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Santiago Niño Becerra, quien suele detectar perfectamente las grietas de los sistemas económicos, ha puesto sus ojos en lo que está aconteciendo en Estados Unidos. A través de distintos mensajes de su perfil en X, el experto viene a decir que el modelo de la primera potencia está agotándose.

Para arrojar tal conclusión, Niño Becerra apunta a la situación inflacionaria que padece Norteamérica en la actualidad. El coste de la vida ha seguido creciendo en esta región y «si se analiza la situación en su conjunto, el resultado es sorprendente: el estadounidense promedio, independientemente de su nivel de ingresos, está pagando más (por lo que consume), excepto el 1% más rico, que es el único grupo que sale beneficiado», advierte.

Parece que el crecimiento del PIB, la fortaleza del empleo o la resistencia del consumo dibujan un paisaje de aparente normalidad en Estados Unidos, pero la realidad es que el nivel de precios está generando malestar.

Esta realidad, que en Europa se ha vivido con especial intensidad en los últimos años, también ha aterrizado en Estados Unidos. La diferencia es que, en el caso norteamericano, el malestar social se produce en un contexto de pleno empleo y crecimiento sostenido. Una combinación que, para Niño Becerra, no es sostenible a largo plazo. La resiliencia, sostiene, no es sinónimo de salud.

Niño Becerra, sobre el modelo de Estados Unidos

Aún así, el economista no se queda en la descripción del malestar interno. Su análisis va un paso más allá y señala el mecanismo que, a su juicio, ha permitido a Estados Unidos sostener durante años un nivel de vida que no se corresponde con sus fundamentos económicos. «En mi opinión, la economía USA ha llegado a un punto en el que aguanta —es resiliente— porque el resto del mundo continúa aceptando todos los dólares que USA imprime«, explica.

Es decir, la fortaleza de la primera economía mundial no descansa únicamente en su capacidad productiva o en su innovación, sino en un privilegio histórico: la condición del dólar como moneda de reserva global. Un privilegio que, según Niño Becerra, tiene fecha de caducidad.

«Pero, en mi opinión, con la deuda y el déficit que USA arrastra, eso está a punto de dejar de ser así», advierte. La frase, breve, contiene una carga de profundidad considerable. Si el resto del mundo dejara de aceptar dólares de forma masiva, el equilibrio sobre el que se sostiene la economía estadounidense se tambalearía. Y con él, el de buena parte del sistema financiero internacional.

El privilegio del dólar se remonta a los acuerdos de Bretton Woods y se ha mantenido, con altibajos, hasta hoy. Pero esa confianza no es infinita, o al menos eso es lo que se deduce del razonamiento de Niño Beccera. Si los acreedores internacionales empezaran a diversificar sus reservas o a cuestionar la sostenibilidad de la deuda estadounidense, el castillo podría tambalearse.

Con todo Niño Becerra no es el único que ha advertido sobre este riesgo en el modelo económico de Estados Unidos. Otros economistas han señalado que la combinación de déficit fiscal, deuda pública creciente y tensiones geopolíticas podría erosionar la confianza en el dólar. Pero su diagnóstico es especialmente pesimista: no habla de un riesgo lejano, sino de algo que «está a punto» de ocurrir. La pregunta, por tanto, no es si el modelo se agotará, sino cuándo lo hará y qué consecuencias tendrá.