La etapa postmenopáusica en las mujeres es una condición que presenta ciertos síntomas como la fragilidad ósea que se pueden hacer muy llevaderos con ciertos hábitos. Uno de ellos, el más indicado, es el que describe el doctor Fernando Serrano Pérez, jefe del Servicio de Rehabilitación del Hospital Quirónsalud Sur.
Antes de compartir la receta del especialista, los datos. En España, cerca de la mitad de las mujeres tras la menopausia presenta osteopenia, una condición que, sin llegar a ser osteoporosis, alerta de una pérdida progresiva de densidad ósea. La cifra, que ronda el 50% y alcanza el 55% a partir de los 50 años, refleja una realidad poco visible pero de gran relevancia sanitaria.
Doctor Fernando Serrano.
Sobre la osteopenia: uno de los grandes problemas de la etapa postmenopáusica
Definida por la Organización Mundial de la Salud como un descenso de la densidad mineral ósea medido mediante densitometría —con valores entre -1,0 y -2,5 en el conocido T-score—, la osteopenia se sitúa en una frontera clínica: no siempre requiere tratamiento farmacológico, pero sí atención y seguimiento. Es, en muchos casos, la antesala de problemas más graves.
“El diagnóstico de osteopenia no implica necesariamente medicación”, explica Serrano Pérez. La clave, subraya, está en evaluar el contexto individual de cada paciente. “Solo cuando confluyen otros factores de riesgo de fractura es necesario plantear un tratamiento más intensivo”.
Esos factores son múltiples y, en muchos casos, acumulativos. La edad, especialmente tras la menopausia, desempeña un papel determinante debido a la disminución de estrógenos, hormonas esenciales para el mantenimiento de la masa ósea. A ello se suman los antecedentes familiares, el bajo peso corporal, determinados hábitos como el tabaquismo o el consumo excesivo de alcohol y cafeína, así como una dieta deficitaria en calcio. Incluso el sedentarismo se convierte en un aliado silencioso de la pérdida ósea.
Factores para combatir la osteopenia
Sin embargo, lejos de ofrecer un panorama fatalista, voces como la del doctor del Hospital Quirónsalud Sur mantienen que esta condición es un punto de inflexión en el que la prevención puede marcar la diferencia. Y en ese terreno, los hábitos de vida adquieren un protagonismo absoluto.
La alimentación es uno de los pilares fundamentales. Dietas ricas en calcio y vitamina D contribuyen a fortalecer el hueso y a frenar su deterioro. Pero no basta con la nutrición. El ejercicio físico emerge como un factor decisivo, tanto en la prevención como en el tratamiento.
“El ejercicio constituye un pilar clave”, insiste el doctor Serrano. La explicación es tan sencilla como contundente: la actividad física genera fuerzas y tensiones sobre el hueso que estimulan la formación de tejido óseo. A nivel fisiológico, este proceso favorece además una mejor oxigenación y nutrición de las células, optimizando su metabolismo.
Ejercicios específicos para tratar la fragilidad ósea
No todos los ejercicios, sin embargo, tienen el mismo impacto. Los programas más eficaces combinan entrenamiento de fuerza —que implica trabajar con cargas— con ejercicios de resistencia. Este enfoque mixto permite no solo fortalecer el hueso, sino también mejorar la capacidad funcional general y reducir el riesgo de caídas, uno de los principales desencadenantes de fracturas en edades avanzadas.
La clave está en la personalización. La intensidad y el volumen del ejercicio deben adaptarse a la condición física de cada persona. En términos generales, los expertos recomiendan comenzar con niveles de esfuerzo similares a los habituales e ir incrementándolos de forma progresiva. Los ejercicios de fuerza de intensidad moderada o alta deben realizarse cada dos o tres días, permitiendo al cuerpo recuperarse, mientras que las actividades de menor intensidad pueden incorporarse a la rutina diaria.
Un aspecto a menudo olvidado, pero igualmente relevante, es el estiramiento. Mantener la flexibilidad de las estructuras musculares y articulares contribuye a prevenir lesiones y a mejorar la calidad del movimiento, especialmente en personas con menor condición física.
La evolución de la osteopenia hacia la osteoporosis no es inevitable. De hecho, puede frenarse o incluso revertirse en determinados casos si se adoptan medidas adecuadas a tiempo. En este sentido, la concienciación resulta esencial. Muchas mujeres desconocen su situación hasta que se someten a una prueba diagnóstica o, en el peor de los casos, tras sufrir una fractura.

