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Cefaleas en verano: recomendaciones para mitigar los dolores de cabeza en las olas de calor

cefaleas en verano

España se encuentra actualmente en una nueva de ola de calor que da la bienvenida a un verano que se prevé muy cálida. Y en términos de salud, deshidrataciones y dolores de cabeza hacen llenar las consultas médicas. No obstante, la relación entre las cefaleas y el calor es algo más compleja de lo que se piensa, según comenta para Directivos y Empresas la doctora Lucía Vidorreta Ballesteros, coordinadora de la Unidad de Cefaleas del Hospital Quirónsalud San José, centro que este año celebra su centenario.

Según sostiene la especialista, en la mayoría de los casos, el calor no actúa como causa directa, sino como un factor que desencadena una serie de alteraciones fisiológicas capaces de favorecer la aparición de cefaleas y migrañas. “En realidad, el aumento de las cefaleas durante los meses estivales se debe a una combinación de factores ambientales y fisiológicos, muchos de ellos modificables”, explica la doctora.

Doctora Lucía Vidorreta.

El calor no siempre es el responsable directo

La relación entre las temperaturas elevadas y el dolor de cabeza ha sido objeto de numerosos estudios en los últimos años. Aunque existe una asociación clara entre los periodos de calor intenso y el aumento de consultas por cefaleas, los expertos coinciden en que rara vez el calor por sí solo provoca el problema.

“La evidencia científica indica que las altas temperaturas rara vez son la causa directa del dolor. Lo más frecuente es que el calor actúe como desencadenante de otros procesos que favorecen la aparición de cefaleas”, señala la especialista.

Uno de los mecanismos más importantes es la deshidratación. Durante los días calurosos, el organismo pierde una mayor cantidad de agua y sales minerales a través de la sudoración. Cuando esta pérdida no se compensa adecuadamente mediante una hidratación suficiente, pueden aparecer síntomas como fatiga, mareo y dolor de cabeza.

Consejos para evitar las cefaleas por calor

Para evitar que se produzcan estos episodios, mantener una hidratación adecuada es la principal recomendación que lanza Vidorreta. Es clave en días como hoy beber líquidos de forma regular a lo largo del día, incluso antes de sentir sed, y aumentar la ingesta durante jornadas especialmente calurosas o cuando se realiza ejercicio físico.

También resulta recomendable evitar la exposición al sol durante las horas centrales del día, utilizar gafas de sol homologadas y protegerse con sombreros o gorras cuando se permanece al aire libre. Buscar espacios frescos o climatizados durante las olas de calor, mantener horarios regulares de sueño y alimentación, limitar el consumo de alcohol y moderar la intensidad de la actividad física son otras medidas que pueden contribuir a reducir el riesgo.

En el caso de las personas que padecen migraña, llevar un registro de los episodios y de los posibles desencadenantes puede ayudar a identificar patrones y anticiparse a futuras crisis.

¿Quiénes tienen más riesgo?

Son precisamente los pacientes con migrañas el grupo más vulnerable en las olas de calor. “Muchas de estas personas “observan un empeoramiento de sus síntomas durante los meses más calurosos y después de una exposición prolongada al sol”, señala la neuróloga.

La sensibilidad individual desempeña un papel fundamental. Mientras algunas personas apenas notan cambios en verano, otras identifican claramente determinadas circunstancias —como el calor intenso, las tormentas o la exposición solar prolongada— como factores desencadenantes de sus crisis.

No obstante, incluso quienes nunca han sufrido migrañas pueden experimentar cefaleas asociadas al agotamiento por calor o a la falta de hidratación, especialmente durante episodios de temperaturas extremas.

Entre los factores a tener en cuenta para este grupo y en general para todas las personas, hay que prestar mucha atención a las horas de sol. No obstante, hay otros factores que también inciden en un mayor número de cefaleas en verano. Paradójicamente, el periodo de descanso puede convertirse en un factor adicional de riesgo. Las vacaciones suelen implicar modificaciones en los horarios habituales, alteraciones del sueño, cambios alimentarios y una mayor exposición a actividades físicas y sociales. Dormir menos horas de las necesarias, retrasar las comidas o consumir alcohol con mayor frecuencia son situaciones que pueden actuar como detonantes de cefaleas y migrañas en personas sensibles.

Los viajes largos, los cambios de huso horario y el esfuerzo físico realizado bajo temperaturas elevadas también contribuyen a aumentar el riesgo.

Cuándo acudir al médico con las cefaleas en verano

Aunque la mayoría de las cefaleas asociadas al calor son leves y mejoran con descanso e hidratación, los especialistas recuerdan la importancia de consultar con un profesional cuando aparecen determinados signos de alarma. La presencia de fiebre alta, alteraciones del habla, confusión, pérdida de consciencia o síntomas compatibles con un golpe de calor requiere atención médica inmediata.

Asimismo, conviene buscar asesoramiento especializado cuando los dolores de cabeza se vuelven más frecuentes, más intensos o presentan características diferentes a las habituales. “También conviene consultar con un especialista cuando los dolores de cabeza se vuelven más frecuentes, intensos o presentan características diferentes a las habituales”, concluye la doctora Vidorreta.

 

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