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Europa llega con desventaja a la gran carrera mundial de la inteligencia artificial. Estados Unidos concentra buena parte de los grandes modelos fundacionales, del capital y de la infraestructura tecnológica, mientras China dispone de una enorme capacidad industrial y científica. Pero intentar reproducir exactamente esas fortalezas puede no ser la mejor estrategia europea.

La siguiente batalla de la inteligencia artificial podría librarse en un terreno diferente: las aplicaciones empresariales especializadas.

Es la tesis que emerge de La nueva frontera europea de la IA B2B, informe de Vigilancia Estratégica elaborado por Fundación General CSIC y Santander, que analiza las posibilidades de Europa ante la transición desde la primera ola de inteligencia artificial de consumo hacia una IA industrial, especializada, segura y gobernable.

El cambio resulta especialmente importante para sectores regulados como banca, seguros o servicios financieros, aunque muchas de sus conclusiones pueden trasladarse al conjunto del tejido empresarial.

La pregunta empieza a dejar de ser quién dispone del modelo de IA más grande.

Para las empresas, la cuestión verdaderamente importante será qué inteligencia artificial permite resolver mejor un proceso de negocio, cuánto cuesta hacerlo y quién controla los datos utilizados para conseguirlo.

Europa no puede ganar la carrera de la IA jugando con las reglas de Estados Unidos

La diferencia de inversión permite comprender el tamaño del desafío.

Según los datos recogidos por el informe, Estados Unidos movilizó 109.000 millones de dólares de inversión privada en inteligencia artificial en 2024, frente a 19.420 millones en Europa.

Competir exclusivamente en volumen de capital o en grandes modelos fundacionales resulta, por tanto, extraordinariamente complicado.

Europa está construyendo una tesis alternativa basada en tres activos: especialización vertical, confianza regulatoria y control de los datos industriales.

En lugar de preguntarse cómo desarrollar otro gran modelo generalista, la oportunidad estaría en conseguir que la IA funcione mejor dentro de sectores específicos y procesos críticos.

Es lo que el informe denomina el paso de la IA masiva a la IA industrial.

El final del «un modelo de IA sirve para todo»

Durante la primera fase de la inteligencia artificial generativa, gran parte de la atención se concentró en los grandes modelos de lenguaje.

Más parámetros, mayores capacidades y nuevas generaciones de modelos parecían marcar inevitablemente el camino. Pero las necesidades empresariales son diferentes. Una entidad financiera que necesita analizar documentación, detectar fraude, gestionar riesgos o automatizar procesos regulatorios no requiere necesariamente el modelo más grande disponible.

Necesita un sistema fiable, rápido, económicamente sostenible y, sobre todo, controlable. Por eso el informe sostiene que empieza a agotarse la era del «One Model Fits All».

Los Small Language Models (SLM) y otros modelos especializados pueden ofrecer una alternativa particularmente interesante para tareas recurrentes, documentales o fuertemente reguladas. Su menor dimensión puede reducir los costes de inferencia y la latencia y, al mismo tiempo, proporcionar mayor control sobre datos, pesos y trazabilidad.

Para los directivos aparece así una nueva variable fundamental: el coste real de la inteligencia artificial.

La IA empresarial empieza a hablar el idioma del ROI

La fascinación tecnológica está dando paso a preguntas mucho más empresariales.

¿Cuánto cuesta ejecutar un modelo miles o millones de veces? ¿Compensa construir una solución propia o contratarla? ¿Cuál es su coste total de propiedad? ¿Qué dependencia genera respecto al proveedor?

La IA entra así en una etapa de mayor madurez. Las compañías deberán analizar sus proyectos mediante criterios similares a cualquier otra inversión tecnológica: retorno esperado, coste de infraestructura, mantenimiento, riesgos, escalabilidad y dependencia tecnológica.

El propio informe introduce el análisis Build vs. Buy y el Coste Total de Propiedad (TCO) dentro de esta transición hacia una IA industrial.

La elección del modelo deja entonces de ser exclusivamente una decisión del departamento tecnológico. Pasa a ser una decisión financiera y estratégica.

El dato empresarial se convierte en la verdadera frontera

Hay otro elemento todavía más importante: el conocimiento corporativo.

Contratos, expedientes, información financiera, documentación regulatoria, procedimientos internos, datos de clientes o históricos de operaciones forman parte de algunos de los activos más valiosos de una organización.

Utilizarlos con inteligencia artificial sin perder su control será uno de los grandes desafíos empresariales.

Aquí aparece una de las ideas centrales del informe: el RAG soberano.

Este tipo de arquitectura permite separar el modelo de inteligencia artificial de la memoria corporativa. En lugar de incorporar permanentemente el conocimiento empresarial al propio modelo, este puede conectarse con repositorios documentales controlados por la organización.

La diferencia es estratégica.

La empresa puede aprovechar la capacidad de la IA generativa manteniendo bajo su gobierno expedientes, políticas internas, documentación regulatoria o información de clientes.

España tiene una carta importante que jugar

La nueva estrategia europea también abre una oportunidad interesante para España.

El informe identifica cuatro grandes nodos europeos de especialización: París, el eje formado por Alemania y Suiza —DACH—, Londres y España.

Cada uno presenta fortalezas diferentes.

París destaca por los modelos eficientes y la soberanía de ejecución; el eje DACH por la IA industrial, la explicabilidad y la seguridad; Londres por el razonamiento avanzado, la IA agéntica y el ecosistema fintech B2B.

España aparece especialmente posicionada en infraestructura soberana, supervisión regulatoria y confianza.

MareNostrum 5, el Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS) y la AI Factory proporcionan capacidad pública para entrenar y auditar modelos sensibles. A ello se suma la AESIA y un ecosistema investigador integrado, entre otros actores, por ELLIS Alicante, IMDEA, UPC, UPF e IIIA-CSIC.

La tesis del documento es especialmente sugerente: España podría convertirse en un entorno europeo de prueba para inteligencia artificial financiera de alto riesgo.

La regulación europea puede pasar de problema a ventaja

Durante años, uno de los principales reproches a Europa ha sido su capacidad para regular tecnologías que otros desarrollaban.

La nueva etapa de la IA B2B en Europa podría alterar parcialmente esa percepción.

AI Act, DORA, RGPD y NIS2 imponen obligaciones importantes en trazabilidad, protección de datos, resiliencia, explicabilidad y supervisión.

Pero esas exigencias también pueden convertirse en un filtro.

Una solución preparada desde su origen para funcionar en uno de los mercados regulatorios más exigentes puede ofrecer una ventaja cuando las empresas necesiten sistemas auditables y seguros.

El informe habla, de hecho, de convertir la regulación en un «foso defensivo estratégico».

La trazabilidad y la documentación técnica dejan de ser elementos accesorios para convertirse en criterios de contratación. Y los modelos capaces de explicar sus resultados resultan más fáciles de validar y defender ante auditores y supervisores.

De los chatbots a los procesos donde realmente está el dinero

El siguiente salto tampoco parece encontrarse necesariamente en incorporar un chatbot a cada empresa.

El análisis científico realizado para el informe identifica 326.000 publicaciones en las que convergen inteligencia artificial, finanzas y banca, equivalentes al 3,15% del universo operativo de IA analizado. Pero al profundizar en las aplicaciones específicas, riesgo y seguros concentran el 69,3% de la investigación especializada.

Es una señal importante. La IA financiera se está desarrollando intensamente en actividades vinculadas a riesgo, solvencia, fraude y modelización matemática, no exclusivamente alrededor de aplicaciones conversacionales.

En detección de fraude, además, el informe calcula un crecimiento anual del 44,7% entre 2022 y 2024, mientras que derivados alcanza un 22,7%.

El valor empresarial de la IA podría encontrarse mucho más en estos procesos invisibles que en las aplicaciones más espectaculares para el usuario.

Los agentes de IA serán el siguiente salto

Tras la automatización documental aparece otra frontera: los agentes de inteligencia artificial.

La hoja de ruta propuesta en el documento diferencia tres etapas. A corto plazo, entre cero y doce meses, sitúa casos como RAG soberano, automatización documental, KYC/KYB, reducción de falsos positivos en AML y copilotos de cumplimiento.

Entre uno y tres años aparecen los agentes supervisados, capaces de colaborar en procesos más complejos como análisis crediticio, gestión de alertas, revisión de expedientes, tesorería, financiación comercial o prevención del fraude.

La diferencia fundamental será la supervisión.

En procesos sensibles, el informe considera necesaria la validación humana antes de cualquier decisión y un registro completo de los pasos realizados por el sistema.

El talento híbrido será tan importante como los algoritmos

Hay finalmente un factor que ninguna infraestructura puede resolver por sí sola: las personas.

El informe sostiene que el talento pasa de ser un recurso de soporte a convertirse en infraestructura. No bastará con contratar ingenieros especializados en IA.

Las organizaciones necesitarán conectar expertos tecnológicos con profesionales de negocio, riesgos, regulación, datos y cumplimiento. De ahí la importancia de perfiles híbridos como el Analytics Translator, capaces de traducir necesidades empresariales en soluciones tecnológicas y, al mismo tiempo, comprender sus implicaciones regulatorias.

Porque el verdadero desafío no será conseguir que una IA funcione durante una prueba piloto.

Será conseguir que pueda entrar en producción, integrarse en los procesos empresariales y operar de manera segura durante años.

La gran oportunidad europea puede estar en una IA menos espectacular

Europa difícilmente podrá cerrar a corto plazo la brecha de inversión que mantiene con Estados Unidos.

Pero eso no significa que haya perdido la carrera. Puede significar que la carrera relevante para Europa es otra.

La próxima fase de la inteligencia artificial empresarial estará menos relacionada con demostrar qué modelo responde mejor a una pregunta y mucho más con determinar qué sistema puede integrarse de forma fiable en los procesos que sostienen una compañía.

Ahí entran el coste, la privacidad, la soberanía del dato, la regulación, la trazabilidad y la capacidad para generar retornos medibles.

Para los directivos, el cambio de perspectiva es importante. Adoptar más IA no equivale necesariamente a generar más ventaja competitiva.

La ventaja puede estar precisamente en saber qué IA utilizar, dónde desplegarla, qué información nunca debe abandonar el perímetro corporativo y qué decisiones deben continuar bajo supervisión humana.

Europa quizá no construya el modelo de inteligencia artificial más grande del mundo. Pero puede aspirar a algo potencialmente mucho más valioso para sus empresas: construir una IA especializada que puedan utilizar, controlar, auditar y convertir en negocio.