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Cómo abordar el riesgo laboral de las olas de calor y el cambio climático de una manera eficaz y estratégica

Riesgo laboral de las olas de calor

El calor extremo, las inundaciones y las DANAs ya son riesgos laborales que las empresas no pueden ignorar. Fernando Liz, director de Medioambiente y Sostenibilidad en Quirónprevención, analiza cómo adaptar la prevención a un escenario climático cambiante y por qué la sostenibilidad y la seguridad laboral deben ir de la mano.

El verano es una época en la que los riesgos laborales en las empresas han aumentado por la alta frecuencia de olas de calor. Sea a nivel presencial o en teletrabajo, el profesional y la empresa deben tener en cuenta esta situación para cuidar la salud y mantener los niveles de productividad de los meses anteriores. Sin embargo, las temperaturas forman parte de un contexto mucho más amplio llamado cambio climático. Cuando no es calor, son inundaciones repentinas, DANAs devastadoras o incendios forestales.

Todas estas situaciones han dejado de ser fenómenos excepcionales que se deben tener en cuenta en la planificación de la seguridad laboral. Prevención y sostenibilidad deben de ir de la mano en las tomas decisiones. No en vano, aquellas organizaciones que tienen en cuenta esta relación son las que mejores resultados están obteniendo ya no solo en la reducción de las tasas de absentismo, sino también de otros parámetros clave relacionados con la productividad o la gestión del talento. Esta es la realidad que ha podido comprobar Fernando Liz, director de Medioambiente y Sostenibilidad en Quirónprevención, quien explica cómo abordar el cambio climático en las empresas desde la perspectiva de la salud laboral.

El calor extremo, las DANAs y las inundaciones ya forman parte del mapa de riesgos laborales que las empresas deben gestionar

La gestión de la seguridad laboral con el calor extremo: de la obligación formal a la gestión efectiva

Tratándose del verano y el escenario de continuos episodios de temperaturas extremas, la cuestión más reciente que aborda el experto es la relación entre la seguridad laboral con las olas de calor. Se trata de un riesgo contemplado por la legislación, adaptada para este fenómeno, si bien Liz sostiene que la actualización de la norma (Real Decreto de 1998) no garantiza su aplicación efectiva. El experto diferencia entre aquellas entidades que han ido más allá de dicha medida y tienen una cultura preventiva consolidada, con otras, especialmente pymes, que aún mantienen “un enfoque muy orientado al cumplimiento documental”.

Y he aquí la brecha, ya que la prevención del riesgo térmico no puede reducirse a una actualización documental. Como advierte Liz, “gestionar el riesgo derivado de las altas temperaturas no consiste únicamente en actualizar una evaluación de riesgos. Requiere analizar cómo afectan las condiciones ambientales a la operación, adaptar horarios cuando sea necesario, revisar procedimientos, formar a los trabajadores y establecer criterios objetivos para la toma de decisiones”. Es decir, la adaptación al calor extremo exige un cambio operativo, no solo administrativo.

El incremento de las temperaturas extremas está modificando de forma significativa el mapa de riesgos laborales, especialmente en actividades que se desarrollan al aire libre. La construcción, la agricultura, la logística y determinados servicios urbanos son los sectores más expuestos, pero ningún ámbito productivo queda completamente a salvo. “Las olas de calor aumentan la probabilidad de sufrir golpes de calor, deshidratación, fatiga térmica o agravamiento de patologías cardiovasculares”, señala Liz, “pero además generan efectos indirectos relevantes: reducción de la capacidad de concentración, mayor riesgo de accidentes laborales y disminución del rendimiento físico”.

La prevención frente a las olas de calor exige mucho más que cumplir la normativa: requiere adaptar horarios, formar a la plantilla y anticiparse a los riesgos

Medidas preventivas frente a las olas de calor

Ante este escenario, las empresas disponen de un abanico de medidas preventivas que combinan soluciones organizativas, técnicas y formativas. Liz enumera algunas de las principales: “Adaptar los horarios de trabajo, priorizando las horas más frescas del día; incrementar las pausas de recuperación y facilitar zonas de descanso con sombra o climatización; garantizar el acceso continuo a agua potable y sistemas de hidratación adecuados; proporcionar equipos de protección y ropa de trabajo adaptados a altas temperaturas; establecer protocolos específicos de actuación ante olas de calor, con indicadores claros de alerta; y utilizar herramientas de monitorización ambiental y vigilancia de la salud”.

Cada vez más empresas están incorporando además “sistemas de alerta temprana basados en previsiones meteorológicas, lo que permite planificar con antelación las actividades más exigentes físicamente”. Esta anticipación no solo protege a los trabajadores, sino que evita paradas no planificadas y mantiene la productividad en niveles razonables.

Asimismo, cabe recordar que las altas temperaturas también pueden modificar de forma significativa la exposición a determinados agentes de riesgo como ciertos productos químicos. Esto se traduce en una mayor dispersión de contaminantes o en una proliferación de vectores, microorganismos o plagas, con implicaciones para sectores como la agricultura, la gestión de residuos o determinados servicios urbanos. Este tipo de riesgos también deben contemplarse.

Más allá del calor: inundaciones, tormentas y DANAs

El cambio climático, sin embargo, es mucho más que olas de calor. Las inundaciones, las lluvias torrenciales, los fuertes vientos y las interrupciones en infraestructuras críticas han puesto de manifiesto que los riesgos ambientales pueden afectar a la continuidad de cualquier actividad económica, incluso en sectores que tradicionalmente no se consideraban especialmente expuestos. “En términos generales, todavía existe margen de mejora”, reconoce Liz. “Cada vez vemos más empresas revisando sus planes de emergencia y autoprotección para incorporar este tipo de escenarios, pero aún no es una práctica plenamente extendida”.

Los planes de emergencia tradicionales se diseñaban pensando en incidentes internos o industriales. Hoy es imprescindible incorporar riesgos climáticos cada vez más frecuentes y severos. Por ello, el especialista aboga por que estos planes evolucionen “desde un enfoque reactivo hacia uno preventivo, incorporando análisis de vulnerabilidad, evaluación del entorno, protección de infraestructuras críticas, revisión de cadenas de suministro y protocolos claros para garantizar tanto la seguridad de las personas como la continuidad del negocio”.

El experto de Quirónprevención lanza un aviso que cobrará especial importancia para los negocios en el futuro: “La resiliencia empresarial será uno de los factores diferenciales en los próximos años”.

Las empresas que integran sostenibilidad y prevención laboral mejoran la seguridad, reducen costes y fortalecen su competitividad

Sostenibilidad y PRL: una alianza necesaria

En aras de buscar y reforzar esa resiliencia, la fórmula más eficaz pasa por la integración de la sostenibilidad y la prevención de riesgos laborales como parte de una misma estrategia. “Las empresas más avanzadas ya no entienden la sostenibilidad únicamente como una cuestión de cumplimiento ambiental o de reporte ESG. La están utilizando como una herramienta para mejorar sus instalaciones, reducir costes de operación y generar entornos de trabajo más seguros y confortables”, afirma Liz. Las actuaciones concretas son variadas y todas ellas con un doble beneficio.

“Mejorar el aislamiento de los edificios, optimizar los sistemas de climatización, incorporar soluciones pasivas de protección solar, aumentar la eficiencia energética o digitalizar la monitorización de las condiciones ambientales tiene un doble impacto: reducen consumos y mejoran las condiciones de trabajo de las personas”. Es una inversión planteada para generar beneficios simultáneamente en eficiencia operativa, bienestar de los trabajadores y competitividad empresarial.

El cambio climático y su abordaje estratégico preventivo: recomendaciones para las empresas

Desde Quirónprevención, a través de su unidad de medioambiente y sostenibilidad Q-Planet, trabajan precisamente en esa intersección entre salud laboral, sostenibilidad y resiliencia empresarial. Las recomendaciones para las empresas son claras: integrar los riesgos climáticos en las evaluaciones de riesgos laborales; desarrollar protocolos específicos frente a olas de calor y fenómenos meteorológicos extremos; incorporar herramientas de monitorización ambiental y alerta temprana; reforzar la formación de trabajadores y mandos intermedios; y vincular las políticas de sostenibilidad, adaptación climática y prevención laboral.

El cambio climático no es un escenario lejano, sino una realidad que ya está transformando los entornos de trabajo. Las empresas que sepan anticiparse, adaptar sus operaciones y proteger a sus trabajadores no solo cumplirán con la normativa, sino que construirán una ventaja competitiva sostenible en un mundo cada vez más impredecible.

 

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