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Goretti, Harry, Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo, Marta, Nils… Este es el listado de nombres de las borrascas que se han sucedido en España y que han afectado a muchos ciudades en España. La sucesión de lluvias está causando estragos en la sociedad, pero más allá de la seguridad y la logística, tanta agua también esta afectando a la salud, especialmente en el plano mental. De ello habla para Directivos y Empresas la psicóloga Clara Anaya, del Hospital Quirónsalud Córdoba.

Y es que el tren de borrascas en España no está poniendo tristes. El 60% de la población reconoce sentirse con menos energía y con mayores cambios de humor cuando el mal tiempo se alarga durante semanas como es el caso actual. Una región acostumbrada el buen tiempo cambia la cara en estos días pasados por (mucha agua). El paso de los días con este mismo panorama se está traduciendo en más cansancio, apatía o desmotivación.

Las borrascas en España, le menor luz y la serotonina…

Más allá de las lluvias, buena parte del estado de ánimo descrito viene desde los en la exposición lumínica, según detalla la experta. En los días nublados, la exposición a la luz natural disminuye de forma significativa. Este factor es clave porque la luz solar está directamente relacionada con la producción de serotonina, un neurotransmisor fundamental en la regulación del estado de ánimo.

“La serotonina está asociada a la sensación de bienestar, relajación y satisfacción. Cuando sus niveles aumentan, nos sentimos más equilibrados y optimistas. Cuando disminuyen, pueden aparecer tristeza, alteraciones en el apetito y dificultades de concentración”, señala Clara Anaya.

La reducción de luz no solo afecta a la serotonina. También puede incrementar la producción de melatonina, la hormona encargada de regular el sueño. Este aumento puede provocar mayor somnolencia, sensación de fatiga constante y falta de energía. En consecuencia, muchas personas afrontan el día “con la sensación de tener las pilas descargadas”, lo que puede derivar en irritabilidad y apatía. El resultado es una combinación de factores biológicos que predisponen a un estado emocional más bajo durante los periodos prolongados de lluvia.

psicóloga Clara Anaya

Clara Anaya.

Estar más tiempo en casa…

Más allá de los cambios hormonales, el clima influye también en nuestros comportamientos. Los días lluviosos invitan a permanecer más tiempo en casa, reduciendo la interacción social y las actividades al aire libre.

“El contacto social es un elemento protector muy importante en la regulación emocional y en el fortalecimiento de la autoestima”, explica Anaya. Cuando se reduce la vida social y las actividades placenteras, aumenta el riesgo de experimentar sentimientos de soledad.

El encierro prolongado puede además favorecer hábitos poco saludables. El sedentarismo aumenta y es más frecuente recurrir a alimentos ultraprocesados o ricos en azúcares y grasas. Aunque este tipo de comida puede proporcionar un alivio momentáneo —al activar circuitos de recompensa en el cerebro—, a medio y largo plazo puede generar sentimientos de culpa y vergüenza que terminan agravando el malestar emocional.

Asimismo, cuando dejamos de realizar actividades que nos resultan gratificantes —como pasear, practicar deporte o quedar con amigos— el cerebro recibe menos estímulos positivos. Esta disminución puede desembocar en apatía, frustración o incluso sensación de desesperanza.

La alteración constante de planes también afecta a la percepción de productividad. Cuando los días se suceden con mal tiempo, muchas personas sienten que “rinden menos”, lo que incrementa la insatisfacción personal.

Factores psicológicos y culturales

No todo se explica por la biología. Los días lluviosos también tienen una dimensión simbólica y cultural. Para muchas personas, la lluvia se asocia con nostalgia, melancolía o soledad. “Nuestro cerebro aprende por asociación”, recuerda la psicóloga. Si en experiencias anteriores hemos vivido momentos tristes en días lluviosos, es posible que se refuerce esa conexión emocional. De este modo, cada nuevo episodio de mal tiempo puede activar recuerdos y sensaciones similares, incluso aunque la situación actual no justifique ese estado de ánimo.

El imaginario colectivo también influye. En el cine, la literatura o la música, la lluvia suele acompañar escenas de introspección, ruptura o tristeza. Estos mensajes culturales pueden consolidar esa percepción emocional.

Cómo contrarrestar el efecto de los días grises

A la espera de que el tiempo dé una tregua, que parece que será después de San Valentín, la psicóloga deja unas cuantas claves para minimizar el impacto de estos días en nuestro estado de ánimo:

  • Una de las recomendaciones principales es aprovechar al máximo la luz natural disponible. Salir durante los intervalos sin lluvia, abrir cortinas y mantener los espacios bien iluminados puede ayudar a estimular la producción de serotonina.
  • La actividad física es otro pilar fundamental. Incluso realizar ejercicio en casa contribuye a liberar endorfinas, neurotransmisores vinculados al bienestar y a la reducción del estrés.
  • Mantener el contacto social también resulta clave. Compartir tiempo con familiares y amigos —de forma presencial o virtual— ayuda a combatir la sensación de aislamiento y refuerza el apoyo emocional.
  • Asimismo, dedicar tiempo a actividades placenteras como cocinar, leer, practicar una afición o ver una película permite mantener la mente activa y generar estímulos positivos. Estas pequeñas acciones contribuyen a romper el círculo de la apatía.
  • Por último, cuidar la alimentación es esencial. Optar por una dieta equilibrada, rica en alimentos frescos y nutritivos, ayuda a mantener niveles de energía estables y favorece un mejor estado anímico.