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La economía española está de moda. Su crecimiento es uno de los más dinámicos de la eurozona y hasta los principales analistas se quedaron bajos en sus expectativas de crecimiento para 2025. De modo, que es interesante ver cuál es la situación de una de las empresas más estratégicas del país como es Telefónica, la cual ha celebrado su Junta General de Accionistas, con un mensaje muy claro en relación a su plan estratégico hasta 2030.

La jornada, celebrada en Madrid, ha estado liderada por su presidente, Marc Murtra, y en ella se han aprobado sin fisuras todas las propuestas elevadas por el consejo de administración. Los accionistas han validado la gestión de 2025, en la que se han producido importantes desinversiones. El respaldo ha sido amplio y las cuentas del ejercicio anterior han recibido el visto bueno, al igual que la gestión del equipo directivo.

A ello se suma la renovación parcial del consejo, con la continuidad de perfiles independientes y la incorporación de nuevos miembros que buscan reforzar la diversidad y la experiencia internacional del órgano de gobierno.

Entre los nombramientos, destaca la reelección de María Luisa García Blanco como consejera independiente, así como la ratificación y designación de Anna Martínez Balañá, César Mascaraque Alonso y Mónica Rey Amado en la misma categoría. A ellos se suma la incorporación de Jane Thompson, en un movimiento que refuerza el perfil internacional del consejo en un momento clave para la compañía.

Junta-Accionistas-2026 Telefónica

Momento de la Junta de Telefónica 2026. (Fotografía: Lupe de la Vallina).

Los objetivos de Telefónica: el discurso de Marc Murtra

Pero más allá de los aspectos formales, la junta ha estado marcada por un discurso de fondo: la transformación ya no es una promesa, sino una realidad en ejecución. Así lo ha defendido el presidente de la compañía, Marc Murtra, quien ha situado el plan estratégico ‘Transform & Grow’ como el eje central de esta nueva etapa.

“Ya estamos construyendo una compañía más fuerte”, ha afirmado ante los accionistas, en un mensaje que combina determinación y prudencia. La estrategia, presentada meses atrás, plantea un horizonte de cinco años, pero según su presidente, los efectos ya son visibles. Más eficiencia, mayor disciplina financiera y una estructura más preparada para competir a escala global son algunos de los avances que la compañía reivindica.

El contexto en el que se produce esta transformación no es menor. Murtra ha subrayado que el mundo atraviesa una fase de cambios acelerados, donde la tecnología y la geopolítica redefinen las reglas del juego. En ese escenario, Telefónica aspira a desempeñar un papel protagonista en el sector de las telecomunicaciones, posicionándose como un actor clave en el acceso a los servicios digitales del futuro.

El discurso no ha evitado la autocrítica. El análisis interno que dio origen al plan estratégico identificó fortalezas evidentes —liderazgo en mercados clave, infraestructuras avanzadas o una sólida base de talento—, pero también debilidades estructurales. Entre ellas, la complejidad organizativa, la lentitud en la ejecución o la presión sobre los costes.

Las prioridades: 5 ejes para ser una de las mejores telecos europeas en 2030

A partir de ese diagnóstico, la compañía ha tomado decisiones que buscan simplificar su estructura, focalizar sus prioridades y reforzar su balance. “Transformar exige claridad, y claridad implica decidir”, ha señalado Murtra, insistiendo en que el cambio requiere asumir riesgos calculados y abandonar inercias del pasado.

La hoja de ruta se articula en torno a cinco grandes ejes. El primero apunta a la consolidación del sector en Europa, una cuestión que el grupo considera clave en un contexto de creciente competencia global. Frente a gigantes tecnológicos de Estados Unidos y China, Telefónica defiende la necesidad de construir operadores europeos con mayor escala y capacidad de inversión, como condición para garantizar la soberanía tecnológica del continente.

En esta línea, la compañía ha reforzado su presencia en mercados estratégicos como Reino Unido, al tiempo que avanza en su proceso de desinversión en Latinoamérica, reduciendo su exposición en la región Hispam. El objetivo es claro: concentrar recursos en sus cuatro mercados principales —España, Reino Unido, Alemania y Brasil— y ganar eficiencia operativa.

El segundo eje se centra en la innovación y la competitividad. Aquí, Telefónica apuesta por simplificar estructuras, potenciar el talento y desarrollar capacidades tecnológicas propias. Entre los ejemplos citados, destacan el despliegue de una cloud soberana con inteligencia artificial y baja latencia, soluciones avanzadas de conectividad para entornos críticos o el impulso a la producción audiovisual a través de su plataforma.

El cliente ocupa el tercer pilar de la estrategia. La compañía busca reforzar su propuesta de valor con más capacidad de red, mejor calidad de servicio y una oferta tecnológica más completa. En un mercado cada vez más exigente, la experiencia del usuario se convierte en un factor diferencial.

El cuarto eje trasciende el negocio. Telefónica reivindica su papel como actor institucional, tanto en España como en Europa, subrayando su contribución a la economía, la cohesión social y el desarrollo tecnológico. Iniciativas como los programas de formación en inteligencia artificial o ciberseguridad reflejan esta vocación de impacto más allá de la cuenta de resultados.

Por último, la disciplina financiera se erige como el quinto pilar. La compañía ha cumplido sus objetivos en 2025, con ingresos superiores a los 35.000 millones de euros y mejoras en rentabilidad y generación de caja. Unos resultados que, según Murtra, evidencian el paso de la intención a la ejecución.

Este mensaje de cumplimiento se ve reforzado por decisiones concretas, como el reparto del segundo tramo del dividendo del ejercicio 2025, fijado en 0,15 euros por acción y con pago previsto para el 18 de junio. Asimismo, la junta ha aprobado la continuidad de PricewaterhouseCoopers como auditor, garantizando la supervisión de las cuentas en los próximos ejercicios.

En conjunto, la jornada ha servido para consolidar la narrativa de una compañía que busca reinventarse sin perder su identidad. Telefónica se presenta como una organización en transición, que ha dejado atrás la fase de diagnóstico para entrar de lleno en la ejecución.