El economista Gonzalo Bernardos ha sido el protagonista invitado en el podcast de Jon Hernández sobre Inteligencia Artificial y en esta conversación ha trazado un mapa de oportunidades y riesgos ante esta transformación tecnológica. Entre sus declaraciones, destaca la advertencia que lanza a algunos trabajadores, los cuales deberán reciclarse porque puede haber despidos a punta pala debido al avance de la IA.
Bernardos reconoce que algunos puestos desaparecerán y otros surgirán, pero no está claro cuáles serán. Esa incertidumbre convierte la adaptación y la formación continua en algo esencial. «Algunos empleos desaparecerán y otros surgirán, pero no está claro cuáles», resume una de las ideas centrales de su intervención, en la que insiste en que la reconversión laboral no será un proceso sencillo ni indoloro.
El economista atribuye parte de la dificultad a la falta de formación y de espíritu de sacrificio, y critica la escasa atención pública que recibe la IA. En su opinión, el cambio requiere un esfuerzo individual, pero también una preparación colectiva: no basta con que cada trabajador se esfuerce por su cuenta si no existen políticas e instituciones que acompañen ese proceso.
Los jóvenes, en el centro de la diana
Entre los colectivos en los que más puede impactar la IA, Bernardos pone el foco especialmente en los jóvenes. La formación en IA puede abrir oportunidades para ellos, y España parte bien en digitalización. Pero la automatización amenaza empleos iniciales, precisamente los que suelen ocupar los recién incorporados al mercado laboral, lo que hace urgente preparar a los trabajadores. Quienes se formen en las nuevas herramientas tendrán más opciones; quienes no, se enfrentarán a un mercado cada vez más exigente, sostiene el experto.
En ese sentido, reclama impulsar centros de formación en IA y critica la desindustrialización de Europa, a la que considera un lastre para proteger su capacidad productiva. También defiende reglas comerciales equilibradas que no dejen a la industria europea en desventaja frente a otras potencias.
Productividad, pensiones y renta básica
En el plano macroeconómico, Bernardos confía en que la IA genere más riqueza y que ese aumento de productividad contribuya a aliviar el problema de las pensiones. Su planteamiento rechaza la renta básica universal como solución y apuesta por que la propia democracia impulse un reparto más justo de los beneficios. Es decir, el crecimiento económico derivado de la tecnología debe traducirse en servicios y redistribución, no en una simple transferencia de rentas.
Sobre la regulación, su postura es matizada, ya que rechaza gravar el uso de la IA, porque penalizaría la adopción tecnológica, y propone en cambio gravar los beneficios empresariales, destinando esos recursos a servicios públicos y a políticas de redistribución. Con ello trata de evitar que la regulación frene la innovación mientras se garantiza que sus frutos lleguen al conjunto de la sociedad.
Populismo y falta de visión política
La conversación también incluye una crítica política. Bernardos cuestiona que los gobiernos eviten advertir a la sociedad sobre los cambios laborales que se avecinan y reclama políticas que preparen a la ciudadanía. Sostiene que el populismo y la falta de visión dificultan anticiparse a los problemas, y que esa ausencia de planificación agrava el impacto de una transformación que, bien gestionada, podría ser positiva.
Con todo, el economista no dibuja un panorama catastrofista. Al contrario, sostiene que el futuro puede mejorar si se atiende a quienes pierdan su empleo. La IA podría liberar a los trabajadores de tareas monótonas y prolongar una vida saludable, lo que representa una oportunidad histórica. Pero insiste en que traductores, contables y administrativos —colectivos especialmente expuestos— deben especializarse y formarse para mantenerse útiles en un mercado que cambiará sus reglas.









