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La Organización Mundial de la Salud se ha marcado como meta eliminar el cáncer de cuello de útero como problema de salud pública, situando su incidencia por debajo de los cuatro casos por cada 100.000 mujeres. Para especialistas como la doctora Gema García García, perteneciente al Servicio de Ginecología del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa (Sevilla), este objetivo es realista en países como España. La clave es conseguir una alta cobertura vacunal, una participación elevada en los programas de cribado y un seguimiento riguroso de las lesiones precursoras.

Entre esas lesiones, el objetivo más claro está en el virus del papiloma humano (VPH), una infección de transmisión sexual extremadamente común que, aunque en la mayoría de los casos se elimina de forma espontánea, puede derivar en este tipo de cáncer si no se detecta y trata adecuadamente.

El alto potencial de contagios por el virus del papiloma humano (VPH)

“El virus del papiloma humano es la infección de transmisión sexual más frecuente tanto en mujeres como en hombres”, explica la doctora. Según los datos disponibles, más del 80 % de la población sexualmente activa se infectará por VPH en algún momento de su vida, lo que pone de relieve la magnitud del fenómeno y la necesidad de abordarlo desde una perspectiva de salud pública.

Aunque el VPH está presente en prácticamente el 100 % de los casos de cáncer de cuello de útero, la especialista insiste en que la infección no debe generar alarma inmediata. “La mayoría de las infecciones se eliminan de forma espontánea gracias al sistema inmunitario”, precisa. Solo un pequeño porcentaje de los casos evoluciona hacia una infección persistente capaz de producir lesiones precancerosas que, sin un seguimiento adecuado, pueden progresar a cáncer.

Este matiz es clave para entender la enfermedad: no es la infección puntual la que supone el mayor riesgo, sino la persistencia del virus en el tiempo y la ausencia de controles. En este sentido, el cáncer de cuello de útero sigue siendo la tercera neoplasia ginecológica en incidencia y mortalidad, por detrás del cáncer de endometrio y de ovario.

Fachada Quirónsalud Infanta Luisa

Vacuna, cribado y seguimiento: el método para erradicar el cáncer de cuello de útero

El conocimiento actual sobre la causa del cáncer de cuello de útero ha permitido desarrollar una estrategia preventiva sólida basada en tres pilares: la vacunación frente al VPH, los programas de cribado para la detección precoz y el seguimiento protocolizado de las lesiones premalignas.

“La vacuna frente al VPH ha demostrado una gran efectividad en la reducción de infecciones, lesiones precancerosas y cáncer de cuello de útero”, afirma la doctora García García. Su impacto ya es visible en los países con altas coberturas vacunales. En España, la vacunación está incluida en el calendario oficial entre los 12 y los 21 años, pero la especialista recuerda que puede administrarse a cualquier edad y recomienda su uso tanto en mujeres como en hombres.

El VPH no solo está relacionado con el cáncer de cuello de útero, sino también con otros tumores como el cáncer de ano, orofaringe, pene, vagina o vulva, lo que refuerza la importancia de una estrategia preventiva universal y no limitada exclusivamente a la salud femenina.

Brechas de información y acceso

A pesar de disponer de estas herramientas, siguen diagnosticándose casos que podrían haberse evitado. Para la especialista, una de las causas principales es la persistencia de deficiencias en educación sanitaria. “Existe todavía un conocimiento insuficiente sobre la vacuna frente al VPH y desigualdades sociales y geográficas en el acceso a los programas de cribado”, advierte.

Estas brechas se ven agravadas por la proliferación de información sanitaria en redes sociales, donde circulan mensajes no basados en la evidencia científica. “Es fundamental orientar a las mujeres hacia fuentes sanitarias fiables”, subraya la ginecóloga, que insiste en la necesidad de reforzar la educación en salud sexual, promover relaciones sexuales seguras y fomentar la participación regular en los programas de detección precoz.

En los últimos años, el cribado del cáncer de cuello de útero ha evolucionado. A la citología convencional se ha sumado la detección del VPH, una combinación que permite alcanzar una mayor sensibilidad diagnóstica. “Este enfoque facilita la identificación de lesiones en estadios muy iniciales y mejora el seguimiento y tratamiento”, señala García García.