Dirigir es tomar decisiones

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La de directivo es una profesión de decisiones constantes, siempre hay que tomar decisiones. Decisiones en las que se comparten protagonismo racionalidad e intuición.

Decidimos si acumulamos más o menos stock, si subimos o no un precio, si contratamos o despedimos a alguien… Pero también estamos decidiendo cuando no tomamos ninguna decisión.

Toma de decisiones.

De hecho, las consecuencias de inhibirnos pueden ser muy trascendentes. ¿Acaso no tiene consecuencias no mover ficha ante un competidor que entra en nuestro mercado o un empleado que actúa indebidamente?

Crisis y decisiones

En momentos de crisis, muchas decisiones se convierten en estratégicas y vitales para nuestro futuro. Por ello, es una buena ocasión para reflexionar sobre cómo tomamos decisiones dentro de nuestras organizaciones. 

En las últimas décadas, académicos procedentes del mundo de la economía, la psicología y la dirección estratégica han identificado y descrito tres tipos de comportamientos entre los directivos en sus procesos de toma de decisiones: el analítico o racional, el intuitivo y el político. 

El proceso analítico o racional consiste en analizar y pronosticar, basándose en datos y en la información relevante disponible, las ventajas e inconvenientes de cada una de nuestras alternativas para generar la mejor decisión posible.

Análisis para tomar decisiones

En este caso la selección de la información y su análisis son fundamentales. Se trata del modelo más adecuado cuando hay que tomar decisiones estructuradas, como formular estrategias que la empresa debe seguir.

Muchas veces puede ser necesario recurrir a la intuición, que no sabe de métodos analíticos ni cálculos deliberados. Aunque se realicen estudios de mercado, nadie puede garantizar el éxito de un nuevo producto

Un ejemplo es el traslado de centros de producción si el análisis de los datos indica que esto supondrá una clara reducción de costes y ayudará a mejorar la competitividad de la empresa. 

Dirigir y tomar decisiones.

Pero la racionalidad tiene sus limitaciones, ya que los encargados de adoptar decisiones en una empresa no son omnisapientes ni disponen siempre de la información necesaria en el momento indicado.

Por eso muchas veces puede ser necesario recurrir a la intuición, que no sabe de métodos analíticos ni cálculos deliberados. Por ejemplo, aunque se realicen estudios de mercado, nadie puede garantizar el éxito de un nuevo producto, así que la intuición está presente, en mayor o menor medida, en los procesos que conducen a un nuevo lanzamiento.

De hecho, la intuición incide de una forma u otra en la mayoría de las decisiones y predomina siempre que la situación presenta aspectos que no se pueden estructurar y requieren de la experiencia acumulada del directivo. 

Con sus respectivas ventajas y limitaciones, el comportamiento racional y el intuitivo no son contradictorios ni excluyentes a la hora de tomar decisiones, sino complementarios. En la práctica, difícilmente se da un proceso puramente racional o puramente intuitivo. 

¡Cuidado con con los consejos!

Lo que puede ser muy perjudicial para las empresas es el comportamiento político, basado en objetivos particulares que entran en conflicto con los de la organización.

Estrategia.

Desgraciadamente, todos conocemos altos directivos que se rodean de consejos que no pueden llevarles la contraria o acumulan en su manos tanto poder que sus decisiones dejan de responder a los intereses de la empresa para limitarse a satisfacer sus objetivos personales.

Estos directivos con intereses particulares utilizan diversas tácticas, como la manipulación, el poder y el control de información clave, para influir en el proceso de toma de decisiones de la empresa en beneficio propio. 

Este tipo de comportamiento se da con frecuencia tanto en empresas altamente centralizadas, en las que se intenta influir en el poder central para decantar las decisiones en beneficio propio, como en organizaciones muy descentralizadas, en las que cada cual tiene un margen de autonomía muy alto.

Partiendo de la base de que resulta inevitable a todos los niveles, el mejor antídoto contra el comportamiento político es inspirar confianza entre aquellos que tienen en sus manos la toma de decisiones de la empresa.

Ningún directivo puede controlar por completo todos los factores que inciden en las diferentes decisiones, pero conocer los posibles comportamientos que las generan nos permitirá tener una mejor visión de la situación y tomar decisiones con más fundamento. 


Por Miguel A. Ariño – Profesor Ordinario del departamento de Análisis de Decisiones.

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