Siempre se ha dicho que pocas enfermedades causan más dolor que un cólico nefrítico. Puede ser cierto, aunque existen otras que pueden generar una intensidad parecido en el umbral del dolor. Una de ellas – poco conocida – es la llamada neuralgia del trigémino, cuyas características comparta para Directivos y Empresas el doctor Juan Carlos Gómez Angulo, neurocirujano del equipo del doctor José Manuel del Pozo del Hospital Ruber Internacional.
El cuadro de la neuralgia del trigémino
El experto explica que la causa más frecuente de la neuralgia del trigémino es la compresión de este nervio por un vaso sanguíneo cercano. Esta presión sostenida daña la mielina —la capa que recubre y protege las fibras nerviosas—, provocando una transmisión anómala de las señales
El nervio trigémino, una estructura clave del sistema nervioso encargada de recoger la sensibilidad de la cara y de funciones como la masticación. Cuando su funcionamiento se altera, el resultado puede ser uno de los dolores más intensos descritos en medicina.
Pues bien, cuando se daña la mielina y se altera la transmisión de señales, se produce lo que el neurocirujano llama como un “cortocircuito”. En esos momentos, estímulos cotidianos e inocuos, como hablar, lavarse los dientes o sentir el viento en la cara, desencadenan episodios de dolor súbito y extremo.

Doctor Juan Carlos Gómez Angulo.
El rasgo más característico de la neuralgia del trigémino es la aparición de crisis de dolor muy intenso, que los pacientes suelen describir como descargas eléctricas. Estas presentan un patrón clínico bastante definido:
- Aparición brusca y de corta duración
- Repetición en forma de crisis
- Localización en un solo lado de la cara
- Existencia de desencadenantes muy concretos
Aunque los episodios son breves, su intensidad y frecuencia pueden llegar a condicionar por completo la vida diaria, generando miedo incluso a realizar acciones básicas.
Diagnóstico: escuchar al paciente es clave
A diferencia de otras patologías, el diagnóstico de la neuralgia del trigémino es fundamentalmente clínico. No existe una prueba específica que la confirme.
Las herramientas de imagen, como la resonancia magnética, cumplen un papel complementario: descartar otras causas y, en algunos casos, identificar la compresión del nervio. Sin embargo, la experiencia del especialista y la descripción del paciente siguen siendo determinantes.
Tratamiento escalonado: de fármacos a cirugía
El abordaje inicial suele ser farmacológico, con medicamentos dirigidos a estabilizar la actividad del nervio. En muchos casos funcionan bien al principio, pero pueden perder eficacia con el tiempo o generar efectos secundarios que limitan su uso.
Cuando esto ocurre, se consideran otras opciones terapéuticas:
- Descompresión microvascular: cirugía que separa el vaso sanguíneo del nervio, actuando sobre la causa
- Técnicas percutáneas: procedimientos mínimamente invasivos, como la compresión con balón
- Radiocirugía estereotáxica (Gamma Knife): alternativa sin cirugía abierta, especialmente útil en pacientes con mayor riesgo
Cada opción presenta ventajas e inconvenientes, por lo que la decisión debe adaptarse a las características de cada paciente. Aunque no es una enfermedad degenerativa en sentido estricto, su evolución puede empeorar con el tiempo si no se trata adecuadamente. Las crisis tienden a ser más frecuentes e intensas, afectando gravemente a la calidad de vida.
Por ello, el manejo de la neuralgia del trigémino requiere un enfoque multidisciplinar y experiencia clínica, según admite Gómez Angulo. No se trata solo de aliviar el dolor, sino de devolver al paciente la capacidad de vivir sin miedo a actividades tan básicas como hablar o comer.









