Son muchos y variados los problemas que afrontan cada día los autónomos en España. Quizás el más importante es soportar la gran carga burocrática, llevándose un valioso tiempo por delante. Las personas que trabajan por cuenta propia en España dedican ya el equivalente a 28 jornadas laborales completas al año a trámites y obligaciones administrativas. Son 226 horas anuales, según el último Barómetro de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA), que estima en 3.390 euros por profesional el coste asociado a ese tiempo. Si se traslada al conjunto del colectivo, el impacto supera los 11.000 millones de euros.
Y todo esto en la antesala de la obligación de adoptar VeriFactu, entre otras medidas que próximamente entrarán en vigor. En muchos negocios de reducidas dimensiones no existe un departamento de administración, contabilidad o recursos humanos. La misma persona que atiende al cliente prepara un presupuesto, organiza la agenda, registra las horas de trabajo, controla los cobros y emite las facturas. Ya no es solo la cantidad de trámites a los que hacen frente los autónomos… También lo es la forma en la que se realizan.
La digitalización ha permitido sustituir buena parte del papel por aplicaciones y plataformas, pero digitalizar un procedimiento no significa necesariamente simplificarlo. Si un profesional tiene que trasladar los mismos datos de un programa a otro, introducir manualmente la información de un cliente en diferentes sistemas o comprobar constantemente que todos los registros están actualizados, la tecnología puede acabar reproduciendo la misma burocracia en formato digital.
Asesorio para agilizar los trámites de los autónomos en su día a día
Por suerte, van apareciendo herramientas digitales y de inteligencia artificial que van aliviando esta problemática para este perfil de profesionales. Entre ellas se encuentra Asesorio, una herramienta orientada a profesionales de gremios y servicios que busca centralizar diferentes tareas de gestión y automatizar parte de los procesos administrativos y fiscales.
La filosofía que plantea Davide Schirinzi, CEO de Asesorio, parte precisamente de cuestionar una digitalización entendida como simple traslado de procesos: «Digitalizar no debería significar trasladar la burocracia del papel a la pantalla». En su opinión, la adaptación de los sistemas de facturación debería aprovecharse para reducir la cantidad de veces que un profesional tiene que introducir los mismos datos y simplificar la organización cotidiana.
Para explicar el funcionamiento de Asesorio, hay que decir que la plataforma permite interactuar con asistentes como ChatGPT y Claude para consultar información sobre clientes y citas, preparar presupuestos o generar borradores de facturas. El objetivo es que determinadas operaciones puedan realizarse a partir de una petición formulada de manera cotidiana, sin necesidad de recorrer manualmente cada uno de los pasos del programa.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística apuntan, además, a que la inteligencia artificial está ganando terreno con rapidez entre las microempresas. En el primer trimestre de 2025, el 13,4% de las empresas de menos de diez empleados con conexión a internet utilizaba IA, frente al 9,9% que empleaba soluciones de gestión de clientes o CRM y el 14,7% que utilizaba sistemas ERP. En un solo año, el uso de IA había aumentado 5,9 puntos porcentuales.
Estos datos muestran que la inteligencia artificial ya no es únicamente una tecnología asociada a grandes corporaciones o departamentos especializados. También empieza a entrar en el terreno de las pequeñas empresas, donde puede tener un impacto especialmente relevante si consigue reducir tareas administrativas que actualmente recaen directamente sobre el propietario. «La tecnología debería adaptarse a la forma en que trabajamos y no al revés», sostiene Schirinzi, señalando la tendencia de que el usuario deje de aprender cómo funciona una herramienta para que sea ésta la que entienda qué necesita la persona que la maneja.
El reto para los autónomos será aprovechar este proceso sin convertir cada nueva obligación tecnológica en otra carga administrativa. VeriFactu y los cambios normativos pueden obligar a actualizar sistemas, pero también pueden servir como punto de partida para integrar procesos que hasta ahora permanecían dispersos.









