Hoy se celebra el Día Mundial del Ictus y Directivos y Empresas ha querido indagar qué hay más allá de esta patología. Es decir, ¿qué tratamientos, seguimientos u observaciones son necesarios para poder afirmar que se ha superado este proceso?
Para ello, el doctor David Pérez Martínez, jefe de Neurología del Hospital Universitario La Luz, resuelve todas las dudas. La primera advertencia del especialista es que la atención a los pacientes no termina con el alta hospitalaria. Las fases posteriores comprenden aspectos como rehabilitación y estimulación cerebral para poder recuperar autonomía y evitar nuevos episodios.
Qué hacer tras superar un ictus
Sobrevivir a un ictus es solo el primer paso de un proceso que, para muchos pacientes, continúa mucho después de abandonar el hospital. Recuperar la normalidad o el punto que más se acerque a ella depende de un abordaje integral. Y es que, dependiendo de la región cerebral afectada y de la gravedad de del ictus, las consecuencias pueden ser muy diferentes: desde alteraciones leves de la movilidad o del lenguaje hasta dificultades importantes para caminar, comunicarse, recordar información o desarrollar las actividades más habituales. Por esta razón, Pérez Martínz habla de un abordaje integral.
«Algunos pacientes presentan afasia, un trastorno que puede alterar la capacidad de expresarse, comprender lo que escuchan, leer o escribir, aunque sus capacidades intelectuales no estén necesariamente comprometidas», indica el neurólogo. A estas manifestaciones pueden añadirse problemas de atención, memoria, fatiga o alteraciones emocionales que también condicionan la recuperación y la calidad de vida.
El Dr. Pérez destaca que cada paciente necesita un plan de recuperación adaptado a sus necesidades, ya que no existen dos ictus exactamente iguales ni todas las personas evolucionan de la misma manera.
«La rehabilitación debe ser individualizada y orientarse a las dificultades concretas de cada paciente. No se trata únicamente de recuperar funciones motoras o del lenguaje, sino de favorecer su autonomía y facilitar la reincorporación a su vida familiar y social», señala.
Doctor David Pérez Martínez.
Estimulación cerebral no invasiva: una herramienta para favorecer la neuroplasticidad
Admitiendo la transversalidad del abordaje, el paciente pasa por diferentes tratamientos. En este punto, uno de los avances que está despertando interés en el ámbito de la neurorrehabilitación es la utilización de técnicas de neuromodulación no invasiva, diseñadas para modificar la actividad de determinadas regiones cerebrales y favorecer los mecanismos implicados en la recuperación después de una lesión. Entre ellas se encuentra la estimulación transcraneal por corriente continua (tDCS), una tecnología disponible en el Servicio de Neurología del Hospital Universitario La Luz.
Esta técnica consiste en aplicar una corriente eléctrica de baja intensidad mediante electrodos colocados sobre el cuero cabelludo. Su objetivo es modular la excitabilidad de determinadas áreas de la corteza cerebral y favorecer los procesos de plasticidad cerebral, es decir, la capacidad del sistema nervioso para reorganizar sus conexiones y adaptarse después de una lesión. «El cerebro conserva cierta capacidad para reorganizarse después de un ictus. Mediante técnicas como la estimulación transcraneal por corriente continua buscamos favorecer esos mecanismos de neuroplasticidad y complementar los tratamientos convencionales de rehabilitación», explica el Dr. David Pérez.
Su aplicación puede combinarse con fisioterapia o logopedia, siempre bajo indicación especializada y teniendo en cuenta las características de cada paciente. El especialista subraya que esta tecnología no sustituye a la rehabilitación convencional, sino que constituye una herramienta adicional cuyo beneficio puede variar en función del tipo de lesión, el momento evolutivo y el protocolo empleado.
Evitar un segundo ictus: una parte esencial de la recuperación
La rehabilitación no es el único objetivo después de sufrir un ictus. Otro de los grandes desafíos consiste en identificar y controlar las causas que provocaron el primer episodio para reducir la probabilidad de que vuelva a producirse. Este conjunto de medidas se conoce como prevención secundaria y constituye uno de los pilares del seguimiento neurológico.
Según el jefe de Servicio de Neurología del Hospital Universitario La Luz, después de un ictus es imprescindible estudiar su causa, porque no todos tienen el mismo origen y, por tanto, las medidas para evitar que se repitan tampoco son iguales. La prevención debe adaptarse a la situación clínica y a los factores de riesgo de cada paciente. Entre los factores que requieren especial atención se encuentran la hipertensión arterial, los niveles elevados de colesterol, la diabetes y determinadas enfermedades cardiovasculares.
La fibrilación auricular, por ejemplo, es una arritmia que puede favorecer la formación de coágulos en el corazón capaces de desplazarse hasta el cerebro y obstruir una arteria. Su detección resulta especialmente importante porque puede requerir tratamientos específicos para reducir el riesgo de nuevos episodios.
Del mismo modo, el tratamiento preventivo depende del tipo de ictus y de su causa. En algunos pacientes pueden estar indicados medicamentos antiagregantes y en otros anticoagulantes, además de los tratamientos dirigidos al control de los factores de riesgo vascular. Por ello, el especialista insiste en que no basta con haber superado el primer episodio: es necesario mantener el seguimiento médico y cumplir las recomendaciones terapéuticas a largo plazo.
El peligro de abandonar la medicación cuando el paciente se encuentra mejor
Uno de los aspectos fundamentales de la prevención es la adherencia al tratamiento. La mejoría de los síntomas o la recuperación de la autonomía no significa que haya desaparecido el riesgo de sufrir otro ictus. «Sentirse recuperado no significa que el riesgo de un nuevo ictus haya desaparecido. Mantener el tratamiento prescrito, sin olvidos ni interrupciones por iniciativa propia, es tan importante como controlar la tensión arterial, el colesterol o la diabetes», advierte el Dr. Pérez Martínez.
A estas medidas deben añadirse hábitos de vida saludables, como abandonar el tabaco, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física adaptada a la capacidad funcional de cada persona y evitar el sedentarismo. La participación de los familiares y cuidadores puede resultar especialmente relevante cuando el paciente presenta dificultades cognitivas, problemas de movilidad o limitaciones que interfieren en la organización de su tratamiento. El seguimiento periódico en las consultas de Neurología permite comprobar la evolución clínica, revisar los objetivos de prevención, ajustar los tratamientos y detectar posibles complicaciones.

