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Cómo cuidar la próstata, aunque no existan síntomas de cáncer

síntomas de cáncer de próstata

Hoy es el Día Europeo de la Salud Prostática y uno de los mensajes clave que nos llegan desde los especialistas es: “¿Por qué esperar?”. Es decir, los hombres no deben esperar a tener síntomas de cáncer de próstata para acudir el médico, sino que la mejor prevención pasa por revisiones periódicas y ciertos hábitos saludables como mantener un peso adecuado, realizar ejercicio físico regularmente o seguir una alimentación equilibrada.

Esta es la gran reflexión que nos deja para este día la doctora Estefanía Linares, especialista en Uroncología y Cirugía Robótica, así como en Diagnóstico y Tratamiento Focal del Cáncer de Próstata del Servicio de Urología del Hospital Ruber Internacional, dirigido por los doctores Antonio Allona y Juan Ignacio Martínez-Salamanca.

La razón que esgrime esta experta para Directivos y Empresas es que cada año miles de hombres reciben un diagnóstico de cáncer de próstata sin haber notado previamente ninguna señal de alarma. No tenían dolor, no sufrían problemas para orinar y tampoco percibían cambios relevantes en su día a día. Y es cierto, este cáncer no suele dar la cara en sus fases iniciales.

Doctora Estefanía Linares.

La experiencia médica con las consultas sobre la próstata

La experiencia de esta doctora (y seguramente la de muchos otros colegas de profesión) es que las consultas sobre la próstata se retrasan hasta que las molestas urinarias son bastante evidentes. La próstata es una glándula que forma parte del aparato reproductor masculino y cuya función está relacionada con la producción de parte del líquido seminal. Con el paso de los años es habitual que experimente cambios. Algunos son completamente benignos, mientras que otros requieren una vigilancia más estrecha.

Cabe destacar que los síntomas urinarios y el cáncer de próstata no siempre van de la mano. Por ello, esperar a que aparezcan molestias para acudir a revisión puede retrasar el diagnóstico de una enfermedad potencialmente relevante.

Factores que sugieren una revisión prostática

La edad sigue siendo uno de los principales factores de riesgo, pero no el único. Los antecedentes familiares y determinadas alteraciones genéticas también influyen de forma significativa. Por esta razón, Linares defiende cada vez más una estrategia basada en la evaluación individualizada del riesgo en lugar de aplicar las mismas recomendaciones a toda la población masculina.

En hombres sin antecedentes familiares relevantes suele plantearse una primera valoración prostática a partir de los 50 años. Sin embargo, este control puede adelantarse a los 45 años cuando existen familiares afectados y, en determinados casos asociados a mutaciones genéticas concretas, incluso antes.

Este enfoque permite identificar a quienes realmente pueden beneficiarse de una vigilancia más estrecha y evita pruebas innecesarias en pacientes con menor riesgo.

PSA, clave para la detección del cáncer de próstata

Ya en consulta, el procedimiento más utilizado para el diagnóstico de cáncer continúa siendo el PSA, el antígeno prostático específico. Pocas pruebas generan tantas dudas entre los pacientes como este análisis sanguíneo, frecuentemente asociado de forma automática al cáncer de próstata.

Sin embargo, desde el Ruber se recuerda que el PSA no es un marcador específico de cáncer. Se trata de una proteína producida por la propia próstata cuyos niveles pueden elevarse por múltiples causas. Una hiperplasia benigna, una inflamación prostática, determinadas infecciones urinarias o incluso algunas circunstancias transitorias pueden alterar sus valores.

Por ello, un PSA elevado no implica necesariamente la existencia de un tumor. Su verdadera utilidad reside en ayudar a estimar el riesgo y orientar la necesidad de realizar estudios complementarios. La interpretación siempre debe realizarse dentro del contexto clínico de cada paciente y teniendo en cuenta otros factores que permitan comprender mejor qué está ocurriendo.

Una resonancia que mejora la calidad del diagnóstico

Precisamente, uno de los avances más importantes de los últimos años ha sido la incorporación de la resonancia magnética multiparamétrica al diagnóstico del cáncer de próstata. Esta tecnología ha cambiado radicalmente la forma de estudiar la enfermedad.

Hasta hace relativamente poco tiempo, muchas biopsias se realizaban siguiendo esquemas sistemáticos que tomaban muestras de distintas zonas de la próstata sin disponer de una imagen detallada previa. La resonancia ha permitido localizar áreas sospechosas con mucha mayor precisión y dirigir posteriormente las biopsias hacia esas lesiones concretas.

El resultado ha sido una mejora significativa en la detección de tumores clínicamente relevantes y una reducción de procedimientos innecesarios en pacientes con bajo riesgo. Además, la combinación de resonancia, PSA, exploración clínica y nuevas herramientas de estratificación permite construir un perfil mucho más preciso de cada caso.

Seguimiento y tratamiento de los tumores

Tras ese diagnóstico, llega el momento de analizar el tipo cáncer. La doctora Linares distingue entre tumores agresivos, que requieren intervención, y otros de crecimiento lento que probablemente nunca llegarían a comprometer la vida del paciente. El reto actual ya no consiste únicamente en detectar más cánceres, sino en identificar cuáles son realmente significativos.

Esta nueva visión ha impulsado el desarrollo de estrategias como la vigilancia activa. En determinados pacientes con tumores de bajo riesgo, el seguimiento estrecho mediante controles periódicos permite evitar tratamientos innecesarios sin comprometer la seguridad oncológica.

Paralelamente, también han surgido nuevas alternativas terapéuticas que buscan preservar la calidad de vida. Entre ellas destacan los tratamientos focales, dirigidos exclusivamente a la zona de la próstata donde se localiza el tumor. Este enfoque intenta mantener el control de la enfermedad minimizando el impacto sobre funciones tan importantes como la continencia urinaria o la función sexual.

Cuando la cirugía resulta necesaria, la incorporación de la cirugía robótica ha supuesto otro avance relevante. La visión tridimensional y la precisión de los movimientos facilitan intervenciones cada vez más conservadoras desde el punto de vista funcional, aunque los expertos recuerdan que los resultados siguen dependiendo fundamentalmente de la experiencia del equipo médico.

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