Muchos españoles tienen problemas de sueño, según se ha manifestado en diferentes ocasiones. Y es una cuestión que no debería pasarse por alto, ya que se ha demostrado científicamente que dormir bien está ligado a la larga con un correcto funcionamiento del cerebro y la prevención de enfermedades. Es decir, dormir bien es sinónimo de una buena salud neurológica, tal y como afirman especialistas como la doctora Lucía Vidorreta Ballesteros, coordinadora de la Unidad de Cefaleas del Hospital Quirónsalud San José.
“La falta de sueño afecta especialmente a áreas como la corteza prefrontal, implicada en funciones ejecutivas como la atención, la memoria o la toma de decisiones”, explica esta neuróloga a Directivos y Empresas.
Durante esas horas en las que el cuerpo aparentemente se apaga, el cerebro trabaja intensamente consolidando la memoria, regulando las emociones y eliminando sustancias tóxicas acumuladas durante la vigilia.
Doctora Lucía Vidorreta.
El cerebro no desconecta: esto es lo que ocurre mientras dormimos
El desarrollo de los estudios que relacionan la salud neurológica con el descanso que hace Vidorreta se basa en los mecanismos de “limpieza” que activa el cerebro cuando dormimos. A través del sistema glinfático, se eliminan desechos metabólicos que, de acumularse, podrían estar relacionados con enfermedades neurodegenerativas.
Este proceso explica por qué una noche de mal descanso no solo genera cansancio, sino también dificultades para concentrarse, tomar decisiones o gestionar emociones. El impacto es inmediato, pero también acumulativo.
Y es que las consecuencias más preocupantes del déficit de sueño aparecen a medio y largo plazo. La privación crónica se ha vinculado con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y obesidad, así como con trastornos mentales como la depresión o la ansiedad. En etapas clave como la adolescencia, además, el sueño insuficiente puede influir en el desarrollo cerebral, afectando tanto a la estructura como a la función cognitiva. Un impacto silencioso pero profundo que puede condicionar el futuro. “Hoy sabemos que dormir mal no es solo una molestia puntual, sino un factor de riesgo de salud pública”, advierte la especialista.
Cefaleas y sueño: una relación bidireccional
Uno de los vínculos más estudiados en neurología es el que conecta el sueño con los dolores de cabeza. La relación es clara y, sobre todo, bidireccional: dormir mal puede desencadenar cefaleas, y estas, a su vez, deterioran la calidad del sueño.
Diversos estudios han confirmado la asociación entre trastornos del sueño y patologías como la migraña o la cefalea tensional, tanto en adultos como en niños. En la adolescencia, además, esta relación se intensifica: los problemas de sueño se correlacionan con una mayor prevalencia de dolores de cabeza, lo que impacta directamente en el rendimiento académico y el bienestar emocional.
No se trata, por tanto, de fenómenos aislados, sino de un círculo que puede cronificarse si no se aborda adecuadamente.
¿Qué se considera un buen sueño? ¿Cuánto hay que dormir? La respuesta depende de la edad
Las recomendaciones científicas han evolucionado con el tiempo, pero existe un consenso claro sobre las necesidades de sueño según la etapa vital. En adultos, se sitúan entre las 7 y 9 horas por noche para garantizar un funcionamiento óptimo del cerebro.
En niños y adolescentes, estas cifras aumentan: entre 9 y 12 horas en edades de 6 a 12 años, y entre 8 y 10 horas entre los 13 y los 18. Un rango que responde a las mayores demandas del cerebro en desarrollo.
Más allá de los números, la especialista del Hospital Quirónsalud San José insiste en la importancia de la regularidad y la calidad del sueño, factores tan determinantes como la duración.

