Cada vez más personas mayores incorporan Internet y las nuevas tecnologías a su vida cotidiana. Esta afirmación viene avalada por un seguimiento que vienen realizando distintas organizaciones y analizada desde hace tiempo por Fundación Mapfre. El objetivo que se ha marcado esta entidad es tratar de no dejar atrás a este colectivo que, dicho sea de paso, representa un hueco cada vez más creciente en la pirámide poblacional española.
Volviendo a la digitalización, el VI Barómetro del Consumidor Sénior, elaborado por el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación MAPFRE, constata con datos reales un crecimiento sostenido del uso habitual de Internet entre los mayores de 55 años. Especial atención merecen los números que se dan entre quienes tienen entre 65 y 74 años, donde el uso frecuente de Internet ha pasado del 65,1% al 75%. Si bien la cifra baja entre los mayores de 85 años, también se observa un incremento relevante de los que usan la red en esta franja de edad, pasando del 11,4% al 17%.
Vistos estos datos, es evidente que la tecnología se asienta cada vez más en los sénior, quienes usan los recursos online para informarse, comunicarse, realizar gestiones y acceder a servicios esenciales. Según la investigación, la consulta de medios digitales y prensa online se mantiene como la actividad más frecuente entre los mayores de 55 años, utilizada varias veces por semana por el 57% de los usuarios sénior. Le siguen las operaciones bancarias a través de Internet y el consumo de contenidos audiovisuales en plataformas de streaming, ambas con un 43%.
Las redes sociales también forman parte de los hábitos digitales de este colectivo, con un 32% de usuarios que consulta o publica contenidos de manera habitual. Sin embargo, la presencia digital de los mayores va mucho más allá. El pago mediante dispositivos móviles, el uso de asistentes inteligentes e inteligencia artificial, la gestión de aplicaciones domésticas conectadas o la realización de cursos online forman parte de un abanico creciente de actividades que evidencian una mayor familiaridad con la tecnología.
Este escenario refleja una evolución que no solo implica acceso a herramientas digitales, sino también una transformación de hábitos y comportamientos que acerca a los sénior a una participación más activa en la sociedad conectada.
El reto ya no es conectarse, sino que los sénior se desenvuelvan con confianza en el mundo digital
A pesar de este avance, persisten importantes barreras relacionadas con la confianza, la seguridad y el aprovechamiento pleno de las posibilidades que ofrece el entorno digital. El acceso a la tecnología no siempre implica sentirse cómodo utilizándola o disponer de los conocimientos necesarios para hacerlo de forma segura.
Con el objetivo de responder a esta necesidad, el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación MAPFRE y la asociación SeniorTic Mayores con Tecnología han presentado la publicación “Longevidad y Tecnología. Guía sénior para hacernos cultos digitales”, una iniciativa orientada a reforzar la autonomía digital de las personas mayores.
La guía propone una visión amplia de la alfabetización tecnológica, entendida no solo como la capacidad para utilizar herramientas digitales, sino también para comprender el funcionamiento del entorno tecnológico, proteger la privacidad, identificar riesgos, ejercer los derechos digitales y desarrollar pensamiento crítico frente a la información que circula en la red.
“Las personas mayores están cada vez más conectadas y utilizan Internet con mayor frecuencia, pero esto no siempre se traduce en confianza y criterio en el entorno digital”, señala Juan Fernández Palacios, director del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación MAPFRE, quien destaca la importancia de fortalecer las competencias digitales para garantizar una participación plena y segura.
De la banca online a la inteligencia artificial
La publicación aborda desde cuestiones básicas, como el uso de navegadores, buscadores o herramientas de accesibilidad, hasta competencias más avanzadas relacionadas con la administración electrónica, la banca digital, las compras online, las videollamadas, la protección frente a fraudes o el uso de la inteligencia artificial.
La iniciativa también pone el foco en aspectos sociales vinculados a la tecnología, como la lucha contra la soledad no deseada, la participación ciudadana o el acceso a oportunidades de aprendizaje permanente. Todo ello desde una perspectiva que sitúa a las personas mayores como protagonistas activos de la transformación digital.
Clara Bazán, directora de Seguro y Previsión Social de Fundación MAPFRE, subraya que la tecnología puede convertirse en una herramienta para mejorar la calidad de vida cuando se utiliza de forma consciente y responsable, contribuyendo a una digitalización más humana e inclusiva.

Clara Bazán,directora de Seguro y Previsión Social de Fundación Mapfre; Belén García, directora general del Servicio Público de Empleo; Juan Fernández Palacios, director del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre; Mercedes Marín, directora general de formación de la Comunidad de Madrid; y Carlos Pérez Llorens, presidente de SeniorTic Mayores con Tecnología.
El talento sénior también necesita competencias digitales
La digitalización adquiere además una dimensión estratégica en el ámbito laboral. Durante la presentación de la guía, responsables de la Comunidad de Madrid destacaron la importancia de reforzar las habilidades digitales como una herramienta clave para mejorar la empleabilidad de los trabajadores sénior. En esta región donde más de la mitad de la población supera los 45 años, las competencias tecnológicas se perfilan como un elemento esencial para favorecer la actualización profesional, impulsar el emprendimiento y aprovechar el potencial de una generación que acumula experiencia, conocimiento y capacidad de adaptación.
Desde la asociación SeniorTic, su presidente, Carlos Pérez Llorens, defiende la necesidad de superar estereotipos sobre la relación de los mayores con la tecnología. Lejos de mantenerse al margen, cada vez más personas utilizan herramientas digitales para comunicarse, gestionar su salud o acceder a servicios fundamentales, una tendencia que previsiblemente seguirá creciendo en los próximos años.
La evolución que muestran los datos confirma que la brecha digital generacional continúa reduciéndose. El desafío ya no consiste únicamente en facilitar el acceso a Internet, sino en garantizar que las personas mayores puedan desenvolverse con seguridad, autonomía y confianza en una sociedad cada vez más digitalizada.









