Ese banco de pruebas que fue hace no mucho la inteligencia artificial en las empresas ha traído cambios evidentes en la operativa y el día a día de los negocios. Un post de Microsoft compartido por su director de Marketing de IA aplicada al trabajo, Jared Spataro, explica en qué ha cambiado dicha operativa para aquellas firmas que hoy son maduras con esta tecnología.
Este portavoz de una de las corporaciones que más ha contribuido a esta evolución con sus herramientas identifica cuatro roles de profesionales que están detrás de la transformación. Desde el perfil de las personas, se puede entender mucho mejor el nuevo mindset de las organizaciones.
Para empezar, Spataro, distingue como primer nivel el de “autor”. En este caso, la inteligencia artificial actúa como una herramienta de apoyo. El profesional sigue siendo el protagonista, pero recurre a la IA para tareas concretas: redactar un texto, generar una idea o resolver un problema puntual. Es el modelo más extendido en la actualidad y el más intuitivo.
Un paso más allá se sitúa el “editor”. Aquí, el proceso se invierte parcialmente: la IA genera un primer borrador y el humano lo revisa, ajusta y valida. Este patrón, cada vez más común en ámbitos como el marketing, la comunicación o el análisis de datos, acelera la producción sin eliminar la supervisión humana.
El cambio cualitativo en el uso de la IA
El tercer nivel, el “director”, introduce un cambio cualitativo. El profesional ya no ejecuta directamente las tareas, sino que define especificaciones y delega en la IA la realización de procesos completos. La tecnología opera de forma autónoma en segundo plano, mientras la persona se centra en la toma de decisiones.
Finalmente, el modelo del “orquestador” representa el estadio más avanzado. En él, varios agentes inteligentes trabajan de forma coordinada dentro de un flujo diseñado por el humano, que solo interviene cuando es necesario resolver incidencias o tomar decisiones estratégicas. No se trata de sustituir a las personas, sino de redefinir su papel.
Este esquema, que nació en el desarrollo de software, está empezando a trasladarse a otras áreas empresariales. Sin embargo, la mayoría de los directivos aún no tiene claro cómo abordar esta transición. El desafío, según refleja lo publicado por Microsoft, no es adoptar herramientas de inteligencia artificial, sino rediseñar el trabajo en torno a ellas.
Lo que se observa desde las herramientas de Microsoft 365
Spataro habla de todo ello con datos en la mano, los que salen del informe Work Trend Index 2026, elaborado a partir del análisis de billones de señales anónimas de productividad en entornos como Microsoft 365 y encuestas a 20.000 profesionales en diez países. Uno de los hallazgos más significativos del documento es el impacto de la IA en las tareas cognitivas. Casi la mitad de las interacciones analizadas (49%) están orientadas a actividades como analizar información, resolver problemas o generar ideas. Este cambio se traduce en resultados tangibles: el 58% de los usuarios afirma que hoy realiza trabajos que hace un año no habría sido capaz de completar. Entre los perfiles más avanzados en el uso de estas herramientas —los denominados “profesionales pioneros”—, la cifra alcanza el 80%.
Pero este salto en productividad no elimina la necesidad de habilidades humanas. Al contrario, las redefine. El control de calidad de los resultados generados por la IA y el pensamiento crítico emergen como competencias clave en este nuevo entorno. Saber preguntar, evaluar y decidir se convierte en más relevante que ejecutar.
Sin embargo, la transformación no está exenta de tensiones. Muchas organizaciones viven una paradoja: la presión por cumplir objetivos a corto plazo convive con la necesidad de reinventar la forma de trabajar. El 65% de los usuarios teme quedarse atrás si no se adapta a la inteligencia artificial, pero un 45% reconoce sentirse más cómodo centrado en las tareas actuales que explorando nuevas formas de colaboración con estas herramientas.
A ello se suma un factor cultural. Solo el 13% de los profesionales percibe que sus organizaciones recompensan la experimentación con inteligencia artificial, incluso cuando no se obtienen resultados inmediatos. Esta falta de incentivos puede frenar la adopción en un momento clave.
La organización del trabajo y las “empresas pioneras”
El informe pone el foco en un aspecto determinante: el papel de la organización. Factores como la cultura empresarial, el liderazgo o las políticas de talento tienen más del doble de impacto en el uso de la IA que las características individuales de los empleados. En otras palabras, no basta con que las personas estén preparadas; las empresas deben estar diseñadas para aprovechar ese potencial.
En este contexto emergen las llamadas “empresas pioneras” o Frontier Firms: organizaciones que diseñan el trabajo de forma intencionada, asignando cada proceso al modelo de colaboración más adecuado entre humanos y agentes. No todo debe automatizarse ni todo debe seguir igual. La clave está en encontrar el equilibrio.
La tecnología, por su parte, también evoluciona para acompañar este cambio. Plataformas como Microsoft 365 Copilot están ampliando sus capacidades para pasar de ser asistentes individuales a sistemas capaces de coordinar flujos de trabajo complejos. La evolución hacia soluciones como Copilot Cowork refleja esta tendencia: integrar datos, aplicaciones y agentes en entornos donde el trabajo se organiza de forma más estructurada y escalable.









