración o una tendencia al aislamiento social.
Ahí se ve el daño que han provocado en los jóvenes herramientas como el “scroll infinito” de las redes sociales, que permite consumir contenidos de forma continuada sin pausas naturales. Ese flujo continuo de estímulos favorece la liberación de dopamina en el cerebro, el neurotransmisor relacionado con la sensación de placer.
¿Cómo actuar sin generar conflictos?
Ante este escenario, muchos padres se preguntan cómo pueden reducir el uso excesivo de pantallas sin generar conflictos constantes en casa. Para la psicóloga infantil, la clave está en adoptar estrategias progresivas y coherentes dentro del entorno familiar.
Uno de los primeros pasos consiste en que los adultos revisen también su propia relación con la tecnología. “La autoobservación del adulto es fundamental”, explica Méndez de Miguel. “Las limitaciones en el uso de dispositivos deben implicar a todos los miembros de la familia. No se puede pedir a un niño que reduzca el tiempo de pantalla si ve a los adultos constantemente conectados”.
Establecer horarios claros para desconectar de móviles y tabletas es otra medida que puede resultar útil. Definir momentos del día en los que todos los dispositivos se dejan a un lado ayuda a reducir la dispersión de la atención y contribuye a disminuir el estrés digital. Todo ello debe ser apoyado con actividades compartidas, como las comidas familiares, ver una película o realizar juegos juntos. En esos momentos los teléfonos deben estar en silencio o fuera de la mesa. Estas rutinas favorecen la interacción y refuerzan los vínculos familiares.
Crear alternativas de ocio desde edades tempranas también resulta esencial. Actividades deportivas, juegos al aire libre o planes con otros niños pueden ofrecer estímulos positivos que compitan con el atractivo de las pantallas.
Asimismo, el descanso nocturno es otro de los aspectos que puede verse afectado por el uso excesivo de dispositivos. Muchos niños llegan a las aulas con un nivel de cansancio elevado porque han estado conectados hasta altas horas de la noche.
Por este motivo, se recomienda que los teléfonos móviles y otros dispositivos no permanezcan en la habitación durante la noche. Evitar el acceso a pantallas antes de dormir contribuye a mejorar la calidad del sueño y favorece un descanso más reparador.









