Saltar a contenido principal

Una dieta saludable es clave para el organismo desde todos los puntos de vista. Junto con el ejercicio físico, es la mejor prevención que pueden llevar a cabo la personas para proteger su salud frente a las enfermedades o la longevidad. No solo eso, sino que la ciencia avala que la buena nutrición está asociada con la fertilidad. Concretamente, distintos estudios citan a la dieta antiinflamatoria como palanca para estimular la capacidad reproductiva.

Sobre esto habla para Directivos y Empresas, la dietista-nutricionista e inmunóloga del Hospital Ruber Internacional, Beatriz Santamaría Jaramillo. La experta recalca que determinados patrones alimentarios basados en productos antiinflamatorios están estrechamente relacionados con la fertilidad.

Cierto es que en este hecho también intervienen variables hormonales, metabólicas o genéticas, pero es en la dieta en lo que más pueden aportar por sí mismas las personas, ya que su forma de alimentarse les hace ser sujetos activos para la fertilidad.

Beatriz Santamaria

Beatriz Santamaria.

Inflamación crónica de bajo grado: su relación con la capacidad reproductiva

En los últimos años, la comunidad científica ha comenzado a prestar especial atención a la inflamación crónica de bajo grado, una respuesta persistente del organismo que, aunque no produce síntomas evidentes, puede alterar la ovulación, afectar a la calidad de los gametos —óvulos y espermatozoides— y dificultar la implantación del embrión en el útero.

En este contexto, los patrones dietéticos de alta calidad han demostrado ofrecer ventajas significativas. La dieta mediterránea y otras propuestas de corte antiinflamatorio se asocian con una mayor fecundabilidad —es decir, con más probabilidades de lograr embarazo en cada ciclo— y con mejores tasas de embarazo clínico y de nacimiento vivo, tanto en concepción natural como en técnicas de reproducción asistida.

“Las mujeres que siguen una alimentación saludable en la etapa preconcepcional presentan menos problemas de fertilidad, y este efecto también se observa en los hombres, con mejoras relevantes en la calidad seminal”, apunta Santamaría, integrante del equipo liderado por la doctora Silvia Sánchez Ramón, responsable de Inmunología Clínica en el centro madrileño.

Qué comer y qué no para beneficiar a la fertilidad

¿Qué caracteriza a estos patrones alimentarios? Principalmente, un alto consumo de frutas y verduras frescas, legumbres, cereales integrales, pescado azul y aceite de oliva virgen extra, junto con una ingesta moderada de frutos secos y lácteos de calidad. En el extremo opuesto se sitúa la llamada “Western Diet”, rica en productos ultraprocesados, carnes rojas, azúcares añadidos y grasas trans, que se ha relacionado con un mayor riesgo de infertilidad tanto femenina como masculina.

Aunque los mecanismos biológicos siguen en estudio, el vínculo entre dieta e inflamación ofrece una explicación plausible. Los alimentos ricos en antioxidantes, fibra, ácidos grasos omega-3 y compuestos bioactivos favorecen un entorno metabólico más equilibrado y contribuyen a reducir marcadores inflamatorios. Esta modulación puede optimizar la función ovárica y facilitar que el endometrio —la capa interna del útero— esté en condiciones adecuadas para la implantación embrionaria.

Un metaanálisis reciente, publicado en 2025 y que incluyó a más de 17.000 participantes, refuerza esta hipótesis: las mujeres que mantenían patrones dietéticos más antiinflamatorios presentaban significativamente menos problemas de fertilidad que aquellas con dietas proinflamatorias. Entre los modelos analizados, la dieta mediterránea destacó como el que acumula mayor respaldo científico.

La dieta antiinflamatoria también reduce complicaciones en el embarazo

Pero los beneficios de una alimentación equilibrada no se limitan al momento de la concepción. Durante el embarazo, mantener un patrón antiinflamatorio se asocia con una menor incidencia de complicaciones obstétricas graves, como la preeclampsia, la diabetes gestacional o el parto pretérmino. Estas patologías comparten un denominador común: una respuesta inmunitaria alterada que puede comprometer la evolución de la gestación.

“La dieta tiene la capacidad de modular esa respuesta inmunitaria. No sustituye a otros tratamientos cuando son necesarios, pero sí contribuye a crear un entorno fisiológico más favorable para que el embarazo llegue a término en las mejores condiciones”, explica la especialista.

En paralelo, el auge de la información —y a menudo de la desinformación— sobre fertilidad ha impulsado el consumo de suplementos nutricionales con la promesa de mejorar las probabilidades de embarazo. Sin embargo, la evidencia científica en este terreno es más limitada. Algunos antioxidantes han mostrado resultados prometedores en perfiles muy concretos, pero no existe un respaldo sólido que avale el uso generalizado de suplementos como solución universal.

“La suplementación debe ser siempre individualizada y basada en una valoración clínica. Nunca puede sustituir a una alimentación saludable”, advierte Santamaría. En otras palabras, ningún complemento compensa una dieta deficiente.

Aunque todas las parejas que buscan un embarazo pueden beneficiarse de revisar sus hábitos alimentarios, existen perfiles en los que la intervención nutricional adquiere especial relevancia. Es el caso de personas con sobrepeso u obesidad, alteraciones metabólicas, mujeres con patologías inflamatorias como la endometriosis o el síndrome de ovario poliquístico, hombres con baja calidad seminal o parejas que se someten a tratamientos de reproducción asistida. También resulta especialmente útil en situaciones de infertilidad de origen desconocido, donde optimizar todos los factores modificables puede marcar la diferencia.