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¡Cuántas veces llegamos derrotados a casas después de una jornada de trabajo! La vida es intensa y todo se acelera. No nos da tiempo a parar y acudimos a formas rápidas que nos hacen ver que podemos recuperar energía. Dietas, suplementos, tecnología puntera… Todo vale para creer que podemos salir de ese cansancio. Queremos todo muy rápido y, al final, dejamos de dormir bien, comemos con miedo y nos movemos menos. Y para mas inri, el tiempo lluvioso y la sucesión de borrascas en España también parece alterar nuestro estado de ánimo.

Pues bien, para recuperar la energía no hace falta nada de eso, sino ir a los clásicos y volver a lo esencial. Jesús Herenas lo explica todo en su libro Supervital. Recupera tu energía en 5 sencillos pasos (Alienta Editorial). El autor, educador del movimiento de fuerza, autoconocimiento y entrenador personal en Sport Center Plus, mantiene que la verdadera energía no se compra en una lata ni en una cápsula. No depende de cafés, bebidas energéticas o suplementos que actúan como parches temporales. Para Herenas, la vitalidad sostenible descansa en cinco ámbitos fundamentales: entorno natural, actividad física, alimentación, relaciones sociales de calidad y salud mental. Estos son los pilares para recuperar la energía.

5 pilares para recuperar la energía

Sobre estos ejes pivota todo el libro en el que Herreras defiende un enfoque holístico para conectar entorno, cuerpo, alimentación, vínculos y mente. Desde estos pilares se puede conseguir lo que el autor denomina como “supervitalidad”, es decir, una integración entre salud física, bienestar mental y equilibrio social.

En el primer capítulo, Herenas recupera la definición clásica de salud de la Organización Mundial de la Salud, que la describe como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solo como la ausencia de enfermedad. Para el autor, este matiz es clave: el bienestar no puede reducirse a no estar enfermo.

A lo largo del texto, critica la identificación automática entre salud y medicalización, y cuestiona la cultura del “arreglo rápido”. Con un tono provocador, repasa incluso el origen histórico de la industria farmacéutica vinculándolo a figuras como John D. Rockefeller y Andrew Carnegie, en una reflexión sobre el papel de los intereses económicos en la configuración del sistema sanitario moderno.

Más allá de la polémica, su tesis es clara: la mejor medicina es enseñar a las personas a no necesitarla constantemente. Para ello introduce conceptos fisiológicos como homeostasis —equilibrio interno— y alostasis —adaptación al entorno—, subrayando que el cuerpo humano está diseñado para sobrevivir y adaptarse, pero necesita estímulos adecuados para hacerlo.

Reconectar con el entorno natural

Uno de los capítulos más extensos se centra en el entorno natural. Herenas describe lo que denomina un “desfase evolutivo”: nuestros cuerpos, moldeados durante miles de años por ciclos de luz, frío, escasez y movimiento, viven hoy en una comodidad artificial constante.

El ejemplo más evidente es el ritmo circadiano. “Nuestro problema comienza cuando ya no es el sol quien pone en hora nuestro reloj interno”, escribe, aludiendo al impacto de las pantallas y la luz artificial sobre la producción de melatonina y cortisol. La alternancia natural entre luz solar y oscuridad, defiende, regula procesos hormonales esenciales que hoy alteramos sistemáticamente.

El autor también reivindica la exposición moderada al frío como estímulo positivo para el sistema inmunitario y cuestiona ciertas prácticas de suplementación desvinculadas de hábitos básicos como la exposición solar responsable.

Movimiento como necesidad biológica

En el apartado dedicado a la actividad física, Herenas critica el sedentarismo contemporáneo, alimentado por el uso constante de dispositivos móviles y trabajos de oficina prolongados. Su propuesta no pasa necesariamente por rutinas complejas, sino por recuperar patrones básicos de movimiento: empujar, traccionar, saltar, correr o girar.

La fuerza ocupa un lugar central en su planteamiento. La define como “la reina de todas las capacidades físicas”, base sobre la que se construyen la resistencia, la potencia o la movilidad. Entrenar sin atender a la fuerza, sostiene, es un error estructural.

Alimentación sin miedo

El capítulo sobre alimentación desmonta la obsesión contemporánea por las dietas restrictivas. Herenas recuerda que el término “dieta” proviene del griego díaita, vinculado al estilo de vida en su conjunto y no a un régimen puntual de verano. “Lo que es comida, se come; lo que no lo es, no”, resume de forma provocadora. Más allá de recomendaciones concretas, invita a revisar la relación emocional con la comida y a recuperar un enfoque sencillo, menos condicionado por productos ultraprocesados y modas nutricionales.

Relaciones y salud mental

Los dos últimos pilares —factores sociales y salud mental— completan el enfoque integrador del libro. Herenas sostiene que la energía no depende solo de lo que ingerimos o de cuánto nos movemos, sino también de la calidad de nuestras relaciones y de nuestra capacidad para gestionar pensamientos y emociones.

En el ámbito social propone una “dieta détox de creencias limitantes”, invitando al lector a revisar narrativas internas que condicionan su forma de vivir. En cuanto a la salud mental, alerta sobre la hiperconectividad y el agotamiento cognitivo: “Vivimos con la mente pendiente de todo sin resolver nada, agotados, pero incapaces de desconectar”.