Entrando en el terreno de la odontología pediátrica, Directivos y Empresas se hace eco de una información relevante respecto a las caídas y traumatismos dentales en los más pequeños. Ante un accidente de estas características, la doctora Alejandra Hernández Guevara (en la foto destacada), odontopediatra del equipo de Ruber Internacional Centro Médico Habana, señala que uno de los principales errores que cometen los padres de los afectados es minimizar el impacto cuando no hay dolor intenso ni signos visibles de daño.
“En muchos casos, las lesiones no se aprecian a simple vista. Una pequeña fisura puede ocultar daños en el hueso o afectar al desarrollo de dientes definitivos que aún no han erupcionado”, advierte. A diferencia de otras partes del cuerpo, los traumatismos dentales no siempre provocan síntomas inmediatos. Un diente puede cambiar de color semanas después del golpe, presentar movilidad con el paso del tiempo o desarrollar infecciones que comprometan su viabilidad. Por este motivo, los odontopediatras insisten en la importancia de una valoración profesional incluso cuando el impacto parece leve.
Qué pueden suponer los traumatismos dentales en niños
Las lesiones más habituales incluyen fracturas, desplazamientos del diente dentro del hueso, intrusiones —cuando el diente se introduce hacia el interior— o avulsiones, en las que la pieza se sale por completo de la boca. Cada una de ellas requiere un abordaje distinto, pero todas comparten un denominador común: el tiempo de reacción condiciona el pronóstico.
Dientes de leche: SÍ importan
Durante años ha persistido la idea de que los dientes temporales no requieren una atención urgente porque acabarán siendo sustituidos. Sin embargo, esta creencia está lejos de la realidad. “Los dientes de leche cumplen una función esencial como guías para la erupción de los definitivos y como protectores del hueso y de las estructuras en desarrollo”, señala la Dra. Hernández Guevara.
Cuando un diente temporal se pierde de forma prematura por un traumatismo, no suele recolocarse, pero sí es imprescindible realizar un seguimiento. En muchos casos, el especialista valorará la colocación de mantenedores de espacio para evitar que los dientes vecinos se desplacen y comprometan la correcta alineación futura. “Una pérdida no tratada puede derivar en problemas de mordida, apiñamientos o tratamientos de ortodoncia más complejos en la adolescencia”, añade.
Emergencias reales: qué hacer ante la pérdida de un diente permanente
Si el diente afectado es definitivo, la urgencia es aún mayor. “Cuando un diente permanente se ha salido completamente de la boca, cada minuto cuenta”, afirma la odontopediatra. La probabilidad de reimplantarlo con éxito disminuye a medida que pasa el tiempo, especialmente si la raíz se seca o se manipula de forma incorrecta.
Las recomendaciones son claras: el diente debe cogerse siempre por la corona, nunca por la raíz; enjuagarse suavemente con agua si está sucio, sin frotar ni usar productos desinfectantes, y conservarse en un medio húmedo, preferiblemente leche o la propia saliva del niño, hasta llegar a la consulta. “Una actuación adecuada en el lugar del accidente puede ser decisiva para salvar la pieza”, subraya.
El deporte infantil, qué hacer para evitar traumatismos dentales en niños
El aumento de la práctica deportiva desde edades tempranas ha traído consigo un incremento de los traumatismos orales. Se estima que entre el 30 % y el 40 % de estas lesiones en niños están relacionadas con actividades deportivas, especialmente en deportes de contacto, ciclismo, patinaje o fútbol.
“La prevención sigue siendo la mejor herramienta”, apunta la Dra. Hernández Guevara. El uso de protectores bucales personalizados, diseñados por el odontólogo, reduce de forma significativa el riesgo de fracturas, desplazamientos y pérdidas dentales. A diferencia de los modelos genéricos, estos dispositivos se adaptan a la boca del niño y ofrecen mayor comodidad y protección.
A esta medida se suman otras recomendaciones básicas: el uso de casco en actividades con riesgo de caída, la supervisión adulta y la adaptación de los juegos a la edad y habilidades del menor. “Fomentar un ocio seguro no significa limitar el juego, sino hacerlo compatible con la salud”, añade la especialista.









