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¿CONFÍAS EN MI? 

julio 23
13:52 2014
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¿Qué responderían los españoles si les preguntaran si confían en las entidades y profesionales que les asesoran en sus inversiones?


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Marta Díaz Bajo, Directora de Estrategia de Productos en atl Capital

Con millones de afectados por las preferentes no parece el mejor momento para hacer la pregunta. Sin embargo, como profesional del sector financiero me gustaría plantear un debate que involucrase tanto a profesionales (hay muchos con vocación real de ayudar a sus clientes) como a los propios clientes (principales interesados en que sus inversiones vayan según lo previsto y que no den resultados negativos inesperados e incluso totalmente descartados).

El debate que propongo es sobre la confianza.

Dice el diccionario de la real academia española que confianza es: “esperanza firme que se tiene de alguien o de algo.”

Y ¿qué dice de la esperanza?: “estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos.”

Deseo, esperanza, confianza…

Está claro que ninguna persona tomaría una decisión de inversión a propuesta de su asesor si no tiene una “esperanza firme en que sea posible lo que desea” es decir: confían en la posibilidad del resultado más favorable en su inversión. Sin embargo, la cuestión es la probabilidad de ese resultado, ya que la mayoría de las inversiones no son “totalmente seguras” y sobre todo la cuestión es: la probabilidad de un mal resultado y la cuantía de dicho mal resultado, para que el inversor sopese si le compensa el riesgo.

Vuelvo de nuevo a las preferentes porque es un buen ejemplo. Sin duda cualquier inversor español aceptaba de buena gana rentabilidades del cinco, seis o siete por ciento pensando que lo máximo que le podía pasar era que algún año no cobrara si la entidad no tenía beneficios (si es que le habían avisado de eso). Pero  ¿cuántos hubieran aceptado la inversión si les hubieran advertido que podían perder un cuarenta, un cincuenta o incluso un sesenta por ciento.

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Curiosamente no conozco ningún inversor con experiencia y conocimiento que se haya sorprendido por encontrar totalmente inesperada una pérdida de un 60% en renta variable emergente (pérdida que se dio en 2008). Pero los inversores, al menos nuestros clientes, aun lamentándolo, no se sorprendieron de la mala rentabilidad porque eran conscientes del riesgo. A día de hoy recuperan una parte importante de su inversión y en todo momento ha sido una inversión líquida, pero lo importante no es eso, lo importante es el conocimiento del riesgo asumido.

Volviendo al debate, mi postura es que nuestra labor de asesoramiento no debe ser una cuestión sólo de confianza (obviamente si no hay confianza ningún inversor acudiría a nosotros). Pero no deberíamos decir nunca, ni siquiera con la mejor de las intenciones, ni siquiera si ahí estuviéramos invirtiendo nuestro propio dinero: “confíe en mí, invierta en este producto o en este activo que le va a ir fenomenal.” 

Debemos comprobar, por lo menos, que los inversores a los que asesoramos comprenden perfectamente en qué están invirtiendo y, sobre todo, los riesgos que asumen.  Y es lo justo. Si les mostramos lo mejor que les puede pasar ¿cómo podemos no mostrarles el peor de los escenarios?.

Tras ver en televisión algunos lamentables episodios donde pequeños ahorradores se quejaban amargamente de que amigos suyos, trabajadores de cajas, les habían exhortado a invertir en preferentes todos sus ahorros, me quedé profundamente afectada. Creo sinceramente que estos trabajadores de verdad deseaban, esperaban y “confiaban” en que a sus amigos les fuera bien y quizás, hasta ellos mismos hubieran invertido en preferentes. Me pregunto cómo se sienten ahora los que sabían realmente los riesgos.  

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De nuevo la cuestión no es “confiar”, yo no quiero que nuestros clientes confíen “ciegamente” en nosotros, no quiero ese tipo de confianza. Yo quiero que nos exijan que les expliquemos claramente, sin que quede ninguna duda, en qué están invirtiendo y sobre todo qué deben esperar y que es lo peor que les puede pasar (simplemente porque “lo peor” sea posible, aunque no probable). Para nosotros, la cuestión, yo diría que la clave, está en el conocimiento.

En atl Capital trabajamos todos los días para que los inversores, y sobre todo nuestros clientes, adquieran más conocimientos financieros. Hemos creado una escuela de Inversores a través de la cual organizamos conferencias y seminarios. No somos los únicos, cada vez son más las voces que hablan de la importancia de que los españoles tengan ciertos conocimientos sobre inversiones. Esperamos que la vocación por extender el conocimiento financiero en nuestro país sea cada vez más una labor de todas las entidades financieras, aunque es lógico que hayamos empezado y lo abanderemos, los asesores independientes. 


 

Sobre el autor

Marta Díaz-Bajo Gómez

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