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La construcción, sector que ha sido un clásico puntal de la economía española, ha vivido varios años de incertidumbre económica y en los que se han dejado notar hechos como el encarecimiento de los materiales y una presión regulatoria creciente. Todo ello ha dificultado una transformación que hoy se encamina hacia un modelo más racional, eficiente y orientado a la calidad.

En 2025, esta transformación ya es visible, pero será en 2026 cuando muchas de las tendencias que hoy se están gestando comiencen a consolidarse de forma estructural. Los datos avalan este momento de inflexión. España cerró el primer semestre de 2025 con cerca de 1,5 millones de personas empleadas en la construcción, un 4,3% más que el año anterior, según la Encuesta de Población Activa. A ello se suma el aumento de la actividad residencial: entre enero y septiembre se concedieron más de 100.000 visados de dirección de obra para vivienda nueva, un 5,6% más interanual, de acuerdo con el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible. Sin embargo, este dinamismo convive con retos estructurales de gran calado, especialmente la falta de vivienda asequible, un problema que afecta a toda la Unión Europea.

Aunque la construcción residencial ha alcanzado máximos de los últimos siete años, el número de viviendas terminadas sigue siendo insuficiente para absorber la demanda. Así lo advierte el Observatorio de Vivienda y Suelo, que subraya la necesidad de acompasar el crecimiento del sector con una planificación más eficaz, soluciones sostenibles y una mayor capacidad productiva. En este contexto, los expertos coinciden en que el futuro de la construcción no pasa únicamente por edificar más, sino por construir mejor.

Las tendencias que llegan al sector de la construcción en 2026

Desde Sto Ibérica, compañía especializada en sistemas y soluciones constructivas, identifican varias tendencias que marcarán la evolución del sector durante 2026. La primera de ellas es la consolidación del crecimiento. Tras un periodo de elevada volatilidad, las previsiones apuntan a una fase de expansión más estable y previsible. Según el Instituto de Tecnología de la Construcción de Cataluña y la Federación de Gremios de la Construcción, el sector cerrará 2025 con un crecimiento del 4% y mantendrá un ritmo sólido en 2026, con una previsión del 3,6%, situándose por encima de la media europea.

Uno de los pilares de esta nueva etapa será la rehabilitación del parque edificatorio. La modernización de las viviendas existentes se consolida como un eje estratégico, tanto por razones de sostenibilidad como por la imposibilidad de responder a la demanda habitacional únicamente con obra nueva. No obstante, los datos muestran un avance todavía insuficiente: en el primer semestre de 2025 se autorizaron unas 30.900 rehabilitaciones, apenas un 1,68% más que el año anterior. A este ritmo, los objetivos marcados por el Gobierno parecen difíciles de alcanzar, lo que refuerza la importancia de los fondos Next Generation EU y de las convocatorias autonómicas, cuya vigencia finaliza en 2026.

La industrialización de la construcción emerge como otra de las grandes palancas de cambio. Este modelo, basado en la fabricación de elementos fuera de obra y su posterior ensamblaje, permite reducir plazos, mejorar la calidad y disminuir el impacto ambiental. Según los expertos, puede recortar hasta un 30% las emisiones de CO₂ y minimizar residuos, al tiempo que aporta mayor previsibilidad en costes y logística. Una ventaja clave en un sector cada vez más exigido por los plazos, la sostenibilidad y la escasez de mano de obra cualificada.

En paralelo, la inteligencia artificial se consolida como un vector estructural de transformación. Su aplicación en el análisis de datos, la planificación de obras y el control de procesos permite anticipar incidencias, optimizar recursos y reducir desviaciones en tiempos y presupuestos. La integración de la IA contribuye, además, a mejorar la trazabilidad y la calidad de los proyectos, avanzando hacia un modelo constructivo más preciso y resiliente.

Todo ello exige un refuerzo decidido de la formación especializada. La creciente complejidad técnica y normativa convierte el conocimiento en un factor crítico. La correcta aplicación de los sistemas constructivos, el dominio de los materiales y el respeto a los procedimientos son determinantes para garantizar la durabilidad y el rendimiento de los edificios. En este sentido, la formación continua se perfila como una herramienta clave para reducir errores, optimizar recursos y elevar los estándares de calidad del sector.

Tendencias en materiales y soluciones técnicas

En el ámbito de los materiales y soluciones técnicas, destacan tendencias como el uso de sistemas SATE con lana de roca para fachadas, que combinan eficiencia energética y resistencia al fuego, o el resurgir de los revocos y acabados de estética natural, que aportan durabilidad y una imagen atemporal. También gana peso la elección estratégica de soluciones de acondicionamiento acústico, integradas desde la fase de diseño para crear espacios más confortables y funcionales.

Finalmente, el interiorismo y la arquitectura avanzan hacia un enfoque centrado en el bienestar. Materiales sostenibles, formas orgánicas y diseños biocéntricos que priorizan la luz natural, la ventilación y la conexión con la naturaleza definen los proyectos más innovadores. En 2026, la construcción no solo edificará espacios, sino que diseñará experiencias orientadas a mejorar la calidad de vida.