El nuevo entorno AI-first es muy desafiante para las organizaciones, ya que la tecnología avanza más deprisa que cualquier otra rama importante para un negocio, incluso para la regulación. Así que para despuntar, es capital encontrar un equilibrio entre lo que aporta la inteligencia artificial con lo que puede dar un trabajador.
Y ese equilibrio consiste en que un profesional sepa comprender e integrar cada solución que vaya llegando al mercado. Esto hará triunfar a la persona – realzando su empleabilidad-, así como a la propia organización. De este modo, la formación actual debe garantizar este rol para triunfar en el contexto AI-first.
Preskilling, upskilling y reskilling en el entorno AI-first
La escuela de negocios ISDI se está moviendo en este terreno y para ello está situando el foco en tres conceptos que considera determinantes para garantizar la empleabilidad y la competitividad en la era de la IA: preskilling, upskilling y reskilling.
Los dos últimos términos llevan muy presentes en los últimos años en los procesos formativos, pero no tanto el preskilling. El upskilling —desarrollar nuevas competencias dentro del mismo ámbito profesional— permite a los trabajadores ampliar su impacto y adaptarse a nuevas exigencias sin abandonar su campo de especialización. Es el caso de perfiles financieros que incorporan análisis de datos avanzados o de profesionales de marketing que integran modelos de IA generativa en sus estrategias.
Por su parte, el reskilling implica un paso más profundo: la reconversión hacia nuevos roles o sectores. En un mercado donde determinadas funciones tienden a automatizarse mientras emergen nuevas especialidades digitales, la capacidad de reinventarse deja de ser una opción para convertirse en una necesidad estructural. Empresas e instituciones educativas están llamadas a asumir este reto de forma estratégica, diseñando itinerarios que faciliten transiciones profesionales sostenibles.
Sin embargo, desde ISDI sostienen que el debate no puede limitarse a actualizar o reconvertir perfiles. Es necesario anticiparse a lo desconocido.
Preskilling: prepararse para lo que aún no existe
Aquí entra en juego el concepto de preskilling, una visión más amplia que busca preparar a los profesionales para escenarios que todavía no están completamente definidos. En lugar de centrarse únicamente en habilidades técnicas concretas, este enfoque apuesta por desarrollar competencias estructurales: pensamiento crítico, criterio estratégico, lectura sistémica del negocio, toma de decisiones bajo incertidumbre y capacidad de adaptación radical.
“En ISDI llamamos preskilling a esa preparación estratégica para lo desconocido. No entrenamos solo para ejecutar mejor, sino para interpretar antes, decidir antes y transformar antes. Es un enfoque que prioriza el criterio sobre la herramienta, la mentalidad sobre el procedimiento y la capacidad de aprender, desaprender y reaprender como ventaja estructural”, explica Serena Giannuzzi, COO de ISDI.
“Porque en un mundo donde la tecnología evoluciona exponencialmente, lo único verdaderamente diferencial no es lo que sabes hacer hoy, sino cómo piensas cuando todo cambia.”
Si hasta ahora el valor diferencial residía en la especialización técnica, el nuevo entorno premia la agilidad cognitiva y la capacidad de interpretación estratégica. La IA puede generar contenidos, analizar datos o automatizar procesos, pero no sustituye el juicio humano en la definición de prioridades, la evaluación de riesgos o la construcción de visión.
La empleabilidad como proceso continuo
La consecuencia directa de esta transformación es que la empleabilidad deja de ser un objetivo estático —un título, una certificación, una experiencia concreta— para convertirse en un proceso continuo de actualización. Aprender ya no es una etapa previa a la vida profesional, sino una dinámica permanente que acompaña toda la trayectoria laboral.
En este escenario, las empresas también deben redefinir su papel. No basta con incorporar nuevas tecnologías; es imprescindible crear culturas organizativas que fomenten el aprendizaje constante, la experimentación y la adaptación. La ventaja competitiva no dependerá únicamente de la inversión en software o infraestructura, sino del desarrollo del talento capaz de extraer valor estratégico de esas herramientas.
ISDI defiende un modelo formativo que integra tecnología y humanismo, entendiendo la IA como un copiloto del talento, no como un sustituto. La inteligencia artificial puede automatizar tareas repetitivas, optimizar procesos y ofrecer recomendaciones basadas en datos, pero el sentido de negocio, la ética en la toma de decisiones y el liderazgo transformador siguen siendo competencias eminentemente humanas.
El factor humano como ventaja estratégica
Paradójicamente, cuanto más avanzada es la tecnología, mayor relevancia adquieren las capacidades humanas. Pensamiento crítico para cuestionar resultados automatizados, criterio analítico para interpretar modelos predictivos, liderazgo para gestionar equipos híbridos entre personas y sistemas inteligentes, y capacidad de aprendizaje continuo para navegar en la incertidumbre.
La transformación digital ya no es, por tanto, un reto tecnológico. Es un desafío de talento. En un entorno donde la disrupción es constante, la resiliencia profesional se convierte en el activo más valioso. Quienes desarrollen la capacidad de adaptarse, desaprender y reaprender con rapidez estarán en mejor posición para capitalizar las oportunidades que genera la IA.
Además, el liderazgo empresarial también se redefine. Los directivos deben ser capaces de tomar decisiones informadas en contextos complejos, integrar la inteligencia artificial en la estrategia corporativa y, al mismo tiempo, gestionar su impacto cultural. No se trata solo de eficiencia operativa, sino de visión y responsabilidad.










