Hay un cambio importante en la medicina en tanto que las tendencias actuales ya no buscan alargar más años a la vida, sino dar calidad a la misma en la etapa de la longevidad. Dando por sentado que la esperanza de vida ha aumentado, el reto es que es a ciertas edades se tengan muy en cuenta todo lo que favorezca un cuidado saludable.
Dicha tendencia la reafirman expertos como la doctora Débora Nuevo, jefa de la Unidad de Longevidad y Microbiota de Olympia Quirónsalud, al afirmar que el objetivo de la longevidad “no debería ser simplemente añadir años a la vida, sino conseguir que esos años se vivan con la mayor salud, autonomía y calidad de vida posibles”.
Claves sobre la medicina de la longevidad: vivir más y mejor
La forma de preceder de la medicina de la longevidad, en la que convergen distintas especialidades, busca conocer con antelación los riesgos y las características de cada persona para diseñar estrategias preventivas y personalizadas. En este sentido, parámetros como el riesgo cardiovascular y metabólico, composición corporal, salud cerebral, descanso, alimentación, microbiota, equilibrio hormonal, actividad física o gestión del estrés forman parte de una visión global del estado de salud.
En dirección contraria a lo que persigue esta medicina se encuentran factores como el sedentarismo, la pérdida progresiva de masa muscular, el exceso de grasa visceral, la hipertensión, determinadas alteraciones metabólicas, el tabaquismo, una alimentación inadecuada, la falta de sueño o el estrés crónico pueden dejar una huella progresiva en el organismo.
La clave es que los expertos pueden actuar sobre muchos de estos factores porque son modificables. Pero para ello, hay que conocer lo que está sucediendo al organismo de cada persona para lo cual no existe una única prueba. Es decir, el envejecimiento no lo diagnóstica una simple analítica, aunque sí ofrezca pistas a los médicos.
Pruebas para medir el envejecimiento
Entre las herramientas utilizadas en centros como Olympia, puntero en la medicina de la longevidad, se encuentra la DEXA, que permite obtener información sobre la composición corporal, la distribución de la grasa, el tejido muscular y la fortaleza ósea. Estos parámetros pueden ser útiles tanto para establecer una valoración inicial como para realizar el seguimiento de determinadas intervenciones relacionadas con la nutrición y el ejercicio.
La Unidad incorpora también el estudio telomérico. Los telómeros son estructuras situadas en los extremos de los cromosomas que se acortan con las sucesivas divisiones celulares y que llevan años siendo objeto de investigación por su relación con el envejecimiento y distintas enfermedades asociadas a la edad.
“La edad cronológica nos dice cuántos años hemos vivido, pero no explica por sí sola cómo está envejeciendo nuestro organismo”, explica la doctora Nuevo.
Entre esas dimensiones destaca la capacidad física. La pérdida progresiva de masa y fuerza muscular asociada al paso de los años puede terminar afectando a la movilidad, el equilibrio y la independencia. Por eso, el ejercicio, y especialmente el trabajo de fuerza adaptado a cada persona, ocupa un lugar relevante en las estrategias destinadas a favorecer un envejecimiento saludable.
La cuestión tampoco se reduce al peso. Dos personas que pesen lo mismo pueden presentar una composición corporal muy diferente. Mantener la masa muscular, preservar la salud ósea, reducir un exceso de grasa y conservar una buena capacidad cardiorrespiratoria forman parte de una visión más completa de la salud a largo plazo.
La conexión entre intestino, metabolismo y cerebro
La microbiota intestinal se ha convertido asimismo en uno de los campos de interés dentro del estudio del envejecimiento. El ecosistema de microorganismos que habita principalmente en el intestino participa en procesos relacionados con la digestión, el metabolismo y el sistema inmunitario, y su posible relación con otros sistemas del organismo está siendo objeto de investigación.
Olympia Quirónsalud cuenta con una Unidad de Microbiota integrada por la doctora Débora Nuevo y la doctora Isabel Bustamante, neuróloga y especialista en Nutrición Humana y Dietética con formación específica en este ámbito.
“La microbiota no actúa de manera aislada en el intestino. Existe una comunicación continua con otros sistemas del organismo y sabemos que su equilibrio está relacionado con la respuesta inmunitaria, el metabolismo y la salud cerebral”, explica la doctora Bustamante. La alteración de ese equilibrio, conocida como disbiosis, se estudia por su posible relación con procesos inflamatorios y metabólicos y con diferentes enfermedades.

Doctoras Débora Nuevo e Isabel Bustamante,
La alimentación desempeña en este punto un papel relevante. No existe, según la especialista, un alimento milagroso ni una dieta capaz de detener el envejecimiento. El objetivo pasa por mantener patrones de alimentación saludables, variados y sostenibles que favorezcan una microbiota diversa y contribuyan al mismo tiempo a proteger la salud metabólica.
El cerebro constituye otra de las grandes piezas del puzzle. Llegar a edades avanzadas conservando las capacidades cognitivas depende de múltiples factores, entre ellos la actividad física, el descanso, la alimentación, las relaciones sociales, la estimulación cognitiva y el control de los principales factores de riesgo cardiovascular. El estrés crónico también ocupa un lugar dentro de esta ecuación, por su influencia sobre distintos sistemas hormonales, inmunológicos y metabólicos.
“Dormir bien o controlar el estrés no son cuestiones secundarias dentro de la longevidad”, apunta la doctora Nuevo. El organismo necesita periodos adecuados de descanso y recuperación para mantener sus mecanismos de regulación y reparación.
Tecnología sí, soluciones milagrosas no
La medicina de la longevidad también incorpora diferentes tecnologías y terapias que pueden utilizarse de manera individualizada. Olympia Quirónsalud dispone, entre otras herramientas, de crioterapia, cámara hiperbárica, neuromodulación y estudio telomérico, además de estrategias de optimización hormonal cuando existe una indicación clínica.
La clave, sin embargo, está precisamente en evitar que estas herramientas se conviertan en tratamientos universales. “En longevidad no existe una terapia válida para todo el mundo. Primero hay que conocer el estado de salud, los riesgos y las necesidades de cada persona y después decidir qué intervenciones tienen sentido. La personalización es fundamental”, sostiene la doctora Nuevo.
El mensaje resulta especialmente relevante en un ámbito en el que proliferan suplementos, tratamientos y promesas dirigidas a quienes buscan retrasar el envejecimiento. Frente a esa tendencia, las especialistas ponen el acento en los pilares más conocidos de la prevención: actividad física regular, preservación de la masa muscular, alimentación equilibrada, descanso suficiente, ausencia de tabaco y control del estrés y de los principales factores de riesgo cardiovascular y metabólico.









