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Los riesgos de las olas de calor para los que padecen enfermedades cardiovasculares previas

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Sobra decir que España atraviesa una nueva ola de calor. No hay más que salir a la calle para comprobar las altas temperaturas que azotan casi cada rincón del territorio nacional. De entre los muchos riesgos que entrañan estas situaciones, hoy nos centramos en los impactos que pueden tener estos episodios para el corazón. Y es que el organismo debe hacer un esfuerzo extra para mantener estable la temperatura corporal, lo cual supone una carga para el corazón. Así que los riesgos de estas olas de calor para se traducen en posibles accidentes cardiovasculares en forma de infartos de miocardio, insuficiencia cardíaca o arritmias.

El doctor Roberto Martín Reyes, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario La Luz alerta para Directivos y Empresas todos estos peligros que esconden estos días para el corazón, si bien aclara que «en la mayoría de los casos los pacientes cardiovasculares no fallecen como consecuencia directa de un golpe de calor”.

Doctor Martín Reyes.

El riesgo de las olas de calor para el corazón, explicado por un cardiólogo

Y para entender tal riesgo, el experto explica cómo impacta el calor en nuestro organismo. Considerando ese esfuerzo que debe realizar el cuerpo para mantener su temperatura estable, los vasos sanguíneos se van dilatando para favorecer la pérdida de calor a través de la piel, aumentando la sudoración. En este punto, se produce una pérdida importante de agua y sales minerales.

En personas sanas, este esfuerzo suele ser bien tolerado. Sin embargo, quienes padecen hipertensión, insuficiencia cardíaca o enfermedad coronaria cuentan con un margen de adaptación mucho menor. «La vasodilatación y la deshidratación reducen la presión arterial y obligan al corazón a bombear con más intensidad. Cuando ya existe una enfermedad cardiovascular previa, ese sobreesfuerzo puede convertirse en el detonante de complicaciones potencialmente muy graves», señala Martín Reyes.

Las personas de edad avanzada constituyen uno de los colectivos más vulnerables. El envejecimiento disminuye la capacidad del organismo para regular la temperatura corporal y, además, reduce la sensación de sed, favoreciendo que muchas personas lleguen a estados de deshidratación sin apenas percibirlo.

A las altas temperaturas se suma otro fenómeno cada vez más habitual durante los meses estivales: la calima. Las partículas de polvo en suspensión procedentes del norte de África no solo afectan al aparato respiratorio, sino que también tienen un impacto directo sobre el sistema cardiovascular.

La hidratación, la mejor aliada: un litro y medio de agua como mínimo

Frente a este escenario, el cardiólogo coincide en que la prevención continúa siendo la herramienta más eficaz. Su principal recomendación consiste en mantener una hidratación constante a lo largo de toda la jornada, incluso aunque no exista sensación de sed. Como referencia general, se aconseja ingerir al menos litro y medio de agua al día, una cantidad que puede incrementarse dependiendo de la temperatura ambiental y del nivel de actividad física.

Además de evitar los espacios al aire libre en olas de calor, Martin añade que las personas con riesgos deben permanecer en espacios climatizados o bien ventilados, utilizar ropa ligera y mantener una temperatura interior próxima a los 24 o 26 grados.

En cuanto al deporte, la recomendación para todas las personas, sanas o con enfermedades cardiovasculares previas, el experto indica que la práctica deportiva en horas de máximas temperaturas puede resultar peligroso. Mejor trasladar la actividad física a primera hora de la mañana o al anochecer.

Atención especial a determinados medicamentos

El calor también puede modificar la respuesta del organismo a algunos tratamientos habituales entre pacientes cardiovasculares. Los diuréticos, utilizados para controlar la insuficiencia cardíaca o la hipertensión, favorecen la eliminación de líquidos y pueden aumentar el riesgo de deshidratación durante las olas de calor. Del mismo modo, algunos antihipertensivos pueden potenciar las bajadas de tensión provocadas por la vasodilatación propia de las altas temperaturas.

A pesar de estos posibles cambios, ningún paciente debería modificar por iniciativa propia la medicación prescrita. Cualquier ajuste terapéutico debe realizarse exclusivamente bajo supervisión médica, tras valorar la situación clínica individual y las condiciones ambientales, informe el cardiólogo del Hospital Universitario La Luz.

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