Un nuevo estudio liderado por investigadores españoles, entre los que se encuentran nombres como el doctor Valentín Fuster, ha aportado evidencia sobre dos biomarcadores en la sangre que podrían identificar la presencia de aterosclerosis en personas aparentemente sanas y para anticipar el riesgo de sufrir futuros eventos cardiovasculares.
El trabajo, publicado en la revista científica Journal of the American Heart Association, ha sido desarrollado por científicos de varios grupos del Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Cardiovasculares (CIBERCV), el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) y el Instituto de Investigación Sanitaria Fundación Jiménez Díaz-Universidad Autónoma de Madrid (IIS-FJD-UAM), con la colaboración de la empresa The Binding Site y financiación de la Fundación “la Caixa”.
¿Qué es la aterosclerosis?
La aterosclerosis se produce cuando grasas, células inflamatorias y tejido fibroso se acumulan progresivamente en las paredes de las arterias. A medida que estas placas crecen, los vasos sanguíneos pierden flexibilidad y capacidad para transportar sangre de forma adecuada.
El problema es que este proceso suele desarrollarse de manera silenciosa. Durante años, e incluso décadas, una persona puede convivir con placas ateroscleróticas sin experimentar síntomas. Sin embargo, cuando una de esas placas se rompe o se erosiona, puede desencadenarse la formación de un trombo que obstruya de forma repentina el flujo sanguíneo. Las consecuencias pueden ser devastadoras: infarto de miocardio, ictus o enfermedad arterial periférica. Precisamente por esta naturaleza silenciosa, la identificación precoz de la enfermedad se ha convertido en una prioridad para cardiólogos e investigadores.
Tradicionalmente, la evaluación del riesgo cardiovascular se ha basado en factores bien conocidos como la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, la obesidad o el tabaquismo. Aunque estos indicadores permiten estimar la probabilidad de sufrir enfermedad cardiovascular, no siempre son capaces de identificar con precisión qué personas ya están desarrollando aterosclerosis.
Más allá de los factores de riesgo tradicionales: el valor de este proyecto de investigación
En aras de buscar nuevas alternativas preventivas de la aterosclerosis, este proyecto da continuidad a una línea de investigación centrada en dos proteínas presentes en el plasma: la haptoglobina (Hp) y la inmunoglobulina A2 (IgA2). Estudios previos realizados en distintas cohortes españolas ya habían mostrado que niveles elevados de ambos biomarcadores estaban asociados a la presencia de aterosclerosis en personas sin síntomas. La novedad del trabajo actual es que esos resultados han sido validados en una población internacional mucho más amplia.
Los investigadores analizaron datos procedentes del estudio BioImage, una de las mayores cohortes norteamericanas dedicadas a la investigación cardiovascular. En total, se evaluó a más de 5.000 participantes para determinar la capacidad de Hp e IgA2 para detectar enfermedad aterosclerótica.

Según los investigadores, los niveles elevados de estas proteínas también tienen valor pronóstico, ya que permiten anticipar qué personas presentan un mayor riesgo de sufrir complicaciones cardiovasculares en el futuro.
Ana García-Álvarez, investigadora del CIBERCV y del CNIC y primera autora del trabajo, destaca la importancia de disponer de herramientas capaces de identificar la enfermedad antes de que aparezcan sus consecuencias clínicas.
“La aterosclerosis es el mecanismo subyacente de la mayoría de las enfermedades cardiovasculares. Estas representan uno de los mayores problemas de salud a nivel mundial y generan un enorme impacto sanitario y económico. Por ello resulta fundamental identificar la enfermedad en sus fases más tempranas para intervenir antes de que se produzcan complicaciones”, explica.
Desde un análisis sencillo para los pacientes…
Los resultados también apuntan a una posible aplicación práctica relativamente rápida. José Luis Martín Ventura, investigador del CIBERCV y del IIS-FJD-UAM, señala que las personas con concentraciones elevadas de haptoglobina e IgA2 presentan aproximadamente el doble de riesgo de sufrir eventos cardiovasculares.
Esta información podría complementar las herramientas actuales de estratificación del riesgo y ayudar a seleccionar a aquellos pacientes que requieren un seguimiento más intensivo o intervenciones preventivas más tempranas.
Por su parte, Jesús Vázquez, investigador principal del CIBERCV y del CNIC, destaca una ventaja adicional: la simplicidad de la técnica. “La detección de Hp e IgA2 es relativamente sencilla, objetiva y reproducible. Además, puede realizarse en la mayoría de los hospitales, lo que facilitaría su incorporación a la práctica clínica”, señala.
Tras estos prometedores resultados, los autores consideran que todavía es necesario profundizar en el conocimiento de los mencionados biomarcadores.









