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Una investigación relaciona la periodontitis con el inicio y la progresión del Alzheimer

periodontitis y Alzheimer

Una de las enfermedades más estudiadas y analizadas es el Alzheimer, una de las principales demencias que más incidencia tienen en la población mayor. Mucho se ha investigado, pero, por el momento, es una enfermedad que no tiene cura. El gran foco de tales estudios se desarrolla en torno al cerebro, pero han surgido nuevas evidencias que miran como origen y desarrollo de la enfermedad en otras partes del cuerpo.

Entre las líneas de investigación más innovadoras, destaca una hipótesis que resulta muy novedosa y que habla de la cavidad oral como un posible origen infeccioso del Alzheimer. La bacteria Porphyromonas gingivalis, conocida por ser uno de los principales agentes causantes de la periodontitis crónica, podría ser la causante de la demencia, de acuerdo al trabajo de Stephen Dominy y su equipo, publicado en la revista científica Science Advances.

La relación entre la periodontitis con el Alzheimer

La investigación establece una relación patológica entre la infección por P. gingivalis y los procesos neurodegenerativos característicos del Alzheimer. Lejos de tratarse de una asociación superficial, los investigadores han encontrado rastros directos de esta bacteria y de sus toxinas —las gingipaínas— en el cerebro de pacientes afectados.

Según los datos, su presencia se detecta en más del 90% de los casos analizados, especialmente en regiones clave como el giro temporal medio, vinculado a la memoria. Al respecto de estas conclusiones, especialistas del ámbito maxilofacial ya hablan de lo que podría ser un avance extraordinario.

“El vínculo entre salud bucodental y enfermedades sistémicas no es nuevo, pero esta evidencia supone un avance extraordinario”, explica el doctor Néstor Montesdeoca, responsable del área de Cirugía Oral y Maxilofacial de Maxiloface.

Inflamación, infección y neurodegeneración

Uno de los aspectos más relevantes de estos hallazgos es la correlación entre las toxinas bacterianas y la acumulación de proteínas como tau y ubiquitina, directamente implicadas en la degeneración neuronal. Este vínculo refuerza una idea cada vez más aceptada en la comunidad científica: la inflamación crónica y las infecciones persistentes pueden desempeñar un papel clave en enfermedades neurológicas complejas.

En esta línea se expresa también el doctor José Luis Cebrián, también responsable del área en Maxiloface, quien subraya que estos resultados apuntan a una interacción mucho más profunda entre el sistema inmunológico y el cerebro de lo que se pensaba hasta ahora.

Los estudios en modelos animales aportan aún más peso a esta hipótesis. En ellos, la infección oral por P. gingivalis no solo logra colonizar el cerebro, sino que también incrementa los niveles de beta-amiloide. Este dato resulta especialmente significativo, ya que sugiere que esta proteína podría actuar inicialmente como un mecanismo de defensa frente a infecciones, y no únicamente como un elemento patológico.

Uno de los avances más prometedores derivados de esta investigación es la posibilidad de detectar ADN de P. gingivalis en el líquido cefalorraquídeo de pacientes. Este hallazgo abre la puerta al desarrollo de nuevos biomarcadores que permitan identificar la enfermedad en fases más tempranas.

El diagnóstico precoz es, precisamente, uno de los grandes retos en el abordaje del Alzheimer. La mayoría de los casos se detectan cuando el daño neuronal ya es significativo, lo que limita la eficacia de los tratamientos disponibles.

De izquierda a derecha: el doctor José Luis Cebrián y Néstor Montesdeoca.

 

Nuevas terapias en el horizonte

El potencial terapéutico de esta línea de investigación es igualmente relevante. Actualmente, se están desarrollando fármacos dirigidos a inhibir las gingipaínas, las toxinas producidas por la bacteria. En ensayos preclínicos, estos compuestos han demostrado capacidad para reducir la carga bacteriana en el cerebro, disminuir la neuroinflamación y proteger las neuronas.

“Estamos ante una posible revolución terapéutica”, señala Montesdeoca. “Podríamos dejar de centrarnos únicamente en los síntomas para actuar sobre uno de los posibles desencadenantes de la enfermedad”.

La importancia de la salud bucodental

Sea como fuere, este último trabajo vuelve a situar a la salud bucodental en un lugar central dentro de las estrategias de prevención. Mantener una higiene oral adecuada, tratar de forma precoz las enfermedades periodontales y acudir regularmente al dentista no solo contribuye a preservar los dientes, sino que podría tener un impacto directo en la salud cerebral. “La boca no puede seguir considerándose un sistema aislado”, advierte Cebrián. “Su impacto en la salud general es cada vez más evidente”.

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