Quedarse despierto hasta altas horas para terminar un capítulo, prometerse “solo diez páginas más” y acabar el libro de madrugada o sentir un extraño vacío cuando una serie llega a su fin no son simples hábitos culturales ni falta de autocontrol. Detrás de este enchanche que tienen muchas personas se esconde una compleja combinación de procesos psicológicos, biológicos y evolutivos que convierten la narrativa en una experiencia profundamente gratificante para el cerebro humano. Y sí, el consumo moderado de series y la lectura son beneficiosos para nuestro bienestar, según la explicación de Ana Belén Pistón, neuropsicóloga del servicio de Psicología Clínica del Hospital Quirónsalud Córdoba.
La experta señala que el ser humano está, literalmente, diseñado para conectar con las historias. “Cuando nos sumergimos en un relato, nuestro cerebro no actúa como un observador externo, sino como un participante activo”, explica. Emociones, recuerdos y expectativas se ponen en marcha casi de forma automática, generando una implicación que va mucho más allá del entretenimiento.

Ana Belén Pistón.
Empatía: el motor emocional del enganche
Uno de los mecanismos clave que explican este fenómeno es la empatía. Al seguir una historia, el cerebro reconoce emociones que ya ha experimentado y las proyecta sobre los personajes. Este proceso activa regiones cerebrales similares a las que intervienen cuando vivimos esas situaciones en primera persona. La consecuencia es una conexión emocional inmediata que hace que el destino de los protagonistas nos importe de verdad.
Esa identificación impulsa el deseo de continuar, de anticipar un desenlace y de comprobar si las expectativas se cumplen. El suspense juega aquí un papel fundamental: mantiene la atención focalizada y reduce la percepción del entorno. El tiempo pasa sin que apenas lo notemos porque el cerebro prioriza la resolución de la historia frente a cualquier otra tarea.
Ver series y leer libros nos sirven para desconectar
A la empatía se suma otro factor clave en la sociedad actual: la necesidad de evasión. En un contexto marcado por la sobrecarga mental, las rutinas exigentes y la constante exposición a estímulos, los libros y las series se han convertido en un refugio emocional accesible y eficaz.
Durante la lectura o el visionado, el cerebro libera dopamina de manera continuada. Este neurotransmisor está directamente implicado en los sistemas de recompensa, el estado de ánimo y la motivación. La sensación de placer que genera refuerza la conducta y explica por qué tendemos a repetirla. No se trata solo de desconectar, sino de obtener una gratificación emocional que el cerebro reconoce como valiosa.
La fascinación por las historias no es un fenómeno moderno. Mucho antes de la escritura, la narrativa oral fue una herramienta esencial para transmitir conocimientos, normas sociales y advertencias sobre peligros. Desde la perspectiva de la Psicología Evolutiva, contar y escuchar historias fue una ventaja adaptativa que aumentó las probabilidades de supervivencia.
Esa huella ancestral permanece activa. El cerebro actual sigue respondiendo a las historias como lo hacía el de nuestros antepasados, interpretándolas como una fuente de aprendizaje y preparación para el mundo real. Por eso, incluso en contextos de ficción, las narraciones siguen teniendo un impacto tan profundo.
El atractivo del género del suspense y el miedo
El éxito de los géneros de suspense, terror o misterio responde a una combinación de curiosidad, atracción por lo extraordinario y búsqueda de sensaciones intensas en un entorno controlado. Estas historias permiten experimentar miedo, tensión o adrenalina sin un riesgo real, lo que resulta especialmente estimulante para muchas personas.
Además, este tipo de contenidos actúa como un “ensayo mental”. El cerebro simula posibles escenarios extremos y ensaya respuestas emocionales y cognitivas ante ellos. Este entrenamiento simbólico puede aumentar la sensación de control y preparación frente a situaciones difíciles, reforzando el atractivo del relato.
El vacío tras el final: un pequeño duelo emocional
Cuando una historia termina, no es extraño sentir una especie de tristeza o sensación de pérdida. Durante días, incluso semanas, los recuerdos de los personajes y de las tramas siguen presentes. “Hemos convivido con ellos, nos hemos identificado y han formado parte de nuestra rutina emocional”, explica Pistón. El cerebro necesita tiempo para desvincularse de esa fuente constante de estimulación y compañía.
Este fenómeno, lejos de ser negativo, refleja el grado de implicación emocional que generan las historias bien construidas y la capacidad de la narrativa para crear vínculos simbólicos duraderos.









