Las personas no suelen prestar atención a síntomas que van y vienen. Que aparecen y desaparecen. Sin embargo si este es repetitivo, es mejor acudir a un especialista para que nos dé su punto de vista y realice, si considera, alguna prueba. Esta es la típica situación de alguien que siente dolor al camina y dicho dolor desaparece ya en reposo. No se le presta atención ni se le da importancia, pero podría ser una claudicación intermitente o un síndrome del escaparate (como si se parara a mirar tiendas), una señal de alerta de la enfermedad arterial periférica (EAP).
La EAP afecta a millones de personas, especialmente en edades avanzadas, pero sigue siendo una gran desconocida para buena parte de la población. Su impacto, sin embargo, puede ser grave: desde limitaciones en la movilidad hasta complicaciones como úlceras, infecciones o incluso amputaciones.
Expertos como el doctor Pablo Gallo González, jefe de Servicio. Jefe del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular del Hospital Ruber Internacional, recomiendan no ignorar síntomas como el dolor al caminar porque la detección precoz de la enfermedad arterial periférica es clave para evitar complicaciones futuras.

Los doctores Zubicoa y Gallo (Hospital Ruber Internacional).
Las complicaciones de la EAP
El dolor al caminar es solo un síntoma. Lo crítico es lo que puede venir después. En la EAP, las arterias se estrechan o se obstruyen y se acumulan placas de grasa, colesterol y calcio en las paredes arteriales. Este estrechamiento reduce el flujo sanguíneo y limita el aporte de oxígeno a los tejidos, lo que explica los síntomas en las extremidades. Pero su relevancia no se limita a las piernas.
“La enfermedad arterial periférica es un marcador de enfermedad sistémica”, explica el doctor Santiago Zubicoa, radiólogo intervencionista especializado en patología vascular del Ruber. “Estos pacientes tienen mayor riesgo de sufrir eventos como un infarto de miocardio o un ictus”. En otras palabras, detectar la EAP no solo permite tratar un problema local, sino anticipar posibles complicaciones cardiovasculares de mayor gravedad.
Entre los principales factores de riesgo destacan la edad, la diabetes, la hipertensión y el colesterol elevado. Sin embargo, hay uno que sobresale por su impacto y por ser modificable: el tabaquismo. Fumar acelera el deterioro de las arterias y multiplica el riesgo de desarrollar esta patología.
En sus fases iniciales, la enfermedad puede no presentar síntomas evidentes, lo que dificulta su diagnóstico. A medida que progresa, pueden aparecer señales como sensación de frío en las piernas, cambios en la coloración de la piel o heridas que tardan en cicatrizar. Cuando el dolor aparece incluso en reposo o surgen lesiones cutáneas, la enfermedad se encuentra en fases avanzadas que requieren atención urgente.
Diagnóstico sencillo, tratamiento eficaz
A pesar de su potencial gravedad, el diagnóstico de la EAP es relativamente sencillo. Se basa en la historia clínica, la exploración física y pruebas no invasivas como el índice tobillo-brazo o el eco-Doppler arterial, que permiten evaluar el flujo sanguíneo.
El tratamiento, por su parte, combina cambios en el estilo de vida con intervenciones médicas. Dejar de fumar, controlar la diabetes y la presión arterial, realizar ejercicio físico y seguir una dieta equilibrada son pilares fundamentales.
A esto se suman tratamientos farmacológicos que ayudan a prevenir complicaciones y, en casos necesarios, técnicas mínimamente invasivas como la angioplastia o la colocación de stents. En situaciones más graves, puede ser necesaria la cirugía vascular.
Prevención: la mejor estrategia
En una población cada vez más envejecida, la EAP representa un desafío creciente para los sistemas de salud. Sin embargo, en muchos casos puede prevenirse o controlarse mediante hábitos de vida saludables. La clave, insisten los especialistas, está en la concienciación. Reconocer los síntomas y acudir al médico a tiempo puede marcar la diferencia entre una enfermedad controlada y complicaciones irreversibles. “La detección precoz es fundamental”, concluye el doctor Zubicoa. “Actuar a tiempo permite evitar consecuencias graves y mejorar la calidad de vida de los pacientes”.









