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Temperaturas extremas y un 12% más de riesgo de padece un ictus o infarto de corazón

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Con treguas bastante leves, la meteorología de este verano se puede resumir en una sucesión de temperaturas extremas. Y en términos de salud, esto es una amenaza para la salud cardiovascular, afectando especialmente a personas mayores y pacientes que padecen enfermedades del corazón.

¿Por qué? Porque las olas de calor elevan un 12% el riesgo de ictus e infartos. Esta es la cifra que desliza para Directivos y Empresas el doctor Rodrigo Ortega, cardiólogo del Hospital Universitario Quirónsalud Pozuelo. Las noticias sobre salud y olas de calor se suceden estos días debido a estos peligros, así como al elevado número de víctimas que han dejado las temperaturas extremas en Europa. EuroMOMO habla de más de 10.000 decesos en el viejo continente a finales del mes de junio.

Doctor Rodrigo Ortega Pérez.

Las primeras olas de calor, las más peligrosas

El alto número de fallecidos se relaciona con la explicación del doctor Ortega, señalando que los primeros episodios de temperaturas extremas son los que más peligros entrañan a nivel cardiovascular.

«Las primeras olas de calor son las más peligrosas porque todavía no se ha producido la adaptación del organismo. Conforme pasan los días, desarrolla pequeños mecanismos que amortiguan parte de los efectos del calor», explica el doctor Ortega.

Y es que el sistema cardiovascular necesita un periodo de adaptación para acostumbrarse a las altas temperaturas. Esa aclimatación permite que el cuerpo responda de forma más eficiente al calor mediante cambios progresivos en la sudoración, la circulación y el equilibrio de líquidos.

Posteriormente, mantener estable la temperatura corporal exige un importante esfuerzo fisiológico. Cuando el termómetro se dispara, el organismo activa distintos mecanismos para disipar el exceso de calor. Uno de ellos consiste en la dilatación de los vasos sanguíneos, que permite que una mayor cantidad de sangre circule cerca de la superficie de la piel para facilitar la pérdida de calor. Sin embargo, este proceso tiene consecuencias directas sobre el sistema cardiovascular. «Es similar a un sistema de tuberías que aumenta su diámetro. Al hacerlo, la presión disminuye y el corazón necesita bombear con mayor rapidez para compensar esa pérdida», señala el especialista.

A este fenómeno se añade otro factor determinante: la deshidratación. La sudoración intensa provoca una pérdida continua de líquidos y sales minerales, reduciendo el volumen de sangre disponible para el organismo. Como consecuencia, el corazón debe realizar un esfuerzo adicional para mantener una correcta circulación.

En personas sanas este sobreesfuerzo suele tolerarse sin mayores problemas, pero en pacientes con patologías cardiovasculares previas puede convertirse en el desencadenante de complicaciones graves.

Personas hipertensas en el punto de mira durante las jornadas con temperaturas extremas

Entre estos grupos de riesgo, el doctor Ortega pone el foco en las personas hipertensas que reciben tratamiento. Los medicamentos antihipertensivos que funcionan correctamente durante el invierno pueden producir efectos diferentes durante el verano debido a la vasodilatación natural provocada por el calor. «Un tratamiento que controla perfectamente la tensión arterial en febrero puede favorecer episodios de hipotensión en agosto», advierte el cardiólogo. Por este motivo recomienda medir la presión arterial diariamente durante los periodos de altas temperaturas y prestar especial atención si aparecen síntomas como cansancio intenso, mareos, sensación de debilidad o pérdidas de conocimiento.

Especial vigilancia requieren también los pacientes tratados con diuréticos o fármacos vasodilatadores, ya que aumentan el riesgo de deshidratación y de descensos importantes de la tensión arterial.

Asimismo, la edad constituye otro de los factores de vulnerabilidad frente al calor. A partir de los 70 años disminuye progresivamente la capacidad del organismo para regular su temperatura corporal. “La edad no solo suma años, también reduce la capacidad de termorregulación», explica el especialista.

La prevención en olas de calor y temperaturas extremas

Aunque las altas temperaturas son inevitables, muchas de las complicaciones cardiovasculares asociadas al calor pueden prevenirse mediante hábitos sencillos.

El cardiólogo del centro de Pozuelo recomienda consulta diariamente la previsión meteorológica para anticiparse a los episodios de calor intenso y adaptar las actividades cotidianas. Además, la hidratación es fundamental en estas fechas: beber agua de forma regular, incluso sin sensación de sed, constituye una de las medidas preventivas más eficaces para proteger el sistema cardiovascular.

Estas recomendaciones también deben aplicarse en destinos vacacionales. En estas circunstancias, no hay que relajarse con el cumplimiento de tratamientos médicos ni tampoco hay que abandonar hábitos saludables. “Hay que evitar la combinación de alcohol, falta de descanso y exposición prolongada al calor», concluye el doctor Ortega.

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