Recientemente se celebraba el Día Mundial del Corazón, pero cuidar la salud cardiovascular es cosa de todos los días, especialmente para los pacientes que han sufrido patologías previas.
Con motivo de la celebración de esa jornada, distintos especialistas del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz han llevado a cabo distintas actividades para concienciar sobre factores de riesgo cardiovascular y cómo actuar preventivamente antes de que aparezca una patología.
Uno de los focos de atención se ha centrado en aquellas personas que ya han sufrido alguno de estos episodios, a quienes se les ha recordado la necesidad de mantener la actividad física y el control médico.
Una de las actividades desarrolladas durante la jornada ha sido una mesa de valoración cardiovascular instalada en las zonas comunes del pasillo de Admisión del hospital. Una enfermera y alumnado de la Escuela de Enfermería han realizado controles de tensión arterial, glucemia e índice de masa corporal (IMC), tres parámetros que pueden aportar información sobre algunos factores de riesgo que, en ocasiones, evolucionan durante años sin provocar síntomas.
Acercar la prevención de la enfermedad cardiovascular
Para la doctora Mónica Recio, especialista del Servicio de Cardiología de la Fundación Jiménez Díaz, este tipo de iniciativas permiten acercar la prevención a la población y favorecer la detección temprana. “La prevención es clave, porque muchos factores de riesgo cardiovascular pueden controlarse antes de que produzcan síntomas o una enfermedad”, ha señalado. No fumar, mantener una alimentación adecuada, realizar ejercicio, cuidar el peso y controlar periódicamente la tensión, el colesterol y la glucosa forman parte, según la especialista, de las medidas que pueden contribuir a reducir el riesgo de sufrir complicaciones como un infarto o un ictus.
La prevención, además, no debería comenzar en la edad adulta. “Debemos crear hábitos desde la infancia para poder evitar la aparición de un evento cardiovascular”, ha subrayado la Dra. Recio. La incorporación temprana de rutinas saludables permite que el cuidado cardiovascular forme parte de la vida cotidiana y no se plantee únicamente como una respuesta cuando ya existe un problema.
La medición de determinados parámetros permite detectar alteraciones que pueden pasar inadvertidas. Javier Sánchez, enfermero de Continuidad Asistencial del hospital, ha explicado que controlar la tensión arterial, la glucemia y el IMC ayuda a identificar posibles situaciones de hipertensión, alteraciones de la glucosa o exceso de peso y facilita que las personas conozcan mejor su estado de salud.
Caminar y ejercicio físico: claves para la prevención
El ejercicio físico ha ocupado otro de los espacios centrales de la jornada. Profesionales del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación y del área de Continuidad Asistencial han coordinado ejercicios de relajación y estiramientos y una caminata por el entorno del hospital.
La doctora Astrid Teixeira Taborda, especialista del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación de la Fundación Jiménez Díaz, ha recordado que la actividad física es “uno de los pilares fundamentales para cuidar nuestra salud cardiovascular”. Entre sus beneficios se encuentran el control de la presión arterial, el colesterol, el peso y la glucosa, además de una mejora de la capacidad del corazón y de los músculos para utilizar el oxígeno.
No se trata necesariamente de convertir el ejercicio en una actividad deportiva de alta intensidad. Caminar, subir escaleras, montar en bicicleta, nadar o realizar ejercicios de fuerza forman parte de una vida activa. Como referencia general, la especialista ha señalado la recomendación de alcanzar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada, o entre 75 y 150 minutos de intensidad elevada, además de ejercicios de fuerza al menos dos días a la semana.
Sin embargo, el mensaje más importante puede ser precisamente el de empezar. “Diez minutos caminando son mejores que ninguno, y podemos ir aumentando progresivamente el tiempo y la intensidad”, ha explicado la Dra. Teixeira.
Después de un evento cardiovascular, el ejercicio puede adquirir además un papel dentro de la recuperación y de la prevención secundaria. En estos casos, la actividad debe individualizarse y realizarse, cuando esté indicado, dentro de programas de rehabilitación cardíaca y después de la correspondiente valoración. “Hay que hacer el ejercicio adecuado, de forma progresiva y segura”, ha concluido.
La alimentación como parte del cuidado del corazón
La prevención también pasa por lo que llega al plato. La doctora María José de la Cruz, especialista del Servicio de Endocrinología y Nutrición, ha explicado que el exceso de peso, especialmente cuando existe acumulación de grasa abdominal, puede favorecer alteraciones metabólicas relacionadas con la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2, además de modificaciones en los niveles de colesterol y triglicéridos e hipertensión arterial.
Frente a estos factores, la especialista ha recomendado avanzar hacia un patrón de alimentación mediterráneo. Entre sus pautas se encuentra utilizar aceite de oliva virgen extra como principal fuente de grasa, incorporar frutos secos de manera moderada y aumentar el consumo de frutas y verduras. También ha aconsejado priorizar cereales integrales, incluir legumbres al menos tres días por semana y optar con mayor frecuencia por pescado y otras fuentes saludables de proteínas.
En paralelo, conviene reducir la presencia de alimentos ultraprocesados, carnes procesadas y productos con cantidades elevadas de sal o azúcares añadidos.
La alimentación debe formar parte de un estilo de vida más amplio en el que también tengan espacio la actividad física diaria, un descanso adecuado y la ausencia de tabaco. Además, el control periódico de la presión arterial y las analíticas de glucosa y colesterol permite detectar alteraciones que inicialmente pueden no producir síntomas.









