La forma en que una sociedad envejece no se mide solo en años, sino en cómo las personas mayores perciben su salud, su bienestar y su lugar en el mundo. En España, donde la longevidad es una de las más altas de Europa, esta autopercepción se ha convertido en un indicador clave para entender los desafíos del presente y anticipar los del futuro. En el caso concreto de Canarias, los datos más recientes dibujan una realidad compleja: mientras la población sénior mantiene una valoración razonablemente positiva de su salud física, la percepción del bienestar emocional se sitúa claramente en un nivel más bajo.
Según el estudio Séniors y Salud en España, elaborado por el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre en colaboración con IDIS y Lukkap, las personas canarias de entre 55 y 75 años puntúan su salud física con una media de 7,4 sobre 10, prácticamente en línea con la media nacional. Sin embargo, cuando se trata de la salud emocional, la nota desciende hasta los 4,3 puntos, una cifra que evidencia un desequilibrio significativo entre cuerpo y mente en esta etapa de la vida.
El informe, presentado en Las Palmas de Gran Canaria, analiza cómo las personas mayores afrontan su día a día y cómo perciben su bienestar en un contexto marcado por el envejecimiento poblacional. Los resultados muestran que vivir más no siempre equivale a vivir mejor, especialmente cuando entran en juego factores emocionales, sociales y de reconocimiento personal que no siempre reciben la misma atención que la salud física.
La valoración de los séniors canarios
Uno de los datos más reveladores del estudio es la valoración global del bienestar. En Canarias, la población sénior otorga a su bienestar general una puntuación media de 6,8 sobre 10, claramente por debajo de la media nacional, que se sitúa en 7,2. Aunque no se trata de una valoración negativa, sí refleja una percepción más contenida y deja margen para mejorar la calidad de vida en edades avanzadas dentro del archipiélago.
El análisis por comunidades autónomas pone de manifiesto diferencias territoriales relevantes. Regiones como Navarra, La Rioja o la Comunidad de Madrid lideran la valoración de la salud global, superando el notable. En cambio, Canarias y el Principado de Asturias son las únicas que no alcanzan esa barrera, situándose entre las puntuaciones más bajas del país. Estas diferencias sugieren que el contexto social, económico y sanitario influye de manera directa en cómo se vive y se percibe el envejecimiento.
Cuando se observa el detalle de la salud física, Canarias se sitúa en una posición intermedia, comparable a otras comunidades y por encima incluso de algunas regiones tradicionalmente bien valoradas. Sin embargo, el contraste aparece con claridad en el plano emocional. La puntuación obtenida por la población sénior canaria se encuentra entre las más bajas de España, solo por encima de unas pocas comunidades. En todo el país, apenas Navarra y La Rioja superan el aprobado en bienestar emocional, lo que apunta a un problema de alcance nacional, pero especialmente acentuado en ciertos territorios.
A pesar de este panorama, el estudio también revela aspectos positivos que ayudan a comprender la complejidad del envejecimiento. Las personas mayores en Canarias destacan por la satisfacción que encuentran en cuidar de los demás, una dimensión que alcanza una valoración notable. Asimismo, mantienen un nivel razonable de ilusión por sus planes futuros y una percepción de sentirse valoradas que, aunque no sobresale, se sitúa en niveles aceptables. Estos datos subrayan la importancia de los vínculos personales, la utilidad social y el sentimiento de pertenencia como pilares del bienestar en edades avanzadas.
Factores de mejora para la longevidad
No obstante, en aspectos como la ilusión por el futuro y el reconocimiento social, Canarias se sitúa entre las comunidades con menor puntuación. Este hecho apunta a la necesidad de reforzar las oportunidades de participación, los proyectos vitales y el reconocimiento del papel activo que las personas mayores desempeñan en la sociedad. En un contexto de elevada longevidad, mantener un propósito vital se convierte en un factor tan determinante como la ausencia de enfermedad.
El estudio también invita a reflexionar sobre los hábitos que influyen directamente en un envejecimiento saludable. La evidencia es clara: una alimentación equilibrada, basada en frutas, verduras y patrones como la dieta mediterránea, contribuye de forma decisiva al bienestar general. Del mismo modo, la actividad física regular, adaptada a cada edad, mejora la movilidad, previene enfermedades y refuerza la autonomía personal.
A estos factores se suma el cuidado de la salud emocional, un ámbito que requiere cada vez mayor atención. Gestionar el estrés, mantener una actitud positiva, fomentar las relaciones sociales y participar en actividades comunitarias son elementos clave para preservar la salud mental. Dormir lo suficiente, evitar el tabaco y moderar el consumo de alcohol completan un conjunto de hábitos que, combinados, pueden marcar la diferencia en la calidad de vida.
En definitiva, los datos sobre la población sénior en Canarias reflejan un reto de fondo: avanzar hacia un modelo de envejecimiento que no se limite a sumar años, sino que garantice bienestar físico, emocional y social. Porque en una sociedad cada vez más longeva, el verdadero desafío no es vivir más tiempo, sino vivirlo con plenitud.









