El envejecimiento de la población es un hecho, vistos los datos estadísticos oficiales en España. Esta realidad afecta a muchos ámbitos y uno de ellos tiene que ver con el empleo y la situación que se está viviendo en las empresas. Más de cinco millones de personas ocupadas tienen más de 55 años, lo que representa uno de cada cinco trabajadores. Sin embargo, la participación laboral de este colectivo muestra señales de debilitamiento, una tendencia que preocupa a expertos y responsables empresariales ante el riesgo de perder una parte sustancial del conocimiento acumulado en las organizaciones.
Con el objetivo de analizar este nuevo escenario, el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre ha reunido a especialistas, directivos y expertos en longevidad para reflexionar sobre el impacto que el cambio demográfico tendrá en el mundo laboral. El encuentro ha servido además para presentar en España el libro El futuro del trabajo es gris (Almuzara), del experto internacional en liderazgo y cultura organizativa Dan Pontefract, una obra que llegará a las librerías en septiembre.
Una oportunidad más que una amenaza
Durante la inauguración de la jornada, Antonio Huertas, presidente de Fundación Mapfre, defendió la necesidad de abordar el envejecimiento desde una perspectiva distinta a la tradicional. Según explicó, la longevidad no debe contemplarse únicamente como un desafío para los sistemas económicos y sociales, sino también como una fuente de nuevas oportunidades para el crecimiento y la innovación.
Huertas destacó que la transformación demográfica coincide con otro cambio de enorme magnitud: la revolución tecnológica impulsada por la inteligencia artificial. Aunque estas herramientas pueden mejorar la eficiencia y automatizar numerosos procesos, advirtió de que no sustituyen el valor que aporta la experiencia acumulada a lo largo de los años. Para el presidente de Fundación Mapfre, prescindir del talento sénior supondría renunciar a una fuente esencial de conocimiento en un entorno empresarial cada vez más complejo.

Juan Fernández Palacios, Dan Pontefract, Antonio Huertas, Casilda Heraso, Manuel Pimentel y Pere Estupinyá.
El «tsunami demográfico» del que se habla en El futuro del trabajo es gris
El eje central de la jornada giró en torno a las reflexiones planteadas por Dan Pontefract en su obra. El autor sostiene que el mundo se encuentra ante una transformación estructural de gran alcance que denomina «tsunami demográfico», consecuencia directa de la caída de la natalidad y del aumento de la esperanza de vida.
Según su análisis, las sociedades están dejando atrás una estructura poblacional caracterizada por una amplia base de población joven para evolucionar hacia otra donde las generaciones de mayor edad tendrán un peso creciente. Este fenómeno obligará a las empresas a gestionar plantillas más longevas y con una diversidad generacional sin precedentes.
Pontefract considera que el principal riesgo no reside en el envejecimiento en sí mismo, sino en la falta de preparación para afrontarlo. En este sentido, introduce el concepto de «deuda generacional», una situación que se produce cuando las organizaciones permiten que profesionales altamente experimentados abandonen sus puestos sin mecanismos adecuados para transferir conocimientos y capacidades a las nuevas generaciones.
La pérdida de experiencia acumulada puede traducirse, según el experto, en una reducción de la productividad, mayores costes operativos, dificultades para atraer talento y una menor capacidad innovadora.
El valor económico de la experiencia
Frente a este escenario, el autor propone un cambio de enfoque basado en lo que denomina el «dividendo de la experiencia». Esta idea parte de considerar el talento sénior no como un coste asociado a la edad, sino como una inversión estratégica capaz de generar valor para las organizaciones.
La colaboración entre generaciones emerge así como uno de los elementos fundamentales para el éxito empresarial. La combinación de experiencia, conocimiento práctico, innovación y nuevas competencias digitales puede convertirse en una ventaja competitiva para aquellas compañías capaces de integrar eficazmente perfiles de diferentes edades.
El libro plantea, además, la necesidad de impulsar carreras profesionales más flexibles y prolongadas, fomentar modelos de jubilación gradual, reforzar la formación continua durante toda la vida laboral y desarrollar programas estructurados de mentoría que faciliten la transmisión del conocimiento.
Combatir el edadismo y aprovechar la nueva longevidad
La reflexión sobre el futuro del empleo se completó con una mesa redonda en la que participaron expertos de ámbitos tan diversos como la política, la divulgación científica, la gestión editorial y el emprendimiento social.
Entre las conclusiones compartidas destacó la necesidad de superar los prejuicios asociados a la edad y reconocer el potencial que representa una población cada vez más longeva. Los participantes coincidieron en que la experiencia debe considerarse un activo estratégico y que la diversidad generacional puede convertirse en un importante motor de creatividad e innovación.
Asimismo, se puso de relieve que la longevidad está modificando profundamente la forma de entender las distintas etapas vitales. Las nuevas generaciones de mayores llegan a esta fase con mayores niveles de autonomía, formación y participación social, lo que obliga a revisar muchos de los estereotipos tradicionales sobre el envejecimiento.
Los expertos reunidos durante el encuentro coincidieron en que las organizaciones deberán adaptar sus estructuras, modelos de liderazgo y políticas de recursos humanos a una realidad en la que convivirán trabajadores de distintas generaciones durante más tiempo que nunca. La gestión del conocimiento, la formación permanente, la flexibilidad laboral y la creación de entornos inclusivos serán factores determinantes para garantizar la sostenibilidad del mercado laboral y la competitividad empresarial.









