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España vive una sucesión de días con temperaturas de frío extremo. Tras la borrasca Francis, llegan otros eventos que hablan de ciclogénesis explosiva y una climatología que hacer temer a los neurólogos por aquellos pacientes con enfermedades respiratorias.

Además, ante episodios de frío extremo, la concentración de personas en entornos cerrados provoca la expansión y circulación de virus. El coctel parece idóneo para un mayor impacto de patologías como el asma o la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC).

Este es el entorno que describe para Directivos y Empresas el doctor Luis Manuel Entrenas, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Quirónsalud Córdoba, quien subraya que combinación de todos estos elementos incrementa de forma notable el riesgo de infecciones y descompensaciones en pacientes respiratorios”, explica.

doctor Luis Manuel Entrenas

Doctor Luis Manuel Entrenas.

El peligro para las personas con enfermedades respiratorias de carácter crónico

Las personas con patologías respiratorias crónicas afrontan el invierno como una etapa especialmente delicada. Los cambios bruscos de temperatura pueden desencadenar hiperrespuesta bronquial, aumentar la dificultad respiratoria y agravar síntomas que, en condiciones más estables, permanecen controlados. A ello se suma el impacto que las infecciones respiratorias pueden tener sobre una función pulmonar ya comprometida.

El doctor Entrenas insiste en que estas descompensaciones no solo afectan al bienestar diario, sino que en algunos casos pueden derivar en urgencias médicas o ingresos hospitalarios. Por este motivo, recalca la importancia de no relajar las medidas de prevención y mantener una vigilancia constante durante toda la estación fría.

La adherencia al tratamiento, clave del control

Entre las recomendaciones fundamentales, el especialista destaca la continuidad del tratamiento habitual, con especial atención a los inhaladores. Estos fármacos constituyen la base del control tanto del asma como de la EPOC, y su abandono, incluso durante unos pocos días, puede provocar empeoramientos evitables.

“Es frecuente que algunos pacientes interrumpan el tratamiento cuando se encuentran mejor, pero en invierno ese error puede tener consecuencias importantes”, señala Entrenas. La constancia terapéutica permite mantener las vías respiratorias estables y reducir el riesgo de crisis ante estímulos como el frío o las infecciones.

Vacunación: una barrera eficaz frente a las infecciones

Otro de los pilares de la prevención invernal es la vacunación. El jefe de Neumología recuerda que la inmunización frente a la gripe, la Covid-19 y el neumococo sigue siendo la herramienta más eficaz para disminuir tanto la incidencia como la gravedad de las infecciones respiratorias. A estas se suma, en adultos, la vacuna frente al virus respiratorio sincitial (VRS), cuya relevancia ha cobrado mayor protagonismo en los últimos años.

La protección, añade el especialista, no debe limitarse únicamente al paciente. Vacunar a cuidadores y convivientes reduce de forma significativa la probabilidad de transmisión en el entorno más cercano, un aspecto crucial cuando se trata de personas vulnerables.

Evitar el frío y reducir los riesgos en interiores

El frío intenso no solo incomoda, sino que puede actuar como desencadenante directo de síntomas respiratorios. La exposición prolongada a bajas temperaturas favorece la irritación de las vías aéreas y puede aumentar la tos, la sensación de ahogo y la producción de moco. Por ello, se recomienda limitar el tiempo al aire libre en las horas más frías y proteger adecuadamente nariz y boca.

Asimismo, el especialista aconseja extremar las precauciones en espacios cerrados, donde la concentración de personas incrementa el riesgo de contagio. Siempre que sea posible, es preferible optar por lugares amplios, bien ventilados y con menor densidad de asistentes. Minimizar el contacto con personas que presenten síntomas de infección respiratoria resulta especialmente importante durante estos meses.

La última gran consigna del doctor Entrenas es la necesidad de consultar de forma precoz ante cualquier signo de empeoramiento. Aumento de la dificultad respiratoria, cambios en el esputo, fiebre o mayor necesidad de medicación de rescate son señales que no deben ignorarse. “Una valoración médica temprana puede evitar complicaciones mayores y facilitar un manejo más eficaz de los síntomas”, explica. El seguimiento cercano permite ajustar tratamientos y prevenir situaciones que podrían derivar en urgencias.