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Elegir dónde vivir cuando la oficina puede estar a cientos o miles de kilómetros ha añadido un nuevo factor a la competencia entre ciudades. Y España tiene argumentos económicos para jugar esa partida.

Trabajar en remoto y vivir de alquiler en las ciudades españolas analizadas cuesta una media de 1.763 euros mensuales, cifra que aumenta hasta los 1.955 euros cuando se incorpora un espacio de coworking.

El resultado es aproximadamente un 10% menos que la media de las ciudades europeas.

Así lo refleja la edición 2026 del Working Abroad Index elaborado por bunq, que compara 75 ciudades populares entre los nómadas digitales de todo el mundo, 48 de ellas europeas. En España analiza Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga y Las Palmas de Gran Canaria.

Sin embargo, la ventaja española esconde una realidad significativa: la vivienda no es barata frente a Europa.

La diferencia aparece después de pagar el alquiler.

Teletrabajo en España: la ventaja no está en el precio de la vivienda

El alquiler representa una de las principales partidas para cualquier profesional que decide trasladarse a otra ciudad.

Y en este terreno España prácticamente ha perdido su tradicional ventaja de costes.

El alquiler medio de las cinco ciudades españolas incluidas en el estudio alcanza los 1.092 euros mensuales, frente a los 1.099 euros del promedio europeo.

La diferencia es de apenas siete euros. Es decir, la competitividad española como destino para profesionales en remoto no puede explicarse por una vivienda especialmente asequible.

El dato resulta particularmente interesante en un momento en el que las grandes ciudades españolas intentan atraer profesionales internacionales, empresas tecnológicas y trabajadores con elevada movilidad.

Para encontrar la ventaja hay que mirar al resto de la factura mensual.

El transporte público cuesta un 47% menos

Uno de los mayores diferenciales aparece en la movilidad.

El transporte público en las ciudades españolas con datos comparables tiene un coste medio mensual de 34,68 euros, frente a los 65,75 euros de la media europea.

Eso supone aproximadamente un 47% menos. Existen ciudades donde la diferencia es todavía más visible.

Málaga registra un coste de 23,95 euros mensuales, mientras que Barcelona se sitúa en 30,55 euros.

Para un trabajador en remoto puede parecer una partida secundaria frente al alquiler, pero el atractivo económico de una ciudad se construye mediante la suma de todos sus costes recurrentes.

Y es ahí donde España comienza a distanciarse.

Luz, agua, internet y móvil: un 33,5% menos que en Europa

La segunda gran diferencia aparece en las facturas domésticas.

El gasto conjunto en suministros de luz, agua y gas, además de telefonía móvil e internet, alcanza los 185,98 euros mensuales en España.

La media europea asciende a 279,58 euros.

La diferencia es del 33,5%.

Para un profesional que desarrolla buena parte de su actividad desde casa, algunos de estos servicios son especialmente importantes.

La conectividad deja de ser simplemente un gasto doméstico y se convierte también en una herramienta profesional.

La cesta de la compra refuerza la diferencia, aunque de forma más moderada. El estudio calcula un gasto mensual medio de 287,42 euros en las ciudades españolas, un 10,3% inferior al promedio europeo.

Más de 10.000 euros de ahorro frente a Países Bajos

Cuando todas las partidas se agregan, la diferencia puede alcanzar cantidades relevantes.

Según los cálculos incluidos en el estudio, un nómada digital establecido en España gasta de media 321 euros menos al mes que en Alemania.

La diferencia aumenta hasta 542 euros frente al Reino Unido y alcanza los 834 euros mensuales respecto a Países Bajos.

En este último caso, elegir una ciudad española supondría un ahorro anual aproximado superior a 10.000 euros.

Para profesionales capaces de trabajar desde diferentes países, el coste de vida puede convertirse en una variable importante a la hora de elegir residencia.

Y eso abre una cuestión que va más allá del teletrabajo.

Las ciudades compiten cada vez más por atraer talento con capacidad de elegir dónde vivir.

Valencia ofrece el mejor equilibrio de costes

Dentro de España también existen diferencias considerables.

Valencia aparece en el estudio como la ciudad española con mejor equilibrio entre costes y servicios, con un presupuesto mensual de 1.667,49 euros incluyendo coworking.

Uno de sus puntos fuertes está precisamente en los espacios profesionales.

La ciudad registra el segundo coworking más barato de Europa, con un coste de 119,50 euros mensuales.

A ello se suma una cesta de la compra estimada en 252,45 euros.

El posicionamiento resulta especialmente interesante porque Valencia puede competir sin necesidad de entrar en la categoría de los destinos europeos de mayor coste.

Para los profesionales móviles, esa combinación puede ser más relevante que conseguir el precio mínimo absoluto.

Madrid y Barcelona rondan ya los 2.000 euros mensuales

Madrid y Barcelona presentan un perfil diferente. Las dos grandes capitales españolas se aproximan a los 2.000 euros mensuales incluyendo coworking.

Madrid alcanza concretamente los 2.011,67 euros, mientras que Barcelona se sitúa en 1.980,03 euros.

No son, por tanto, destinos low cost.

Sin embargo, el informe destaca que continúan costando más de 1.000 euros mensuales menos que hubs internacionales como Londres o Dublín.

Esta diferencia permite a ambas ciudades situarse en una posición intermedia: grandes capitales internacionales con costes relevantes, pero todavía inferiores a algunos de sus principales competidores europeos.

El problema es la evolución.

El coste de vivir en Madrid aumenta un 9,8%

Madrid proporciona una señal de advertencia sobre la sostenibilidad de esta ventaja.

El Working Abroad Index 2026 detecta un incremento interanual del coste total del 9,8% en la capital. Y casi tres cuartas partes de esa subida se explican por el encarecimiento del alquiler.

El dato conecta directamente con una de las principales debilidades del modelo español.

Transporte, suministros y alimentación pueden ofrecer una ventaja frente a otras ciudades europeas, pero si la vivienda continúa aumentando su peso, parte de esa competitividad puede desaparecer.

La capacidad para atraer profesionales no depende únicamente de generar empleo o disponer de conectividad.

El coste residencial también forma parte de la competitividad de una ciudad.

Málaga mantiene contenidos los costes cotidianos

Málaga aparece como otro de los destinos españoles competitivos.

El coste de vida sin coworking se sitúa en 1.505,57 euros mensuales y registra el transporte público más económico de la muestra española, con 23,95 euros.

Su caso resulta interesante por la creciente importancia de la ciudad como destino profesional.

El teletrabajo permite que determinadas decisiones residenciales ya no estén condicionadas exclusivamente por la ubicación física de la empresa.

Una persona puede trabajar para una compañía situada en otra ciudad o incluso en otro país y elegir su residencia en función de una combinación de costes y preferencias personales.

Esa transformación amplía el número de ciudades capaces de competir por el talento.

Las Palmas registra el coste más bajo entre las ciudades españolas

Si el criterio fundamental es el coste, Las Palmas de Gran Canaria ocupa la primera posición dentro de la muestra española.

El estudio sitúa su presupuesto publicado en 1.383,18 euros, el menor de las cinco ciudades analizadas.

Una parte importante de esa ventaja procede de la vivienda: el alquiler considerado por el índice asciende a 799,89 euros mensuales.

La diferencia frente a Madrid es considerable y refleja cómo el trabajo remoto puede modificar también el tradicional mapa de oportunidades profesionales.

Cuando trabajar deja de exigir vivir cerca de la sede de una empresa, ciudades de distinto tamaño pueden entrar en la competición.

El teletrabajo cambia la competencia por el talento

Joe Wilson, Chief Evangelist de bunq, resume esta transformación señalando que el teletrabajo ha cambiado la relación entre el lugar en el que se vive y aquel desde el que se trabaja.

Los profesionales con capacidad para trabajar a distancia pueden introducir nuevas variables en sus decisiones: coste de vida, servicios disponibles y estilo de vida, además de la ubicación de su empresa.

Desde una perspectiva empresarial, el fenómeno tiene una segunda lectura. Si una compañía permite trabajar de forma remota, su mercado potencial de talento puede dejar de estar limitado al entorno geográfico de sus oficinas.

Pero esa misma flexibilidad también aumenta la competencia.

El profesional dispone de más opciones para elegir empresa y residencia.

España tiene una ventaja, pero la vivienda amenaza con reducirla

Los datos del Working Abroad Index 2026 dibujan una posición competitiva para España.

El coste total resulta un 10% inferior al promedio de las ciudades europeas analizadas. El transporte es aproximadamente un 47% más barato. Los suministros y comunicaciones cuestan un 33,5% menos y la cesta de la compra presenta una diferencia favorable del 10,3%.

Pero el alquiler español ya está prácticamente alineado con el promedio europeo.

Esa es probablemente la cifra que más deberían vigilar las ciudades.

Madrid demuestra hasta qué punto el encarecimiento residencial puede deteriorar rápidamente la ventaja: su coste total ha aumentado un 9,8% en un año y el alquiler explica la mayor parte de esa subida.

El teletrabajo en España ofrece una oportunidad para atraer profesionales internacionales y distribuir talento más allá de los tradicionales centros empresariales.

Valencia, Málaga o Las Palmas muestran que existen alternativas a las dos grandes capitales.

Sin embargo, conservar esa posición dependerá de algo más que disponer de buen clima, conectividad o transporte asequible.

España es hoy competitiva para trabajar en remoto pese al precio de la vivienda, no gracias a él. Y si el alquiler sigue creciendo, esa diferencia puede empezar a estrecharse.